La Roja mejora su imagen, pero todavía no alcanza para despertar ilusiones
Ante la discreta República Democrática del Congo, el equipo de Nicolás Córdova lavó en parte la pálida presentación frente a Portugal del sábado. Los golazos de Darío Osorio y Matías Sepúlveda configuraron el triunfo nacional, que sirve más como golpe anímico que medida para proyectar una evolución para el próximo proceso mundialista.
El silencioso y coqueto Stade de la Source, en Orléans, despidió a la selección chilena en su rol de sparring de mundialistas. El triunfo 2-1 ante el discreto cuadro de la República Democrática del Congo puso cierto decoro a la gira del equipo de Nicolás Córdova que, bajo el prisma de los números, ha hecho una correcta labor, aunque sigue sin convencer el paladar táctico.
En rigor, lo discreto no solo fue el elenco africano; fue todo el trámite en general. Mientras que para la antigua Zaire era el último apretón antes de su debut mundialero, el miércoles 17 ante Portugal en Houston, para la Roja era la opción de mover algunas piezas con respecto al anterior duelo con los lusos.
El chileno-suizo Nils Reichmuth, ubicado en el centro de la cancha, aportó con orden y juego, acompañando a Vicente Pizarro y a un correcto Felipe Méndez. Francisco Sierralta se mostró solvente en la zaga como socio de Guillermo Maripán y Lucas Cepeda intentó poner peligro por la banda izquierda.
De hecho, de los pies del atacante del Elche español vino la más peligrosa para los nacionales en el primer tiempo, cuando su centro rasante no alcanzó a ser conectado por Gonzalo Tapia en el corazón del área chica. Fue lo más destacado de una primera mitad opaca en que el rival solamente inquietó con un tiro cruzado de Noah Sadiki que conjuró Lawrence Vigouroux.
Lo mejor vino en el complemento. Darío Osorio le sacó brillo a su remate de distancia: ningún congoleño lo apretó, el zurdo aprovechó el claro y desde 35 metros sacó un zapatazo inatajable para Lionel Mpazi Nzau.
Pero el partido no levantó e incluso se desvirtuó más con los múltiples cambios de lado y lado, aunque una de las modificaciones rindió frutos para Córdova: apenas siete minutos llevaba en cancha Matías Sepúlveda cuando encajó anguladamente un tiro libre de distancia para poner el segundo tanto nacional.
Con más orgullo que juego, el Congo encontró el descuento en una patriada del lateral Joris Kayembe que envalentonó a sus compañeros y puso algo de preocupación en la defensa chilena.
El balance numérico para Córdova en este periplo por Portugal y Francia muestra cosas rescatables. Ganó uno de sus dos duelos, anotó tres goles y triunfó en el partido donde, en el papel, el rival era más débil. Pero las cifras no ayudan para graficar un funcionamiento donde poco se rescata.
Hubo mejoras, evidentemente. La Roja lavó la mezquina imagen que dejó en la derrota del sábado, pero tampoco es suficiente para crear grandes ilusiones. A grandes rasgos, la zaga respondió, aunque Gabriel Suazo trabajó más tratando de parar por su banda al peligroso tándem de Aaron Wan-Bissaka y Theo Bongonda. Pero la parte ofensiva se quedó corta en peligro: Tapia, como '9', se perdió entre los centrales, y Osorio con Cepeda, pese a sus aportes, tampoco generaron tanta profundidad de ataque. En todo caso, no contribuye a la causa un adversario que prefiere no arriesgar para llegar bien parado a su reaparición copera tras 52 años.
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