Martes, 19 de Mayo de 2026

El tridente

ChileEl Mercurio, Chile 19 de mayo de 2026

El retraso no está en las universidades ni en el Estado. Está en las empresas.

El debate económico chileno está hoy centrado en la "megarreforma" propuesta por el nuevo gobierno al Congreso. La intención es provocar un electroshock que despierte los "espíritus animales" de los inversionistas. Sus defensores sostienen que por mucho tiempo se les ha recargado de impuestos y exigencias, lo que terminó por matar la gallina de los huevos de oro: se estancaron el crecimiento económico y el empleo, y con ello aumentó la dependencia de la población respecto del Estado. Sería hora de cambiar de receta y volver a la ortodoxia. Esto "puede generar un cierto desequilibrio inicial en las finanzas públicas" -se indicó desde La Moneda-, pero "en el mediano y largo plazo la economía va a recuperar su energía y el empleo".
Tal certeza produce escalofríos en economistas más conservadores. También en entidades locales e internacionales de evaluación económica. Se cuestiona si la baja de impuestos va a producir por sí sola crecimiento, y que esto compensará la caída en la recaudación. El temor es el del perro de Esopo: que por abalanzarse sobre el reflejo del hueso en el agua se pierda lo más esencial: la estabilidad y la cohesión social, que en Chile son más frágiles de lo que parecen.
Por ahora la batalla entre ambas posiciones parece casi empatada. Pero, en buena hora, no es una guerra de trincheras. Por lo mismo, es posible que ambos bandos se allanen a soluciones intermedias, como sucedió no hace mucho con la reforma de pensiones y, más atrás, con numerosas reformas que cambiaron el rostro del país.
Hay dos materias, sin embargo, que se echan de menos en el debate en curso: la innovación y el desarrollo regional.
En su reciente visita a Chile, el economista Ricardo Hausmann -director del Growth Lab de Harvard- ofreció un diagnóstico que merece atención.
Chile converge con los países desarrollados en casi todos los indicadores sociales: esperanza de vida, escolaridad, matrícula universitaria. Donde se queda atrás, y cada vez más, es en el PIB per cápita. La razón es una sola: mantiene una economía concentrada en las mismas actividades productivas de hace treinta años, con retrasos en innovación, investigación y desarrollo tecnológico.
En publicaciones científicas, Chile está bien posicionado, por encima del promedio latinoamericano. Pero en patentes -el indicador que mide la capacidad de convertir conocimiento en riqueza- los números cuentan otra historia. Estamos sideralmente lejos de Corea del Sur, que en 1960 tenía un ingreso per cápita inferior al nuestro. Solo con chips y memorias -rubros inexistentes hace cuatro décadas- exporta hoy más que todo Chile junto.
El retraso no está en las universidades ni en el Estado. Está en las empresas. En Corea, fueron las grandes corporaciones las que traccionaron la innovación; en Chile, están prácticamente ausentes de ese esfuerzo. Si apenas una fracción de las energías que se destinan a hablar sobre innovación se usara en practicarla, Chile ya sería otro país.
Hausmann sostiene que hay que partir de lo que ya tenemos, de lo que ofrece nuestra geografía. Litio, cobre, energía solar y eólica en el norte. Salmones, bosques, agricultura y energías renovables en el sur. No para hacer más de lo mismo, sino para transformar esos recursos en base a la innovación.
Y aquí aparece algo que el debate actual sobre la megarreforma pasa por alto: los focos de innovación están en las regiones. En el norte hay un pipeline de inversión minera sin precedentes. En el sur hay una fuerza laboral talentosa, buena infraestructura universitaria y tradición agrícola y manufacturera. Pero se requiere que una parte sustantiva del valor que generan esos territorios se quede en ellos y se transforme en cemento social.
No basta con despertar a los animal spirits y esperar que el derrame haga el resto. Tampoco con cuidar los equilibrios fiscales. Un genuino plan de crecimiento debe atacar el tridente innovación, regionalización y cohesión social.
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