Mensaje a las izquierdas
Si a Kast le va mal, no necesariamente gana la izquierda.
Ni renovación de proyectos ni "aprendizajes".
La estrategia de las izquierdas durante estos primeros meses como oposición no ha sido otra que apostar al fracaso de la administración Kast. Es cierto que el Frente Amplio está desarrollando un congreso ideológico y el PS una conferencia programática, pero en su actuar concreto no hay evidencias de alguna reflexión seria respecto de lo que ha sido la trayectoria del sector desde los días del estallido hasta ahora. Cual si el fracaso histórico de la Convención Constitucional y el magro balance del gobierno de Gabriel Boric hubieran sido meros accidentes, las izquierdas, en los hechos, parecen confiar en que el largo ciclo de alternancias iniciado en 2010 tendrá en 2030 una nueva reedición que los instalará de vuelta en el poder.
Hubo en marzo algún intento por hacer las cosas de modo diferente. Sin embargo, la estridencia y la comodidad parecen haber ganado. El costo político que le significó al gobierno el alza de los combustibles y, luego, la suma de errores cometidos por el oficialismo en las primeras semanas de administración resultaron demasiado tentadores: ¿para qué gastar esfuerzos en difíciles ejercicios de autocrítica y poner en duda la unidad del sector, si es más sencillo sentarse a esperar el declive del adversario en las encuestas (y de paso contribuir a ese declive levantando una retórica inflamada)?
Pero los últimos días han evidenciado los límites de esa fórmula. Luego de un cambio de gabinete bien acogido por la opinión pública, la Cuenta Presidencial mostró que el Gobierno sí tenía capacidad de recuperar la iniciativa y mejorar su aprobación. Los sondeos telefónicos lo confirmaron, y ayer la encuesta CEP -cuyo trabajo de campo terminó en mayo y no recogió los efectos del discurso ante el Congreso Pleno- ratificó que, más allá de las discretas cifras que registra la evaluación presidencial, hay alineamiento entre las inquietudes de la población y la agenda del Ejecutivo.
Todo eso ya debiera ser suficiente motivo de reflexión en las filas de la izquierda, pero la CEP trajo un mensaje adicional: la consolidación de Franco Parisi, el político que más subió su evaluación positiva y cuyo partido se situó, en empate con el PS, como el que genera mayor identificación. Sería absurdo deducir de esto proyecciones electorales. La conclusión, sin embargo, no es menos relevante: hoy las izquierdas ya no son percibidas como la alternativa obvia frente a la derecha. O, dicho más coloquialmente, si a Kast le va mal, no necesariamente es la izquierda la que cosecha. El sorprendente resultado de Parisi y del Partido de la Gente en la última elección de 2025 así lo había sugerido, pero además el excandidato y su colectividad han demostrado ahora un aprendizaje político importante. Superando lo que fue un mal debut de su nueva bancada en el Congreso, el PDG ha sabido luego sacar ventaja de su posición de partido bisagra, incluso consiguiendo del Gobierno el apoyo para su poco ortodoxa iniciativa de compensación del IVA a ciertos productos.
Así, mientras Parisi hoy le ofrece a la opinión pública remedios y pañales más baratos, las izquierdas solo pueden mostrar como balance de estas semanas una poco entusiasmante sucesión de controversias e invectivas. Demasiado poco para quien aspira a volver a ser gobierno.