‘La Constitución soy yo’
Sorprende que el tema de fondo de la campaña electoral por la Presidencia que llega mañana a su primera vuelta no hubiera sido la defensa de la Constitución y del sistema de gobierno vigente desde 1991
Sorprende que el tema de fondo de la campaña electoral por la Presidencia que llega mañana a su primera vuelta no hubiera sido la defensa de la Constitución y del sistema de gobierno vigente desde 1991. Los candidatos del centro y del centroderecha hablaron, sí, de mantener la democracia, pero no fueron a su raíz, que son los principios políticos fundamentales de la Constitución. La Constitución está amenazada. Lo hizo Petro extorsionando al Congreso, a las cortes y al Banco de la República con el ‘golpe blando’ y el ‘bloqueo institucional’. Lo hace convocando por firmas a una asamblea constituyente que quiere dejarle a su candidato, quien, con la arandela del ‘acuerdo nacional’, la heredaría para enterrar la Constitución de 1991 y concentrar todo el poder del Estado en el Ejecutivo, en el presidente. Al estilo de Nicolás Maduro en Venezuela. Petro quiere mantenerse en el poder a través de Cepeda. Parece, sin embargo, que los candidatos no le pusieron atención a semejante peligro, seguramente porque ingenuamente piensan que no se podrá materializar. Pero si algo sabemos en Colombia es que ‘todo puede pasar’. Leí en los últimos días el libro del abogado Mauricio Gaona, La Constitución soy yo (Planeta, 2026), que me pareció revelador y oportuno como el que más. Describe con gran acierto la esencia de la situación que estamos viviendo. Recorre el camino que conduce de la democracia a la dictadura constitucional desde el populismo y el autoritarismo, y la forma en la cual el gobernante que quiere perpetuarse en el poder sigue esa ruta. Una vez allí, intenta alterar el orden constitucional para imponer férreamente su voluntad. Es, además, un tratado de historia y de derecho comparado que ofrece "una ventana de vital reflexión y circunstancia acerca de cómo mueren las democracias en la América Latina del siglo XXI, en nombre de una Constitución que, tras ser vencida, recita como norma el epílogo del aspirante a dictador: ‘La Constitución soy yo’ ". Es la ruta que siguió Petro durante su gobierno y en la cual se refugió en el último año. Comenzó con la queja de que no lo dejaban gobernar porque el Congreso y las cortes no le aprobaban sus reformas; continuó con la narrativa del ‘bloqueo institucional’; expidió el ‘decretazo’ mediante el cual pretendió convocar una consulta popular pasando por encima del Congreso, a pesar de que el Senado le había negado la autorización constitucional que se requería. Y golpeó al Banco de la República. Sus repetidos argumentos fueron que el pueblo lo había elegido a él y que, por tanto, él era la voz de los colombianos. Se confundió a lo largo del gobierno el concepto del ‘bloqueo’ con el de ‘oposición’, que no es otra cosa, dijo Gaona en su momento, que "el precio que se paga por tener una democracia". * * * * La elección de mañana y la del 21 de junio son cruciales. Lo que está en juego es la supervivencia del sistema de gobierno. Que no ha sido ni es perfecto, pero debe defenderse frente al candidato del continuismo, lo mismo que al famoso ‘tigre’, quien de resultar elegido nos lanzaría a un hueco del cual no sabríamos cómo salir. Valoremos la Constitución, la democracia y la libertad que tenemos. No es volver al pasado, sino ajustarnos a las realidades actuales y adaptarnos creativa y audazmente para lo que vendrá en el futuro. Mi generación vivió innumerables crisis a lo largo de la vida, que pusieron en riesgo la democracia colombiana. Superamos, sin embargo, esos embates y continuamos avanzando en libertad. Sería muy triste, como escribió Rudy Hommes, que la segunda vuelta fuera la última oportunidad para votar libremente, no por morir sino porque después solo se votaría en medio de amenazas y plebiscitos.
Elecciones
Carlos Caballero Argáez