El Comercio, Perú
13 de junio de 2026
Regresé de Barcelona con una convicción más firme: la salud digital ya no es una promesa de futuro; es una transformación en curso que está cambiando la forma en que los sistemas de salud atienden, deciden y cuidan a sus pacientes
Regresé de Barcelona con una convicción más firme: la salud digital ya no es una promesa de futuro; es una transformación en curso que está cambiando la forma en que los sistemas de salud atienden, deciden y cuidan a sus pacientes. Participé en el Health Revolution Congress y en una Expedición de Aprendizaje en Salud Digital. Lo que vi no fue solo tecnología: vi voluntad política, articulación institucional y liderazgo comprometido. El caso más revelador fue el modelo One Step Ictus del hospital Universitari Vall d’Hebron: el paciente con ictus isquémico pasa directamente de la ambulancia a la sala de angiografía, donde recibe diagnóstico y tratamiento de manera simultánea, reduciendo el tiempo de intervención de 70 minutos a solo 15 o 20. El 48% de los casos más graves logra recuperación clínica casi total, frente al 27% del circuito tradicional. Lo verdaderamente transformador no fue la tecnología, sino el rediseño del modelo asistencial. La tecnología fue el habilitador; no el protagonista. Detrás de estas experiencias está un ecosistema. Cataluña cuenta con 419 empresas de salud digital, el 65% con inteligencia artificial, sostenidas por una arquitectura institucional deliberada: estrategia digital, interoperabilidad, validación clínica antes de escalar y un sector público que se integra muy bien con el sector privado. Joan Guanyabens lo sintetizó con claridad: la transformación digital no es un asunto técnico; es una política pública que requiere visión, gobernanza y liderazgo. ¿Qué significa esto para el Perú? Que la primera reforma no debe ser tecnológica, sino institucional: construir el piso habilitante antes de hablar de algoritmos. El próximo gobierno debería asumir la salud digital como una reforma estructural, no como una oficina tecnológica aislada; una reforma capaz de validar innovaciones, medir su impacto y escalar únicamente aquello que genere valor real para las personas y el sistema de salud. Pero lo más importante que aprendí en Barcelona es que la transformación depende de personas comprometidas. El Perú tiene esos líderes en el sistema de salud. Lo que necesita es un Estado que los convoque, los proteja de la rotación y les otorgue mandato, recursos y continuidad. El próximo gobierno deberá decidir si se limita a administrar respuestas convencionales o si impulsa una verdadera transformación sanitaria. Esa decisión exige construir un sistema capaz de aprender, innovar y poner a cada peruano en el centro.