Tiempos de polarización
Como anticipábamos , la segunda vuelta presidencial en Perú resultó en un virtual empate técnico, aún no resuelto, entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, evidenciando una fragmentación política, ideológica y geográfica del país
Como anticipábamos , la segunda vuelta presidencial en Perú resultó en un virtual empate técnico, aún no resuelto, entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, evidenciando una fragmentación política, ideológica y geográfica del país. Esta no es una situación singular del Perú -aunque se ha venido repitiendo en elecciones pasadas-, sino que caracteriza procesos electorales en diversos países.
A pesar del desprestigio del sistema electoral peruano, por las fallas registradas durante la primera vuelta, la ciudadanía espera pacientemente un conteo voto a voto que probablemente no concluirá hasta julio. Se están escrutando las actas de votación en el exterior y un factor decisivo pueden ser las 1.613 actas observadas que serán revisadas por los Jurados Electorales Especiales, las que involucran más de 400.000 votos. El cambio de mando es el 28 de julio.
Cada país tiene sus propias particularidades que explican la polarización, pero en estos tiempos se observan variables que trascienden las fronteras. Crecientemente, se imponen candidatos populistas, de discursos extremos, que cultivan las narrativas de odio, atacan a los medios de comunicación independientes y denigran las posturas de moderación y diálogo.
El desencanto con la democracia conduce a la búsqueda de alternativas anti-élite y antisistema. Los líderes extremistas que en el pasado solían ser expresiones exóticas del sistema político, ahora se han tornado en actores protagónicos.
Para los líderes polarizantes no existen los términos medios. Las reformas graduales son una renuncia política; los acuerdos son descritos como una concesión al adversario -en la extrema derecha se acuñó la noción de una "derechita cobarde" contra los sectores negociadores, y en la izquierda radical surgió el concepto del "entreguismo"-; en tanto los argumentos técnicos son retratados como falta de carácter o decisión. El discurso polarizante es exacerbado por el ecosistema informativo digital, donde las redes sociales y la inteligencia artificial aceleran la difusión de mentiras y narrativas extremas.
La fragmentación geográfica es otro factor de división que agrega a la polarización político-ideológica. En el caso del Perú se volvió a manifestar la fractura entre la costa urbana más Lima, donde Keiko se impuso ampliamente, versus la sierra y las regiones del sur del país donde Sánchez ganó de manera contundente. Desde hace tiempo parecieran dos universos bajo un mismo país, separados por clivajes económicos y sociales, y una desconfianza de las zonas alejadas respecto a la capital.
Algo parecido pasa en Colombia, donde la segunda vuelta enfrentará a dos candidatos de los polos del arco político: el ultraderechista Abelardo de la Espriella, que obtuvo un 43,7% de los votos y se impuso en la zona andina, versus el senador de izquierda Iván Cepeda, que reunió un 40,9% de los votos y ganó en Bogotá y las costas del país. Una polarización territorial semejante a lo acontecido cuatro años atrás.
Recientemente , el Informe Regional 2026 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), titulado Democracias bajo presión, aborda el fenómeno de la polarización consignando que América Latina es la región más polarizada del mundo. Latinoamérica obtiene una puntuación de 3,4 sobre 4 en el índice de polarización del PNUD, donde 4 es el máximo de hostilidad, superando la media mundial de 2,9.
El informe del PNUD advierte que la polarización ha dejado de ser una simple diferencia de opiniones para convertirse en dinámicas de confrontación entre un nosotros versus ellos. El desafío central para las democracias de América Latina es que estas tensiones no deriven en rupturas ni en violencia, sino que puedan procesarse por medio de canales institucionales. Este es un gran reto, pues la región concentra a cuatro países entre los 10 más afectados por la violencia política.
De manera similar a lo que he argumentado en mi libro "Democracias en peligro", el informe del PNUD identifica cinco presiones emergentes sobre la democracia, además de la polarización: la irrupción de la inteligencia artificial y las redes sociales; la inmigración irregular; el avance de la delincuencia y el crimen organizado, y la crisis climática y de pérdida de biodiversidad.
Estos factores -a los cuales agrego fenómenos persistentes como las desigualdades económico-sociales y la corrupción- interactúan entre sí y potencian la polarización. En definitiva, la polarización es un síntoma de deterioro de las democracias. Preservar la democracia requiere renovación, movilización ciudadana y cooperación internacional; de lo contrario, seguiremos presenciando enfrentamientos electorales donde se imponen la demagogia y las ofertas autoritarias.
Heraldo Muñoz fue canciller de Chile entre 2014 y 2018