Hamlet en el banquillo
La fiscal María Piqué (de espaldas), el defensor Ricardo Gil Lavedra y Hamlet (el actorJulián Larquier), en una escena de Hamlet, continúe
Fue, si cupiera alguna definición, un acto de justicia poética
La fiscal María Piqué (de espaldas), el defensor Ricardo Gil Lavedra y Hamlet (el actorJulián Larquier), en una escena de Hamlet, continúe
Fue, si cupiera alguna definición, un acto de justicia poética. El sábado pasado, un grupo de actores, juristas reputados y un grupo de espectadores-jurado juzgamos a Hamlet (sí, el personaje shakesperiano ) por el asesinato de Polonio, su exsuegro.
La iniciativa -no vale decir "función", porque es tanto más que una obra teatral- se llama Hamlet, continúe y sus idearios son el director catalán Roger Bernat y el dramaturgo suizo Yan Duyvendak, quienes hace unos años se propusieron llevar a escena en distintos puntos del mundo a jueces, abogados y fiscales reclutados en sus respectivos colegios profesionales para poner en el banquillo del acusado al rol más magnánimo que ha dado la historia: el melancólico, inteligente y taciturno Hamlet.
Así, el último fin de semana, como parte de la programación de Paraíso Club , el Teatro Regio se vistió de tribunal para abordar lo que podríamos llamar "el drama de la justicia", un híbrido entre realidad y ficción del que también participaron un perito forense, un psiquiatra y una oficial (todos profesionales auténticos del poder judicial argentino).
Algunas aclaraciones más: el proceso-espectáculo se lleva a cabo sin ensayos previos, solo con un dossier de instrucciones que también se comparte con el público a fines de llevar adelante el "juicio".
Hamlet, continúe incluye los testimonios de tres personajes de la obra cumbre de William Shakespeare : Ofelia, Gertrudis y el protagonista/acusado en cuestión, que fueron aquí representados, como corresponde, por tres actores (Bárbara Massa, la siempre genial Alejandra Flechner y Julián Larquier, respectivamente). Días antes de la audiencia, todos ellos debieron concurrir "en personaje" a un tribunal para declarar acerca del confuso episodio que -como bien sabemos todos los que hemos leído/visto la obra original- culmina con la muerte de Polonio, ese sujeto vil, pusilánime y manipulador que es apuñalado mientras se esconde (como todo cobarde) detrás de una cortina. Ricardo Gil Lavedra como abogado defensor de Hamlet en la obra/performance realizada en el Teatro Regio, el sábado 6 de junio
Del lado jurídico de la cuestión fueron parte la jueza Karina Andrade, la fiscal María Piqué, el perito psiquiátrico Leonardo Ghioldi, el forense Santiago Maffia, la oficial Paula Garrido y el jurista Ricardo Gil Lavedra , que ofició nada menos que de abogado defensor del enorme personaje. Todos ellos más los espectadores, claro, que fuimos convocados como jurado e instados a tomar notas de las declaraciones (impactante escuchar al forense dar detalles de la "lesión punzocortante" que le dio muerte a Polonio y al psiquiatra brindar conclusiones del peritaje como "el imputado proviene de una familia altamente disfuncional y está muy influenciado por la figura materna") para después poder llevar a cabo esa labor que la magistrada definió como "la tarea más difícil que puede tener un ciudadano: juzgar a un par".
El ejercicio se desarrolla con los testimonios e interrogaciones a los testigos y la exposición de las pruebas, hasta que llegan los alegatos finales. Y en esa instancia ocurrió la magia: en un despliegue de erudición y competencia, el defensor tomó la palabra y le habló al público/jurado acerca de Hamlet como pocas veces lo hemos pensado . Remarcó que se trata de un joven "en duelo por su padre y por la ruptura con su novia, que asiste, como una burla, al casamiento de su madre con su propio tío. Hamlet no es un loco", distinguió Gil Lavedra. " Hamlet es un devastado ". Y a continuación, convocó al jurado a pensar "más allá de toda duda razonable" en el hecho juzgado, a la luz de dos verbos clave: conocer y querer. "Si no hay conocimiento y voluntad, hay dolor y tragedia, sí, pero no responsabilidad penal. Y en caso de duda, hay que absolver. Si se condena con duda", recalcó, "no se hace justicia".
Esa noche, después de un cuarto intermedio para la deliberación, el público/jurado absolvió a Hamlet. Fuimos todos actores de un drama del cual nos sentimos, a la vez, responsables y víctimas. Nada menos que el teatro de la vida. Shakespeare, estoy segura, nos habrá guiñado un ojo.