¿Libertad y Orden?
Los votos no tienen dueño, punto
Los votos no tienen dueño, punto. Desde ahí se debe hacer el análisis electoral en el siglo XXI, porque ya no estamos en una época donde las personas votan ciegamente por un partido, sino que votan por ideologías, identidades o emociones, haciendo que la decisión del comprador político, el votante, no sea fiel a una persona sino a una causa. Ya no existe filiación política, existe identificación con un candidato en un momento del tiempo, porque represente ser el antagonista de las cosas a las que nos oponemos. Por eso es brillante la columna de Moisés Wasserman, donde sentencia que "para qué pensar, si tengo identidad" y esta se causa más por resentimiento, miedo, venganza e incluso culpas no asumidas. Es algo parecido al colombiano que es hincha del Bayern porque ahí juega Lucho y que lo odiaba porque James ya no juega allá. Lo importante no es ser hincha, sin importar de qué o es o qué significa, sino tener la razón y estar en la moda que me da identidad: así puedo pertenecer a algo. Parece ser que el tiempo de los liberales y los conservadores llegó a su ocaso en Colombia y que las nuevas fuerzas políticas ya no están en función de lo programático sino de lo ideológico, contestatario y el temor, como si los resultados de las políticas públicas fueran irrelevantes y lo importante sea afirmar que se tiene la razón. En este período presidencial, en Bogotá las cosas van bien y en Quibdó las cosas no han mejorado mucho. La votación por el Pacto Histórico en Bogotá es alta pero menor de lo esperado, y en Quibdó la votación aumentó: Bogotá pasa de darle el 47,5% de los votos a Petro en primera vuelta, a darle el 41,7% a Cepeda, mientras que Quibdó pasa de 70,1% a 74,5%, respectivamente. Al mismo tiempo, en abril de 2022 el desempleo en Bogotá era de 11,1% y en abril de 2026 es de 8,2%, mientras que en Quibdó fue de 20,6% y 25,1%, lo que demuestra que esas mejoras no necesariamente son causadas por decisiones del Gobierno Nacional, sino el esfuerzo y logro local. Por esto, hay que ver con mucho cuidado la votación de la primera vuelta presidencial de 2026, ya que cuenta dos grandes historias de miedo y de odio, donde desde la llamada izquierda se pide orden y obediencia, mientras desde la llamada derecha se defiende la libertad y se convoca al cambio. Los votos de Fajardo no son de Fajardo; los votos de Paloma, no son de Paloma, ni de Oviedo; los votos de Abelardo, no son de él y obviamente los votos de Cepeda, no son de Cepeda. La votación de cada persona está en función de su consumidor político: ¿Qué será mejor para mí mañana?Por lo que no hay fidelidad, ni transferencia de votos: la gente votará según le convenga y desee que sea su futuro. El voto es de cada persona. Los votos no tienen dueño, punto.
Camilo Herrera Mora
Fundador y director de Raddar.