Jueves, 04 de Junio de 2026

La IA también es humana

ChileEl Mercurio, Chile 4 de junio de 2026

¿Que no hay suficientes regulaciones éticas ni jurídicas en el caso de la IA? Como siempre no más: el derecho va a la zaga y el progreso moral aún más.

En el sentido más amplio que damos a esa palabra, "cultura" es todo lo que resulta de la acción conformadora y finalista de hombres y mujeres. Todo. Todo cuanto los seres humanos han puesto entre el polvo y las estrellas; es decir, entre el suelo que pisamos y lo que ha podido ser instalado en este o fuera del planeta que orbitamos. Por lo mismo, esto quiere decir que si las comidas que preparamos son parte de lo que en tal sentido llamamos "cultura", también forman parte de esta, por ejemplo, las carreteras que se construyen, la invención de la bicicleta, Internet y, asimismo, las ciencias y tecnologías, viejas y nuevas, y también la así llamada inteligencia artificial.
Han sido ensayadas otras denominaciones para aquella, pero la ya asentada es "inteligencia artificial", y todos, nuevamente todos, tenemos al menos una idea y algunas experiencias de lo que es ella y de las múltiples maneras en que nos valemos de frecuentes aplicaciones de esta tecnología. El gran salto de la IA -bien conocida por ese par de letras- se produjo recién en la presente década, no obstante que el uso de ella, que se remonta a menos de un siglo, fue considerado inicialmente por muchos como una ficción, número de magia y hasta mera superchería. Con mayor o menor conciencia de ello, igual seguimos empleando la IA en nuestra existencia cotidiana.
Ya no tiene mucho sentido continuar alertando acerca de que la IA entraña oportunidades y riesgos. Esto último se ha transformado en una obviedad, si bien deberíamos hacer un esfuerzo por enterarnos del asunto y esforzarnos por entenderlo más allá de esa tan reiterada constatación, que, por lo demás, suele acompañar a todo cambio científico o tecnológico relevante. También se aprovecharon oportunidades y corrieron riesgos con la invención del automóvil y la aeronáutica, y ni qué decir con los trasplantes de órganos humanos. Nos mostramos eufóricos ante los avances científicos y tecnológicos, y también preocupados, cuando no apesadumbrados, por los riesgos que vemos venir.
La IA también es cultura. Se trata de una creación humana y, en tal sentido, tiene poco de "artificial". Los jóvenes aprendieron prontamente eso, como también a usarla crecientemente, pero los mayores, que no estaremos presentes a la hora del desenlace de la historia de la IA, solemos encogernos de hombros, como si no nos empeciera; y, sobre todo, como siempre hacemos la mayoría de los viejos, incurrimos en conjeturas de fin de mundo o de término de lo humano, en circunstancias de que la IA, como producto cultural que es, continuará siendo humana.
Sin embargo, a nadie se le escapa la honda diferencia de la IA con otras tecnologías. Estas últimas permitieron identificar cambios de era o de mundo, y lo más probable es que lo que se avecina ahora sea un cambio de humanidad, consistente en una ampliación y diversificación de "lo humano", yendo en esto más allá de la biología.
¿Que las iniciativas e inversiones en IA provienen de grandes empresas que se mueven por dinero y por prestigio personal y corporativo? Pero ese es el tipo de economía que se prefiere y defiende hoy a brazo partido, y pasará tiempo antes de que sea reemplazada por otra economía. ¿Que no hay suficientes regulaciones éticas ni jurídicas en el caso de la IA? Como siempre no más: el derecho va a la zaga y el progreso moral aún más. ¿Cuántos milenios pasaron antes de que se establecieran los derechos humanos?
¿"Desarmar" la IA se hará con toda ella o solo con las armas producidas y guiadas por esta? Bueno, tales armas ya están siendo devastadoramente utilizadas por los Estados más poderosos del mundo.
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