Soberanía real y efectiva
Se aproxima una segunda vuelta en las elecciones orientadas a escoger presidente y vicepresidente de la República
Se aproxima una segunda vuelta en las elecciones orientadas a escoger presidente y vicepresidente de la República. Decidiremos los colombianos, no los extranjeros, toda vez que, según el preámbulo de la Constitución democrática de 1991, la Asamblea Nacional Constituyente, elegida por el pueblo, puso en vigencia un ordenamiento jurídico, "en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana". Subrayo: En ejercicio del poder soberano del pueblo. Mucho antes de los estudios universitarios, siendo muy niño, aprendí en mi casa las nociones propias de la democracia, la independencia y la soberanía. En palabras de mi padre Darío Hernández, "los colombianos somos libres. No dependemos, ni podemos depender de nadie, menos aún de otros países. Nos liberó Simón Bolívar y jamás debemos perder nuestra esencia democrática. El que decide es el pueblo". Eso no se olvida. Y menos todavía cuando se conoce y estudia una Constitución como la de 1991, democrática, participativa, pluralista, garantista de la libertad, los derechos y la dignidad humana, en condiciones de plena igualdad real y objetiva. Me refiero a la soberanía -de la cual es titular el pueblo colombiano-, a propósito de la indebida intervención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el ámbito de nuestro proceso electoral. Al tenor del preámbulo de nuestra Constitución -que, según la jurisprudencia, tiene carácter vinculante-, ese ordenamiento fundamental estatuye un sistema jurídico y político, "con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana". No prevalece, aunque algunos medios de comunicación y redes sociales lo quieran, el apoyo extranjero. Como lo dijo la Corte Constitucional en la Sentencia C-1189 de 2000 (M. P.: Dr. Carlos Gaviria), "las relaciones exteriores de Colombia encuentran uno de sus fundamentos en el principio de la soberanía nacional, el cual fue consagrado por la Carta de las Naciones Unidas (artículo 2.1) como uno de los cimientos esenciales del orden interestatal. (...) Tal y como lo precisó la Corte Internacional de Justicia en el caso del Estrecho de Corfú, este principio confiere derechos a los Estados, pero también les impone claras y precisas obligaciones internacionales, entre las cuales sobresale la de respetar la soberanía de las demás naciones, en toda su dimensión". De conformidad con lo previsto en el artículo 3 de la Constitución, la soberanía "reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece". El artículo 40 confiere al ciudadano colombiano -no a presidentes, ni tampoco a ciudadanos, ni a parlamentarios de otras naciones- el derecho al voto y a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político. Invadir, desde el exterior, la órbita de la soberanía de un Estado y en sus procesos de elección ofende gravemente a su pueblo y vulnera el derecho internacional. Colombia es un Estado libre, soberano, independiente, que no se entrega a potencias externas. Desde 1819, somos una República que ejerce su libertad, su independencia total, su soberanía. No nos debemos ni sujetamos, ni obedecemos a gobernantes extranjeros.
Punto de referencia
José Gregorio Hernández Galindo