Miércoles, 17 de Junio de 2026

La aritmética del bienestar

ColombiaEl Tiempo, Colombia 9 de junio de 2026



Colombia debe dejar de tratar el crecimiento económico como un asunto técnico o secundario



Colombia debe dejar de tratar el crecimiento económico como un asunto técnico o secundario. Es la condición básica del bienestar. Sin crecimiento no hay empleo suficiente, no hay mejores salarios, no hay recaudo sostenible ni inversión social duradera. Todo lo demás, sin una economía que produzca más, termina siendo retórica, deuda o inflación. La discusión de campaña y de la agenda pública debería comenzar por una pregunta sencilla: ¿a qué velocidad puede crecer Colombia? No es una pregunta menor. Probablemente es la más importante de todas. Porque no es lo mismo crecer al 2,5% que al 4%, al 5% o al 6%. La diferencia no es una cifra en una tabla. Es una generación entera de oportunidades, de empleos, de salarios y de movilidad social real para millones de familias. El PIB per cápita de Colombia, medido en paridad de poder adquisitivo, ronda los US$22.500. México está cerca de los US$25.000; Chile supera los US$34.000; Portugal se acerca a los US$50.000. La distancia no es abstracta: se refleja en salarios, infraestructura, calidad de servicios, capacidad del Estado y oportunidades reales para los ciudadanos de cada país. Si el ingreso por habitante creciera al 2,5% anual, a Colombia le tomaría cerca de cinco años alcanzar el nivel actual de México, casi dos décadas llegar al de Chile y más de tres décadas acercarse al Portugal de hoy, asumiendo de manera irreal que esos países se quedan quietos esperando. Si Colombia lograra crecer al 5% per cápita, alcanzaría el nivel actual de Chile en menos de una década y el de Portugal en unos 17 años. Esa es la aritmética del bienestar. A 2,5%, Colombia administra la mediocridad. A 5%, comienza a cerrar brechas históricas. A 6%, podría proponerse una transformación real en una generación. Pero el objetivo no puede ser crecer de cualquier manera. Ese crecimiento debe venir acompañado de empleo formal, mejores salarios, educación pertinente, infraestructura regional e inclusión productiva para quienes hoy están por fuera de la economía moderna. Por eso resulta tan dañino despreciar el crecimiento o presentarlo como una obsesión de economistas. No hay ningún país en el mundo que haya superado masivamente la pobreza sin crecimiento sostenido. Ninguno. Corea del Sur, Irlanda, Chile, Portugal o Vietnam siguieron caminos distintos, con instituciones y modelos políticos muy diferentes. Pero todos crecieron durante largos períodos, aumentaron la productividad, atrajeron inversión, generaron empleo y elevaron el ingreso de sus ciudadanos. Se puede repartir mejor una economía dinámica. Lo que no se puede es repartir indefinidamente una economía estancada. Colombia no necesita escoger entre crecimiento y equidad: necesita crecer más precisamente para construir una sociedad más equitativa. La formalización laboral, la educación de calidad, la infraestructura, la seguridad energética y la transición ambiental requieren recursos que no aparecen por decreto. Los produce una economía que invierte, compite, exporta e innova. Antes de prometer más gasto, más subsidios o más derechos sin financiación clara, los candidatos deberían explicar cómo harán para que Colombia vuelva a crecer al 4% o al 5% durante varios años consecutivos. Cómo recuperarán la inversión privada. Cómo aumentarán la productividad. Cómo destrabarán la infraestructura, garantizarán energía competitiva, abrirán mercados y generarán empleo formal a escala. La pobreza no se derrota repartiendo mejor una economía estancada. Se vence construyendo una economía capaz de producir más riqueza y más oportunidades para todos. Pensar lo contrario no es audacia política. Es desconocer una de las lecciones más consistentes de la historia económica moderna.
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