Jueves, 04 de Junio de 2026

Prima de confianza

ColombiaEl Tiempo, Colombia 3 de junio de 2026



La jornada del lunes dejó una fotografía difícil de ignorar



La jornada del lunes dejó una fotografía difícil de ignorar. El peso colombiano fue la moneda que más se valorizó en el mundo: el dólar cerró en $3.559,97, una caída de $118 frente a la TRM, y el MSCI Colcap avanzó 3,57% en pesos y 7,40% medido en dólares, el mayor ascenso bursátil del planeta en esa sesión. Ecopetrol se disparó cerca de 10%, los bancos tocaron picos de hasta 11%, Corficolombiana se valorizó más de 8% y el riesgo país pasó de 220 a 180 puntos básicos en cuestión de horas. La divisa tocó niveles que no se veían desde 2021. Conviene leer estas cifras sin euforia y sin lupa partidista. Lo que se movió no fue una preferencia ideológica, sino una prima. Durante meses los inversionistas venían descontando un escenario, y el resultado de la primera vuelta los obligó a recalcular. La conclusión técnica es vieja y conocida en estas páginas: la incertidumbre institucional tiene un costo, y la certidumbre, un precio. Cuando el mercado percibe menor riesgo, baja la tasa que exige para financiar al país, y eso se traduce en deuda más barata, inversión más viable y empleo más probable. No es ideología: es aritmética. Pero un solo dato no hace una tendencia, y una primera vuelta no define un ciclo. La elección se resuelve el 21 de junio y hasta entonces cualquier lectura definitiva es prematura. El propio comportamiento de los mercados lo advierte: la volatilidad cambiaria sigue muy por encima de su nivel de referencia, y conviene recordar que parte de la apreciación del peso, que acumula cerca de 9,5% en el año, responde a un dólar global más débil y a un diferencial de tasas favorable, no solo a la política local. Análisis recientes atribuyen apenas una porción del movimiento de las tasas a las expectativas electorales, y el resto a factores externos y a la oferta de deuda. El optimismo del lunes puede revertirse con la misma rapidez con que llegó. El repunte, además, no nace del vacío. Llega sobre una economía que ya mostraba señales de fortaleza: las exportaciones crecieron a doble dígito en el arranque del año y el peso venía siendo, desde enero, una de las monedas emergentes de mejor desempeño. Esos fundamentos son los que permiten que una buena noticia política se amplifique en los mercados. Sin ellos, ningún resultado electoral, por favorable que parezca, habría bastado para mover la aguja con tanta fuerza. La confianza se construye con cifras sostenidas en el tiempo, no con la euforia pasajera de un titular ni con discursos de ocasión. Ahí está la verdadera lección, que trasciende nombres y campañas. Colombia tiene la capacidad de atraer capital cuando ofrece reglas claras y disciplina fiscal creíble. El reto no es celebrar un repunte, sino convertir ese apetito en inversión productiva que se quede: en infraestructura, en industria, en agro, en energía. El capital golondrina aplaude un resultado y se va; la inversión de largo plazo exige instituciones sólidas, contratos respetados y una hoja de ruta fiscal que no se reescriba cada cuatro años. Esa es la diferencia entre un rebote de mercado y una transformación real. El mensaje de los mercados, entonces, no debería leerse como un veredicto sobre un candidato, sino como un recordatorio para todos. La economía colombiana premia la previsibilidad y castiga la improvisación. Quien gobierne a partir de agosto recibirá un país con fundamentos capaces de seducir al capital, pero con una paciencia limitada. La tarea, más allá de quién gane, será transformar la confianza de un día en crecimiento de una década. Esa, y no la pólvora de una jornada, es la noticia que de verdad vale la pena cuidar.
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