Periodismo y ciencias
Por fortuna, la abundante crónica roja y la habitual cizaña política no logran desviar la atención (o eso quiero creer al menos) de las ciencias y tecnologías.
Acabo de leer, de Javier Cercas, un reciente libro acerca de la historia de "El País" y la importancia que tuvo ese diario para la transición democrática en España luego de la muerte de Franco en 1975. Cercas, como podría ser común entre periodistas, directores de medios y colaboradores habituales, se pregunta, entre otras cosas, si procede o no que un columnista de un diario escriba críticamente acerca de otro columnista del mismo medio. Ya se pondrán de acuerdo quienes correspondan en cada medio.
Todo lo contrario, como es mi caso en este momento, haré el elogio de la abundante información que da habitualmente este diario acerca de los muchos, hondos y rapidísimos cambios científicos y tecnológicos de la hora presente y recién pasada. A veces nos resistimos a esos cambios, o los negamos de plano, o incurrimos en ataques de pánico, y lo cierto es que, cuando menos, nos reconocemos perplejos ante ese tipo de cambios o avances. A mí me gusta mucho la columna que sobre asuntos científicos y tecnológicos publica aquí, periódicamente, Nicolás Luco. No le conozco personalmente, aunque tengo clara su trayectoria, y sus colaboraciones me parecen siempre pertinentes, claras, amenas, accesibles, y bien fundamentadas. No incurre, como tampoco los demás periodistas que intervienen en esa sección del diario, en un cientifismo ingenuo ni descontrolado, y tampoco en la arraigada desconfianza contra los cambios científicos y tecnológicos que no se ajustan a nuestras creencias tradicionales, muchas de las cuales no provienen de saberes científicos ni de aplicaciones prácticas previas que haya que desechar, sino de postulados de religiones, iglesias o de la filosofía.
Se puede decir cualquier cosa de los saberes científicos y de sus innumerables aplicaciones, pero no debería pasarse por alto la rapidez con que se producen los avances de aquellos y estas, especialmente tratándose de nuevas tecnologías que están en una carrera aún más veloz que el propio conocimiento científico que les sirve de base. Las nuevas tecnologías parecen haber alcanzado un vuelo propio y anticipatorio de mucho de cuanto nos espera.
Aunque la mayoría de nosotros carezca de formación científica, lo cierto es que los medios de comunicación -unos más, otros menos- están manteniendo la mirada puesta, crecientemente, en los cambios científicos y tecnológicos de nuestro tiempo. Por fortuna, la abundante crónica roja y la habitual cizaña política no logran desviar la atención (o eso quiero creer al menos) de las ciencias y tecnologías que la están llevando desde hace un buen rato. Por ejemplo, la interfaz entre neurociencias, neurotecnologías y computación no solo está permitiendo saber más de nuestros cerebros, sino detener el curso de algunas enfermedades, neutralizarlas genéticamente e incluso acabar con ellas.
El periodismo científico, sea en páginas especializadas, editoriales, columnas, suplementos, o medios de información internacionales o de tipo económico, está abriendo puertas, formulando interrogantes y proveyendo datos y análisis, asumiendo de ese modo una tarea de primera importancia. No se requiere tener formación científica en un campo determinado, o en varios de los que se encuentran interconectados, para que cualquier lector consiga enterarse, y ojalá comprender, la constante información que nos llega prácticamente a diario y que nos hace conscientes de cómo grandes científicos de épocas pasadas fueran maltratados como charlatanes y aguafiestas o, en el mejor de los casos, como simples desmitificadores de "verdades" en que habíamos creído durante larguísimo tiempo.