Jueves, 11 de Junio de 2026

La pulsión iliberal extrema

ColombiaEl Tiempo, Colombia 11 de junio de 2026


Jorge Restrepo
Ambas candidaturas a la Presidencia tienen una pulsión iliberal, una tendencia instintiva a abandonar el sistema económico y político que es esencial a Colombia: las garantías de expresión, prensa libre, ejercicio de profesión y empresa que nos permiten progresar; la libertad de iniciativa privada, de prestación de servicios de interés público y sociales —de la educación a la banca— por el sector privado; y la protección progresiva de los derechos de propiedad


Jorge Restrepo
Ambas candidaturas a la Presidencia tienen una pulsión iliberal, una tendencia instintiva a abandonar el sistema económico y político que es esencial a Colombia: las garantías de expresión, prensa libre, ejercicio de profesión y empresa que nos permiten progresar; la libertad de iniciativa privada, de prestación de servicios de interés público y sociales —de la educación a la banca— por el sector privado; y la protección progresiva de los derechos de propiedad. Este sistema no es libertario ni fascista. La trayectoria constitucional que ha permitido el progreso que caracteriza a la sociedad colombiana está bien definida por el respeto a las sentencias de los jueces y por las restricciones que la Constitución y la ley le imponen al gobierno: la delegación del poder de emisión en el banco central autónomo, y desde 1991 independiente; que el Congreso y no el gobierno sea el que decida y limite el gasto y la deuda; y la libertad de precios y la búsqueda de una mayor competencia. Esta trayectoria constitucional centenaria es lo que, una y otra vez, los candidatos ponen en cuestión. Algunos ejemplos: los llamados al diálogo, la concertación y al ‘pacto nacional’ que propone el candidato del oficialismo buscan sustituir muchos de los límites que impone la Constitución al gobierno —en emisión monetaria, deuda, gasto público— con decisiones del ejecutivo. ‘Profundizar las reformas sociales’ en materia de salud, pensiones y educación llevaría a restringir aún más la participación del sector privado en la economía, ampliaría la fijación administrativa de precios y restringiría la competencia y la libertad de elección. Acabar con el Consejo de Estado busca librarse de las ataduras que limitan el poder ejecutivo. La punta del iliberalismo, sin embargo, es su pedido para que los colombianos que ‘no les guste nuestra gente, nuestra cultura y nuestra comida’ decidan ‘abandonar el país’; el extremo aquí es usar una vieja canción de protesta contra una dictadura para segregar a los ciudadanos con preferencias contrarias. El candidato del otro extremo no se queda atrás: los anuncios de abandonar selectivamente el sistema internacional basado en reglas y los organismos multilaterales, así como la propuesta de permitir que los particulares tengan armas, rompen con la tradición, esencial, de un Estado respetuoso de los derechos humanos y con la búsqueda del monopolio estatal de la fuerza y la garantía de protección a los ciudadanos (lo que además es tontísimo, pues causa más violencia armada, en vez de reducirla). Ya hablamos antes del control de precios en el crédito (¡!). El resultado de la elección será, en cualquier caso, adverso a nuestra democracia liberal. Tal vez uno de los dos candidatos decida cambiar de curso. Un cambio drástico y súbito pueda ser el camino a la Presidencia: el que decida abrazar primero el respeto por la Constitución, y acatar —así sean injustas— las decisiones de las cortes en su contra y los límites a su eventual gobierno. Apuesto que muchos indecisos votarían por el que así decida diferenciarse del otro extremo.
Profesor Pontifica Universidad Javeriana.
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