El rugido que pocos midieron
Abelardo de La Espriella es el gran ganador de la primera vuelta y conviene decirlo sin rodeos: pocos lo vieron llegar de primero
Abelardo de La Espriella es el gran ganador de la primera vuelta y conviene decirlo sin rodeos: pocos lo vieron llegar de primero. Durante meses, la mayoría de las encuestas dieron a Cepeda como puntero indiscutible. Que De La Espriella no solo lo alcanzara, sino que lo superara, es la verdadera noticia de este domingo. No todas las firmas se equivocaron por igual. AtlasIntel fue la que mejor leyó la marea: registró su ascenso sostenido, de cerca del 28% en enero a un empate técnico en mayo, y ya lo daba ganando una eventual segunda vuelta y liderando en la costa Caribe. GAD3, que había mostrado su fortaleza, optó por no publicar en la recta final ante las exigencias de la llamada ley mordaza. La lección es vieja y se repite: las encuestas miden momentos, no mareas de fondo. Quien leyó solo los promedios, no leyó al país. El país sigue partido y votó más por lo que rechaza que por lo que desea. El rugido de las urnas fue, sobre todo, un grito contra el statu quo. Es, antes que nada, un mensaje para el Gobierno. Las urnas le pasaron la cuenta a un proyecto que decidió gobernar para una mitad y contra la otra, sin tejer consenso e incluso sin hablarle a la prensa. Pero el mensaje es para las dos campañas que siguen en pie. Sin desdibujar sus principios, ambas están obligadas a tender puentes hacia quienes hoy no se sienten representados. Quien gane el 21 de junio gobernará un país dividido, y esa humildad debería ordenar el discurso de las próximas tres semanas. Tenemos al frente dos modelos. Uno propone una asamblea constituyente, mantener la veda al sector minero-energético y prolongar la Paz Total que ha incrementado los cultivos ilícitos, los números de los insurgentes y la inseguridad. El otro tranquiliza a los mercados. Pero conviene recordar que el Pacto Histórico reúne cerca de 9,6 millones de votos que no se evaporan de un día para otro. Desde la sociedad civil y el empresariado hay que tender puentes para que se entienda: sin empresas no hay Estado, ni empleo, ni programas sociales que financiar. Lo entendieron Lula en Brasil y Mujica en Uruguay. La izquierda que de verdad gobierna no le declara la guerra a quien produce. Por eso, gane quien gane, hay una agenda que no admite matices ideológicos. El próximo gobierno tendrá que garantizar las dos seguridades hoy en entredicho, la jurídica y la física, y conjurar las crisis fiscal y energética como sus primeros pasos, no como promesas de campaña. Sin seguridad no hay inversión, y sin confianza inversionista no habrá crecimiento, ni empleo, ni con qué financiar lo social. Ese es el piso mínimo sobre el cual se construye todo lo demás. Quien lo entienda primero, gobernará mejor. Todo indica que el Gobierno será aún más vehemente en su participación política y en el uso del aparato estatal para empujar a su candidato. Que se abstenga. El erario y el poder público no son herramientas de campaña. Al mismo tiempo, hasta el 7 de agosto sigue siendo nuestro presidente y nuestro Gobierno, con crisis que conjurar y ciudadanos esperando respuestas. Gobernar no es hacer campaña. El 21 de junio no se trata solo de quién gana. Se trata de si alguien, por fin, decide gobernar para el país entero. ** P.D. Como ser caribe y ciudadano de provincia, confieso que algo me reconfortó este domingo. Un candidato a la Presidencia votó en el mismo puesto que yo y le habló al país desde las orillas del Magdalena. No es costumbre. Casi siempre el poder se decide y se narra desde Bogotá. Que esta vez la conversación nacional haya pasado por el río, por la provincia, por el Caribe, no es un detalle menor. Es, también, un mensaje.