¡Que haya paz!
Carlos Enrique Cavelier
Bien entrada la noche del pasado domingo de elecciones y de las manifestaciones de todos los candidatos al respecto, se me vino a la mente de nuevo la frase del presidente de Croacia, Franjo Tudman, al finalizar la guerra de los Balcanes en 1996: "queremos ser un país aburrido como todos los demás", y lo lograron
Carlos Enrique Cavelier
Bien entrada la noche del pasado domingo de elecciones y de las manifestaciones de todos los candidatos al respecto, se me vino a la mente de nuevo la frase del presidente de Croacia, Franjo Tudman, al finalizar la guerra de los Balcanes en 1996: "queremos ser un país aburrido como todos los demás", y lo lograron. ¿Qué daríamos los colombianos por ser un país así? Y esa paz no puede ser solo con los grupos armados, sino entre nosotros, los 52 millones de colombianos. Entre las familias, los amigos, los trabajadores, pero sobre todo entre los que pensamos diferente. Muy diferente. De ex-guerrillero a soldado en retiro, de capitalista a socialista, de izquierda a derecha. Todos a conversar a entender nuestras verdaderas diferencias, para no tener fantasmas en frente ni luchar contra sombras. Y destilarlas para entender, como tantos países que han pasado por lo nuestro en el pasado, que si podemos convivir con estos diferentes. En estos momentos de gran angustia para los dos grupos enfrentados (el gobierno y la oposición), el sentimiento de posible pérdida es enorme: por un lado, unos claman "¡fascismo!"; los otros, "¡mantengamos la Constitución de 1991!". Pero depende de nosotros mismos tomar los caminos tranquilos, y no los que gritan cada vez más fuerte para ganar votos, levantando de paso los ánimos contra el contrario. "Bajar el volumen no es callarse. Es elevar la conversación", leía en estos días en algún artículo. Efectivamente, la vociferación eleva nuestro sentido de alerta y nos conduce a los sentimientos más primarios. Reducir los momentos de confrontación, actuar con cordura y mostrar cabeza fría son actitudes esenciales. Defender las instituciones forjadas con tantos años de sacrificio, de un lado, y los logros sociales alcanzados con igual esfuerzo, del otro, es igual de crítico. Ya todos conocemos la frase que debemos conjugar: "construir sobre lo construido". Como ha sido elemental a lo largo de los siglos, aunque siempre ha tomado varias destrucciones y reconstrucciones aprender la lección. Me pregunto de nuevo: ¿necesitamos otro Frente Nacional? Un período donde, alternando gobiernos de izquierda y derecha, logremos borrar la pugnacidad de nuestras diferencias, y donde el lenguaje dé ejemplo a toda la población. Se logró entre los 50s y 60s. La violencia que dejó 250.000 muertos de las maneras más horrendas con "el nudo de corbata" donde la lengua salía por el cuello, o "el corte de franela", entre muchos se logró apaciguar. Puede que todo esto sea parte del ajuste que el mundo entero está sufriendo con el advenimiento de las redes sociales … tal como sabemos que lo vivió con la imprenta en las décadas de guerras religiosas de hace cinco siglos, o con la radio en los años veinte, que allanó el camino a la Segunda Guerra Mundial y a los regímenes autoritarios que la promovieron, aunque hubo muchos otros factores determinantes. Y sobre todo porque los políticos saben hace tiempo que no es con la razón con que se mueven las masas, sino con la emoción, ya sea rabia, miedo, sentido de venganza o sentido de unión entre los parecidos. Pero que haya paz, ¡por Dios!
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