Abelardo, Keiko y la ayuda de Dios
El sábado 6 de junio, en vísperas de las elecciones peruanas, Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella conversaban de (geo)política en una videollamada de dos minutos y medio
El sábado 6 de junio, en vísperas de las elecciones peruanas, Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella conversaban de (geo)política en una videollamada de dos minutos y medio. Abelardo andaba en su camioneta por alguna calle de aquí y sostenía a Keiko en la pantallita del celular, con el brazo estirado -como parece gustarle- al estilo selfi. A través de la ventanilla se divisaban carros estacionados, algún predio detrás de rejas y unos uniformados de verde en sus motos policiales, pero después el mundo exterior desapareció y solo quedó la charla. "Querida presidenta, porque serás presidenta con la ayuda de Dios", fue la salutación de Abelardo, a la que ella respondió, con humildad impostada, "con la ayuda de Dios, vamos a decretarlo". ADLE la felicitó por ser "una luchadora de la democracia incansable" (sic), y KF le retornó la felicitación por su valentía. "Yo, porque vengo de familia, pero tú estás poniendo muchas cosas en riesgo", agregó K, quizás para subrayar, en el guion de los mutuos elogios, el espíritu de servicio, o quizás para recordar la condición de A. como abogado exitoso, y advenedizo en política. Él le "confesó", frente a la cámara, que lo que más había disfrutado, después de su esposa y sus cuatro hijos, era la campaña. Si Dios lo permite, vamos a estar juntos, (de la mano), siguieron diciéndose frente a X, y dijeron más frases hechas: que la batalla es durísima, que el desafío es luchar contra el crimen transnacional y fortalecer la relación comercial, etcétera, pero la conclusión estuvo a cargo de Keiko: "me encanta que la región esté virando; faltamos tú y yo". La nota final llegó de la propaganda de ADLE: "Firme por el Perú y firme por la patria" fue el remate de siempre, con el candidato y su vice, y sus manos extendidas o en puño que son elocuentes. No hay que ser muy suspicaz para deducir que el vecindario recorrido fue más allá de unas cuadras locales. Como aquellos mapas que tantas veces hemos visto en las películas de guerra, la charla recorrió un inventario de punticos: Milei en Argentina, Kast en Chile, Paz en Bolivia, Bukele en El Salvador, y así sucesivamente, con los países que están en procesos electorales. La ruta que está virando, según K. Fujimori, es la de los gobiernos de izquierda o de centro en Latinoamérica, que han sido rotulados, y también estigmatizados, como "comunistas", con un estándar discutible que impuso Trump I y que llevó al extremo Trump II. Con semejante vara para medir, casi todo el mundo quedó situado a la extrema izquierda, y no hay que ser experto en historia -quizás solo hay que haber vivido bastantes años- para saber lo que sigue. Toda esa oposición -y esa rabia- contra los derechos humanos o contra instituciones que van de la ONU a la JEP y contra cualquier avance en inclusión en asuntos de familia o de género ya la conocemos y conocemos también la deriva autoritaria que le sigue, con todos sus silencios, su represión y sus estatutos de seguridad. Sin considerar el contexto de América, con Trump incluido, es difícil entender lo que nos jugamos en esta elección nacional y saber que las ambiciones de Abelardo no son solo suyas ni estamos hablando de un caso aislado. Olvidarse de Trump y de lo que ya demostró que es posible hacer en un par de meses es engañarse, y es también olvidar la historia. En un libro de Siegmund Ginzberg titulado Síndrome 1933, sobre la Europa de hace un siglo, leo un año que, según el autor, se presentaba rutinario. La crisis de entonces era distinta, pero impresiona leer la repetición de tantas circunstancias. Frente a la disyuntiva de salir de una crisis en una dirección o en la contraria, a veces no se advierten las peligrosas repeticiones de la historia, hasta que se hace demasiado tarde.
Habitación propia
Yolanda Reyes