Domingo, 31 de Mayo de 2026

Carla Simón: Vivimos un momento de reparación histórica frente a la ausencia de mujeres contando historias

UruguayEl País, Uruguay 31 de mayo de 2026

El País charló con la prestigiosa directora de cine española antes del estreno local de "Romería", la película con la que concluye un viaje cinematográfico dedicado a la memoria por la muerte de sus padres

Carla Simón es, hoy, una de las grandes directoras del cine español y el estreno en Uruguay de Romería, su última película y cierre de un tríptico personalísimo, es la confirmación de su madurez.



Con su anterior película, Alcarrás ganó el Oso de Oro, el premio mayor del Festival de Berlín, el mismo evento en el que en 2017 había ganado el premio a la mejor ópera prima con Verano de 1993. Tras esas dos películas, Simón, quien tiene 39 años, completa con Romería un ciclo de películas sobre su familia, el duelo por la muerte de sus padres (muertos durante la epidemia de heroína de España cuando ya era una niña) y sobre la memoria.



En Romería, Simón "entrelaza el pasado de unos padres que vivieron entre viajes y excesos con el presente de Marina, que llega a Vigo buscando respuestas y un lugar en una familia que ahora la recibe como si aún cargara un estigma antiguo", dice la comunicación oficial.



Por momentos un documental, un drama familiar y un juego de ficción incluye un número musical que resignifica una canción de la banda gallega SiniestroTotal.



Sobre algunas de esas cosas, Simón charló, vía Zoom, con El País.



Romería es parte de un viaje muy personal. ¿Cómo llegó hasta acá?



Entre la adoptiva y la biológica, tengo tres ramas familiares y siento que ahora ya las he explorado todas. Es una suerte de tríptico de la memoria para entender mi pasado, mis orígenes y cuál es el legado familiar que recibí. Siento que estoy en un momento muy nuevo de haber cerrado un capítulo y poder empezar desde un lugar más libre, sin todas las preguntas que tenía de mis familias.



Aquí deja las formas realistas de las dos anteriores.



Las otras tenían un compromiso muy fuerte con la realidad y sentí la necesidad de enfrentar nuevos retos. Me apetecía intentar entrar en un terreno más poético, mágico, donde ese compromiso realista siguiera existiendo, pero pudiera transformarlo. Lo que plantea Romería daba pie a eso porque la memoria es extremadamente subjetiva, además de mutar constantemente: no recordamos el hecho en sí, sino la última vez que lo recordamos, y las emociones modifican ese recuerdo. Cuando esa memoria está atravesada por el tabú, por el estigma del sida o de la heroína, esa transformación es aún mayor. Me percaté de que la memoria es poco fiable y que, siendo una película sobre eso, había espacio para la fabulación, para la imaginación. La propia estructura de la película invitaba a que llegara un momento en el que esa parte más onírica, fabulada apareciera desde un sitio nuevo para mí, pero que desaba explorar, y más para intentar poner imágenes a una posible historia de mis padres.



¿Cómo es eso?



Pensar a mis padres como jóvenes, por ejemplo. Mi primera maternidad me ayudó a entender que todos los padres son jóvenes antes de ser padres y que tienen su historia. Quise retratarla desde lo lúdico porque que define muy bien a aquellas juventudes de los 80. Cuando miramos hacia atrás estamos condicionados por lo que fue la crisis de la heroína en España, el sida, una imagen muy oscura. Pero también fue una época muy luminosa: rompieron con todo lo conservador y franquista del momento. Vivían de una manera opuesta a la de sus padres y con una voluntad de vivir el presente, de fluir, tomarse la vida muy poco en serio. La droga formaba parte de ese contexto, por supuesto, pero no quería que definiera por completo a mis padres. Esos jóvenes tenían muchas más dimensiones.


En ese sentido ¿hubo alguna escena que le removiera especialmente?



Sí, las relacionadas con la heroína fueron muy delicadas. La secuencia en la que se pinchan y todo lo relacionado con el síndrome de abstinencia nos imponía mucho respeto porque era fácil caer en algo artificial o caricaturesco. Aunque la película trabaja desde un territorio fabulado, nos documentamos muchísimo y hasta nos ayudaron de personas que habían vivido la época de mis padres. Queríamos acercarnos a esos personajes desde la comprensión de su experiencia.








¿Por qué hacer cine de un proceso tan personal?



Tuve una pequeña revelación en el instituto gracias a una profesora que nos ponía películas y luego organizaba debates. Yo vivía en la montaña y apenas había visto películas pero de esa vez recuerdo una de Michael Haneke. Me llamó la atención su forma, sus historias cruzadas. Pero fue en el debate cuando entendí realmente lo que la película me contaba. Me di cuenta de que el cine tiene una capacidad enorme para hacernos reflexionar sobre la vida y las relaciones humanas. Está muy cerca de la filosofía. Y la posibilidad de analizar la vida a través de algo que te crea empatía con los personajes me pareció algo muy poderoso. Y siempre tuve inquietudes artísticas y el cine reunía todas las artes: todo está ahí. Y también está esa dimensión de viaje creativo que implica cada película. Cada vez disfruto más ese viaje.


https://www.youtube.com/watch?v=o-cznbYNQzg¿Cuándo empieza?



Cuando unes dos ideas que tienes en la cabeza y te das cuenta de que ahí hay una película.



¿Y cuál es la mejor parte?



Hay un momento muy bonito y es en el que estoy ahora con la nueva película: aquel en el que todo puede ser porque aún no tienes una primera versión del guion. También me encanta la etapa de ensayos. Es un momento de mucha intimidad con los actores y ahí empiezo a ver cómo la película toma forma. Suelo trabajar mucho las relaciones entre personajes. A veces siento que es como jugar a ser Dios, creando esos vínculos y observando cómo se desarrollan. Cuando los actores están bien elegidos ocurre algo muy mágico: sucede exactamente lo que esperabas que ocurriera entre los personajes.



¿Existe una manera femenina de poner la cámara?



No lo sé. Seguramente sí por nuestra condición indisociable. Creo que estamos viviendo un momento de reparación histórica frente a la ausencia de mujeres contando historias. Esa reparación también es temática: intentamos recuperar relatos que faltaban sobre nuestro punto de vista y esto hace que mucho cine hecho por mujeres empiece por lo íntimo. Nos falaban relatos sobre nuestra manera de vivir la maternidad, el deseo, la juventud. Al abordar esos temas íntimos, es posible que aparezcan ciertas formas de filmar, una determinada proximidad a los personajes, un respeto o una emocionalidad. Quizá se puedan generalizar algunas cosas, pero cada directora tiene una voz propia y una búsqueda particular. Por suerte, no se parecen unas a las otras.



¿Cómo ve el estado actual del cine?



Es una pregunta difícil. Puedo hablar sobre todo de España. Durante tiempo utilizábamos la expresión "otro cine español" para referirnos a películas más pequeñas o de acceso más complejo para el público. Ahora siento que ese cine ya no está aparte, sino que está encontrando espectadores. Es un momento interesante para el cine de autor y para las salas especializadas que, en España al menos, están funcionando muy bien, incluso mejor que algunas comerciales. Eso revela interés por un cine más artístico. Es verdad que vivimos en una época en la que suelen tener más alcance las historias muy explícitas o muy subrayadas emocionalmente, algo que también está relacionado con nuestros hábitos de consumo en las plataformas. Así, las películas más pequeñas, más sutiles, discretas, muchas veces tienen menos visibilidad. Sin embargo, como espectadora, algunas de esas películas consideradas pequeñas me han cambiado la vida. A veces da la sensación de que las salas van a desaparecer o de que ese tipo de cine no sobrevivirá, pero yo no tengo esa sensación. Es un ecosistema frágil y necesita apoyo institucional, pero en España vivimos un momento bastante bonito para el cine.
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