La actriz y comediante argentina llega mañana al teatro Stella junto a Facu Díaz y habla sobre humor, política, streaming, Wanda Nara y dice por qué "la tranquilidad del humorista no existe".
A esta altura, Carolina "Charo" López ya no circula por un solo lugar. Está en el streaming, en comedias y series dramáticas, en películas, en redes sociales y arriba de escenarios donde puede pasar de una reflexión política a una pavada cotidiana en cuestión de segundos.
Mañana, a las 20.00 llega al teatro Stella en su faceta de standupera. Se presenta junto al uruguayo (radicado en España) Facu Díaz, en un show que mezcla material propio con intercambios sobre las diferencias y parecidos entre argentinos y uruguayos. Entradas en Redtickets. "Me encanta estar con Facu, me parece divertidísimo. Y además me encanta ir a Uruguay, así que se dio la conjunción perfecta", dice por teléfono.
Durante los últimos meses, López estuvo entrando y saliendo de Montevideo por distintos proyectos. Primero fue el rodaje de una película dirigida por Lucas Vivo y después una nueva filmación junto a Wanda Nara. "Ya estoy hablando de botija", dice entre risas. "Hasta tengo mi propio mate", agrega sobre su relación cada vez más familiar con Uruguay.
El universo del stand up se basa en manías y obsesiones, para ella: la actualidad política. "Estoy bastante enroscada con el momento sociocultural que estamos viviendo. Porque en Argentina no hay respiro, y los chistes salen con el minuto a minuto, porque todos los días hay algo distinto. No hay paz, y la tranquilidad del humorista no existe. Menos en Argentina", agrega.
Sin embargo, más allá de la coyuntura, López cree que también hubo una transformación más profunda del humor en los últimos años. Y lejos de lamentarlo, lo celebra. "Siento que el humor está un poco más amable y menos individualista", dice. "Hay como una bajada cultural que nos quiere egoístas, crueles, individualistas. Entonces me parece interesante ir completamente para el otro lado".
"Hay como una mercantilización de la cultura espantosa y la gente piensa que es un cliente que se puede quejar de una licuadora rota, estando, por ejemplo, en el recital de una persona que está mostrando un disco", comenta sobre el último show de Fito Páez en Argentina. "Hay unos límites medio corridos que no están buenos. Y hay gente que siente un goce extraño en poder agredir a alguien sin que haya consecuencias tangibles, cuando escribís por las redes sociales".
Y para ella, que fue parte del exitoso ciclo Cualca! hace más de una década, también entiende que cambiamos como sociedad. "Hay un montón de cosas que ya no funcionan y está buenísimo. La gente ya no se ríe más de eso. Y listo, hay que seguir adelante. Está bárbaro que pase eso, porque provocar risa es un momento para olvidar, por un rato, la existencia. Si podemos lograr eso, aunque sea por unos segundos, ya me siento satisfecha".
Raw Html Donde también se siente libre, es en el streaming, que se le apareció como un espacio distinto. Más imprevisible y menos condicionado por las estructuras tradicionales. Ahí entra Gelatina, el canal donde participa, y donde encontró un territorio ideal para experimentar.
"En Gelatina encuentro muchísima libertad", dice. "Voy, preparo cosas, no tengo ningún filtro de nada. Siento que Pedro (Rosemblat) confía mucho en mí y todo el equipo. Entonces es un espacio donde puedo probar cosas que a veces funcionan, y a veces, no, pero puedo decir lo que quiera. También, ahí tengo un personaje medio impune, y trabajo desde ese lugar".
Claro que López también es parte de uno de los programas más delirantes del streaming argentino. Junto a Noelia Custodio conduce Qué olor! "Me dijeron algo muy lindo y que me dio orgullo: nos compararon con la locura de un programa de la televisión japonesa. Me pareció un mimo lindo que alguien piense eso" dice entre risas. "Porque sí, estamos muy enfocadas en divertirnos nosotras. No pensamos tanto qué está esperando la gente o qué hacen los demás".
Ese espíritu caótico y absurdo es, para ella, parte de la esencia del streaming: un lenguaje completamente distinto al de la televisión o la ficción tradicional. "Son oficios distintos", explica. "Es como tener una farmacia y una verdulería".
Aunque todo entre dentro del audiovisual, insiste en que el vivo tiene otra velocidad, otra relación con el público y otra construcción narrativa. Mientras en la actuación hay tiempo para elaborar, corregir o repetir escenas, el streaming obliga a convivir con la inmediatez constante.
Esa otra faceta como actriz de series y películas tomó una nueva dimensión con su participación en las series de Netflix: Carísima, División Palermo y sobre todo, En el barro, donde apareció en un registro completamente alejado de la comedia. "Llegué por un casting y me puse muy contenta de que me llamaran", recuerda de su llegada a la serie de Sebastián Ortega. "Fue hermoso poder jugar en otra cancha".
La serie, centrada en historias durísimas atravesadas por violencia y marginalidad, le permitió compartir escenas con actrices que admira profundamente, como Ana Garibaldi y Camila Peralta. "Verlas actuar de cerca fue un alegrón total", dice.
Porque para López, actuar en drama no representa una ruptura sino simplemente otro oficio. Otro mecanismo creativo distinto al humor, al streaming o a la improvisación.
Algo similar le ocurrió durante el rodaje de la película ¿Querés ser mi hijo? filmada en Montevideo junto a Wanda Nara, una experiencia que admite la sorprendió gratamente. "Yo no la conocía personalmente y en un minuto ya estábamos tomando mate y estaba todo bien", cuenta. "Muy predispuesta, muy amable".
Raw Html La actriz y humorista asegura que toda la imagen caótica y mediática que suele rodear a la también conductora de Masterchef Celebrity de Argentina desaparece rápidamente cuando empieza el trabajo cotidiano.
"Yo no la conocía personalmente y en un minuto ya estábamos tomando mate", cuenta sobre Wanda Nara. "Toda la imagen mediática desaparece cuando empieza el trabajo. Estamos todos haciendo escenas, repitiéndolas mil veces, compartiendo mate y horarios".
Después de más de 25 años arriba de escenarios, López dice que recién ahora empieza a sentir una tranquilidad que antes no tenía. Y recuerda un momento muy específico que le hizo entenderlo: "Tardé 25 años en no ponerme nerviosa en un casting", dice entre risas. "Y me pareció buenísimo".
Además entiende que esta velocidad no la quiere para siempre. "Me gustaría bajar unos cambios", admite. "Dormir más".
Y reconoce que todavía hay algo que siente pendiente arriba de un escenario: hacer una obra de texto. Teatro clásico o una comedia tradicional con personajes sostenidos durante meses. "Nunca hice una obra de texto", cuenta. "A veces veo esas grandes comedias y pienso: algún día me gustaría hacer algo así. Después pienso en estudiar 15 horas por día el texto y digo. bueno, capaz soy muy vaga".