Viernes, 22 de Mayo de 2026

La seducción de la literatura chilena con el mar

ChileEl Mercurio, Chile 21 de mayo de 2026

Los relatos marítimos son toda una tradición en nuestra ficción, con clásicos de Francisco Coloane hasta nuevas novelas ambientadas en la Guerra del Pacífico. Andrés Montero, Paulina Flores o Diego Zúñiga han actualizado los retratos sobre el mar que hoy pueden leerse con ocasión del mes que lo celebra.

"Volvamos al mar", dijo Francisco Coloane, pocos días antes de morir, cuando ya sabía lo que venía. Estaba en Santiago, lejos de la costa, pero seguía ligado al océano. Desde su isla natal de Quemchi al Cabo de Hornos y la Antártica, los paisajes de sus cuentos y novelas estuvieron dominados por el mar, y uno de sus títulos más clásicos, "El último grumete de la Baquedano" (1941), sigue siendo una obra de referencia en nuestra literatura. El libro es parte de una tradición en las letras chilenas que aún sigue conectada con el oleaje que golpea nuestras costas.
La novela de Coloane, la historia de un adolescente que pasa de polizón a marino, parece perfecta para la fecha: en el Día de las Glorias Navales que hoy se celebra, el libro se ambienta precisamente en el primer buque que la Armada construyó para que fuera la escuela de nuevos marinos. Pero ochenta años después la narrativa chilena aborda de forma muy diferente el tema marítimo. Ganadora del Premio José Nuez Martín 2025, "El año que hablamos con el mar", de Andrés Montero, es la historia de dos hermanos que tras años distanciados se reencuentran en su tierra de infancia, Chiloé.
En la novela de Montero -publicada en 2024 por La Pollera-, el mar es un paisaje de fondo y también es un muro insalvable para alejarse del mundo. La historia de los hermanos Garcés tiene leyendas de pactos con el diablo, secretos familiares, barcos abandonados, una pandemia. Arranca cuando uno de ellos se sube a un bote y se lanza al mar. Aventurarse al oleaje podría ser un tópico usual en la narrativa chilena reciente: también los autores Paulina Flores y Diego Zúñiga sumergen a sus personajes en nuestras costas.
En la novela "Isla decepción" (2021), de Flores, hay un personaje central que se lanza la mar: Lee, un surcoreano que lleva demasiado tiempo en un buque pesquero que podría ser una cárcel, decide escapar y la única forma de hacerlo es saltar al agua cuando pasan por el Estrecho de Magallanes. Lo encuentran casi muerto en las costas de Punta Arenas. El imaginario de Flores no parece venir exactamente de la tradición chilena, pero sus marinos salvajes bien podrían ser una actualización de los de Coloane.
Guerra del Pacífico
También "Tierra de campeones" (2023), de Zúñiga, parece conectado con la narrativa local en que el mar es un espacio para reflejar precariedades: cuenta la historia del "Chuchungo" Martínez, un niño huérfano con enormes capacidades para el buceo, inspirado en la vida del campeón de caza submarina Raúl Choque. La novela está ambientada como pocas bajo el agua, en las costas del norte chileno, donde el "Chuchungo" vive aventuras, pero también horrores: se encuentra con cuerpos de detenidos desaparecidos.
En un registro más tradicional, el año pasado Gustavo Boldrini (Quemchi, 1951) lanzó "Un Alma navegante: horrores, alegrías y misterio en el mar chileno". Se trata de un conjunto de historias unidas por su experiencia acumulada en torno al tema, que abarcan desde la historia, la mitología y los testimonios personales. En sus relatos, surgen mariscadores, canoeros, naves y amores perdidos, crónicas de navegación e imaginación en torno a las islas Queitao y personajes del bordemar de diversas latitudes.
Los relatos de Boldrini están en la línea de las leyendas del sur de Chile, donde el mar es una fuente de aventuras. Pero el mar en nuestra historia tiene otro referente clásico, la Guerra del Pacífico. Ahí está ambientada la novela "Aguafuerte" (2023), de Simón Soto, la que sobre todo sitúa a sus personajes en el desierto. Aunque el inicio aborda un momento hito del conflicto: el Desembarco de Pisagua de las tropas chilenas, el 2 de noviembre de 1879. Las primeras cuarenta páginas suceden en medio de las olas; el mar no es terreno de fantasías, sino un terreno peligroso.
La Guerra del Pacífico tiene su tradición aparte en nuestra literatura, partiendo por el clásico "Adiós al Séptimo de Línea" (1955), de Jorge Inostroza. También lo aborda últimamente Carlos Tromben en "Huáscar" (2016); Patricio Jara en "Prat" (2009), y Guillermo Párvex en "La sombra de Patricio Lynch" (2025). En cada de uno de esos libros, el mar aparece de forma ineludible.
"En los chilenos el mar está metido dentro de las entrañas en forma muy intensa", decía Guillermo Blanco, que ambientó en la costa, en el balneario de Castuera, su novela más famosa, "Gracia y el forastero". Blanco era parte de una generación que creció leyendo a clásicos marítimos, como Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad y Emilio Salgari. Por supuesto, a Melville y su clásico de clásicos, "Moby Dick", el que por cierto tiene una conexión chilena: la ballena blanca de dicho libro está inspirada en un cachalote que solía divisarse en la isla Mocha, en la provincia de Arauco. Pensando en ella, Francisco Ortega y Gonzalo Martínez escribieron la novela gráfica "Mocha Dick" (2016), que en casi todas su páginas muestra el mar.
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