Cumplimiento en libre competencia: "Trajes a la medida"
"No existe un programa estándar, que sea aplicable a todas las empresas por igual".
Un programa de cumplimiento de libre competencia es un mecanismo adoptado por una empresa para prevenir y detectar conductas anticompetitivas. Para tales efectos, comprende un conjunto de políticas, procedimientos y medidas obligatorias para los trabajadores. Finalmente, su objetivo es crear y fomentar, al interior de la empresa, una cultura de compromiso con la libre competencia.
Estos programas, como siempre se ha sostenido, deben ser "trajes a la medida". Eso implica que no existe un programa estándar, que sea aplicable a todas las empresas por igual. Por el contrario, se trata de una herramienta que es única para cada empresa.
Para diseñar este tipo de programas se requiere entender el mercado en que la empresa se desenvuelve, cuál es su posición en ese mercado, quiénes son sus proveedores y clientes, y si existen instancias de interacción con competidores. Luego, sobre esa base, se debe identificar los riesgos de incurrir en infracciones a la libre competencia, para luego adoptar las medidas que permitan mitigarlos.
En esta labor, los riesgos no deben ser teóricos, sino que "reales" (considerando las particularidades de la empresa y su operación en el mercado); y las medidas de mitigación deben ser "proporcionales" a esos riesgos. Todo esto, a fin de no entorpecer el normal funcionamiento de la empresa.
En otras palabras, los programas de cumplimiento deben generar un adecuado ambiente de control para que la empresa siga funcionando y no sobrecargarla de medidas que pueden obedecer a un riesgo que no es tal o cuya implementación sea de tal envergadura y costo de administración que termine dificultando su operación. De lo contrario, se generará internamente un rechazo hacia el programa y de ninguna manera se construirá la -esperada- cultura de compromiso con la libre competencia.
Dificultades como las señaladas a veces derivan de la falta de certeza sobre cómo actuará la autoridad de competencia en ciertas materias (especialmente si no existen directrices claras o si ella ha tenido una mirada expansiva en casos puntuales), como también de la idea que mientras más medidas o más estructurales sean, más eficaz serán para controlar el riesgo. El desafío no es menor: lograr programas equilibrados, que permitan precaver eficazmente riesgos de libre competencia y no afecten innecesariamente el normal funcionamiento del negocio. Esto solo se logra si ese trabajo se efectúa con un claro sentido de realidad sobre la empresa (su tamaño, influencia en el mercado y operación), y en esto las gerencias de cumplimiento tienen un rol que es esencial.