Viernes, 12 de Junio de 2026

Elogio de la parsimonia

ColombiaEl Tiempo, Colombia 12 de junio de 2026


Julián López Murcia, DPhil
El Plan Nacional de Desarrollo vigente tiene 372 artículos


Julián López Murcia, DPhil
El Plan Nacional de Desarrollo vigente tiene 372 artículos. El anterior superaba los 300. Cada cuatro años, el Congreso aprueba una ley ómnibus que mezcla la visión de país con microrreformas, facultades y artículos que pocos recuerdan haber discutido. Gane quien gane el 21 de junio, tendrá sobre sí esa tradición. Mi propuesta es que la rompa. Su principio rector debería ser uno muy diferente: la parsimonia. ¿Qué es la parsimonia? No es lentitud ni tacañería. Tampoco es quitar por quitar. Es la regla conocida como la navaja de Occam: entre dos explicaciones válidas, la más simple es la mejor. La ciencia la aplica a diario: un buen modelo usa solo las variables necesarias para explicar la mayor parte de un fenómeno. Añadir más variables apenas mejora la explicación, pero encarece y enreda el modelo. Al Estado le puede ocurrir lo mismo. Christopher Hood, el recordado profesor de Oxford, agrupó los valores de la administración pública en tres familias y bautizó la de la parsimonia con un lema: ‘keep it lean and purposeful’ —esbelta y con propósito—. En este contexto específico, considero necesario ajustar nuestra planeación estatal en esa dirección. No es lo mínimo: es solo lo necesario. No es desregular: es regular mejor. La parsimonia empieza por la agenda. En On Leadership, su manual para mandatarios, el exprimer ministro británico Tony Blair aconseja tener un plan que fije "el destino, los hitos y, sobre todo, las prioridades". Y advierte: "las prioridades son las cosas grandes y por eso no puede haber quince —con suerte serán cinco—, y deben definirse al comienzo del gobierno, o el esfuerzo se dispersa y los acontecimientos dictan la agenda". El Reino Unido, por ejemplo, no tiene ley de plan de desarrollo: opera con cinco misiones y unos pocos hitos verificables, atados a la asignación de recursos. Cualquiera puede ver qué fue priorizado y cobrarlo en las urnas. Entre centenares de artículos, ¿quién distingue lo prioritario de lo accesorio? No necesitamos un PND interminable, sino uno que ataque retos esenciales como la seguridad energética e hídrica. No necesitamos pedirles 150 reportes a los municipios para saber cómo están, sino solo los esenciales para activar el apoyo departamental o nacional. Ni exigirle miles de datos a un prestador de servicios públicos —cuando quien lo vigila no puede procesarlos todos—, sino los indispensables para asegurar la prestación. En fin, necesitamos un DNP que promueva la reducción de cargas no esenciales a empresas, departamentos y municipios, en lugar de añadirlas. El 7 de agosto, el nuevo presidente enfrentará la tentación de prometerlo todo y de pretender el control centralizado. La invitación es a una operación más difícil y seria: priorizar de forma inteligente. ¡Parsimonia al poder!
Director de Nalanda Analytica.
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