De Caval a Kast, la caída del "precursor del fitness " en Chile tras la quiebra de Energy
Hizo noticia como entrenador del Presidente electo, su excompañero de curso en el Deutsche Schule, y hoy suma controversias luego que sus gimnasios bajarán la cortina de un día para otro. Alex Wiesner trajo la primera franquicia del rubro al país. "Es un optimista de manual. Siempre tuvo fe de que todo iba a salir bien", dicen cercanos. Negociaron hasta último minuto, primero con un reconocido empresario del rubro, y luego con los malls . Hasta que el banco BCI activó su caída. María José Tapia
E n octubre de 2025, Alex Wiesner Riffart lanzó el libro "Hasta los 100, bien", con su visión para una vida plena; un mes después participó en un campeonato de fisicoculturismo, y durante la campaña trabajó con el Presidente José Antonio Kast en un plan de ejercicios y dietas. Si en privado se presentaba como su personal trainer , desde La Moneda confirman que nunca fue así.
Una trayectoria que solo daba cuenta de éxitos. Reconocido como precursor del fitness en Chile, la semana pasada vio caer su imperio y de empresario exitoso pasó al centro de cuestionamientos por parte de trabajadores y clientes de los gimnasios Energy, la principal cadena del país, que fundó en 1996.
A solicitud del Banco BCI, los gimnasios -representados por el estudio Nelson Contador Abogados- se acogieron a la liquidación con deudas por $14.926 millones y 465 trabajadores. Las cuentas por cobrar eran de $1.696 millones, y por pagar de más de $14.829 millones. Los principales acreedores son Scotiabank, BCI, además de operadores como Mallplaza y Cencosud.
"La empresa reconoce que, debido al agravamiento del mal estado de sus negocios y a la situación financiera, se encuentra en la imposibilidad de dar cumplimiento a las estipulaciones contenidas en el Acuerdo de Reorganización", respondió Energy el 5 de junio al tribunal.
Bajó la cortina con 80.000 clientes y trabajadores impagos.
La primera franquicia
Exalumno del Deutsche Schule -donde fue compañero de Kast-, Wiesner desarrolló desde joven su pasión por las pesas y el fisicoculturismo. Estudió, no obstante, agronomía, para seguir el negocio agrícola familiar y la exportación de fruta.
Tras terminar la carrera viajó a EE.UU. a estudiar nutrición y personal trainer . Ahí conoció el formato de gimnasios con entrenamiento frente a televisores, bien equipados, y decidió traerlo a Chile, que no tenía este tipo de franquicias.
A los 28 años, contaría en un pódcast al actor Felipe Viel, mandó un fax a la cadena Powerhouse y aceptaron el ofrecimiento. Su papá y dos amigos participaron con un 25% cada uno. Nació el primer Powerhouse en Vitacura. "Fue un exitazo", señaló. Levantó un segundo en Encomenderos y un tercero en Rancagua.
En una feria de EE.UU. conoció al dueño de 24 Hour Fitness, el reconocido empresario Mark Mastrov. Le contó de su cadena, que luego vendería en más de US$ 1.000 millones, con 2 millones de socios y 400 sucursales. "Medían la data del negocio todos los días y nosotros, con suerte, una vez al mes. Llegué con esa idea", dijo a Viel.
En 2004 convenció -contó- a Mastrov de asociarse. Pasaron de tres a 15 locales. Y cambiaron la marca Powerhouse a Energy Fitness Club.
En 2014, Mastrov vendió su participación y entró el fondo de América del Sur Victoria Capital, que hoy controla el 98% de la cadena y Wiesner solo el 2%. Sin embargo -dicen cercanos-, este último siguió siendo el encargado de todo; el fondo fue solo un accionista financiero. "No tenemos nada más que añadir, cualquier comunicación en relación a Energy debe canalizarse por intermedio de su fundador, Alex Wiesner", dijo el CFO de Victoria Capital, Dalmau García, a "El Mercurio".
Entre medio, Wiesner trajo marcas como Hard Candy de Madonna, que abrió y cerró en Parque Araucano, y UFC Gym, enfocado en artes marciales.
La caída comenzó hace un par de año, justo cuando el empresario estudiaba en EE.UU. para ser health coach . Y se preparaba para una competencia de fisicoculturismo, categoría master.
Wiesner y Caval
Hace diez años su nombre saltó públicamente por otro caso. Sus padres, Patricio Wiesner y Helga Riffart, fueron dueños del terreno en Machalí que se vendió a la sociedad Caval S.A., ligada a Natalia Compagnon, nuera en ese entonces de la expresidenta Michelle Bachelet.
Alex participaba de la sociedad familiar Wiesner S.A. que contrató al síndico Herman Chadwick para reorganizar sus pasivos y vender el terreno; debió declarar en varias oportunidades, pues fue quien comandó las tratativas con Chadwick, a quien acusó de quedarse con cerca de $100 millones adicionales a sus honorarios.
Finalmente el sindico fue formalizado y debió indemnizarlos con $2.000 millones.
Mientras transcurría el caso Caval en 2016, Wiesner se asociaba con el actor Cristián de la Fuente; el CEO de la productora Tribu, Sebastián Santander, y el ingeniero civil Eduardo González, en la empresa de servicios aéreos Helixcopters, donde tiene 25% de la propiedad.
Hoy, cercanos señalan que Alex no tiene recursos. De hecho, vendió su auto.
El último interesado
"Energy, con su gran equipo y base de gimnasios, va a volver a brillar", publicó el empresario en su Linkedin hace once meses. "Es un optimista por naturaleza", afirman sus cercanos.
Según se lee en los escritos judiciales presentados por Energy, durante la pandemia la compañía se endeudó. Y la estrechez financiera los obligó a cambiar su modelo. Si la base era la venta de planes mensuales -más costosos y que daban flujo mes a mes- y en menor medida, planes anuales, eso se invirtió. La mayoría fueron los anuales, que daban plata inmediata.
A eso se sumaron nuevos competidores "low cost", como Smartfit, que obligó a Energy a bajar los precios, impactando la calidad del servicio. Un ejemplo fue la piscina del local del Parque Araucano, que quedó "tirada" por falta de mantención.
La apretada estructura de flujo, márgenes estrechos, créditos que necesitaban repactarse y el nuevo IVA a los servicios lo llevaron a solicitar su reorganización en 2024. Victoria Capital no podía inyectar más dinero.
En junio de 2025 salieron de reorganización, y si bien Wiesner apostaba a que eso reactivaría las ventas, eso no pasó. Recién en enero comenzó a estabilizarse.
Pidieron waivers a los acreedores para cumplir las obligaciones, e inició un proceso de venta de la compañía "en cero pesos, el comprador preveía comprarles parte de sus créditos (entre 30% a 40%) a los bancos". Además inyectarle $3.000 millones a la firma; en total unos US$ 12 millones.
El interesado era un viejo conocido. Su exsocio Mark Mastrov, con quien negociaron una oferta -relatan cercanos al proceso- que vencía el 26 de diciembre pasado. Debía ser aceptada por todos los acreedores y un par de bancos no respondieron a tiempo. El 27, Mastrov retiró la oferta. "Fue una sorpresa", subrayan las mismas fuentes.
Sin embargo, la compañía comenzaba a retomar su nivel de ventas y existían dos interesados chilenos. En abril partieron el due dilligence y pidieron a los acreedores un waiver de 45 días. Al final, los interesados ofrecían bastante menos de lo esperados.
"Ahí la situación se complicó", aseguran testigos. Empezaron a negociar con Mallplaza para devolver locales. Si entregaban los gimnasios más deficitarios, el Ebitda aumentaba en unos $500 millones.
Los abogados ya habían preparado cambios al acuerdo de reorganización para modificar los flujos y pedir cierto período de gracia, por la cantidad de finiquitos que implicaban esos gimnasios a devolver. En eso estaban cuando el banco BCI solicitó en abril la liquidación de Energy por incumplir el acuerdo, al no pagar cotizaciones previsionales y acumular una deuda por $1.363 millones con Tesorería. "El ruido en la opinión pública cambió la facturación y la venta bajó a un mínimo histórico", dicen. En mayo ya no pudieron pagar la totalidad de los salarios.
Las conversaciones con Wiesner fueron complejas. "Alex es un optimista de manual, le costó asumir que esta empresa terminara quebrando", dice un cercano.
El viernes, los clientes encontraron los gimnasios cerrados, el personal ni siquiera alcanzó a sacar todas sus cosas. Cercanos al proceso aseguran que no fue lo planeado. "La idea era que las personas pudieran ir al gimnasio y el fin de semana, con menos flujo de público, informar y cerrar, pero Mall Plaza cerró los locales", relatan, "hubo poco tiempo de reacción, y quedó como que la empresa había llegado y cerrado". Múltiples son los clientes que mantienen planes pendientes con Energy y que hoy buscan apoyo legal, al igual que sus cerca de 500 trabajadores. Cuestionan que siguieran captando clientes hasta el último minuto y la venta de máquinas antes del cierre, dineros que no fueron para pagar a empleados, acusan. Cercanos a Wiesner sostienen que esos montos están en manos de la empresa para su uso. Hoy todos los movimientos de dinero pasan por el veedor Enrique Ortiz, y una vez que el tribunal acepte la liquidación, pasarán a manos del liquidador Francisco Conejeros.
"Esto fue por mala administración", cuestiona la abogada Grace Catalán, que asesora a trabajadores, "empezaron a generar muchas deudas y nadie se explica cómo". "Weisner vendió planes como loco a última hora, y no fue capaz de desvincular a trabajadores, los dejó en el aire", agrega.
Ha tratado de contactarlo sin respuesta. Ahora está a la espera de que se coordinen los trabajadores -habría a lo menos tres abogados trabajando- para impulsar una acción penal. "Vamos a pedirle al síndico que califique esto como una quiebra fraudulenta. Y que se declare una unidad económica con el resto de las sociedades que tiene", afirma la abogada respecto a las sociedades orientadas al rubro que tiene Wiesner.
Las alertas se encendieron también cuando su hija Helena Wiesner abrió en febrero un gimnasio en Lo Barnechea: Barre3 Santiago. En Instagram, Helena emitió una declaración y aseguró que su padre no participa de este negocio. "Una coincidencia demasiado rara", dice la abogada Catalán.
Sin embargo, cercanos a Wiesner insisten que no hay dineros de Energy en ese local. Hoy, aseguran, el empresario está concentrado en que el proceso avance rápido, se apruebe la liquidación, para que los trabajadores puedan ser finiquitados y acceder al seguro de cesantía. Y devolver los locales, donde llegarían pronto otras cadenas de gimnasio.
"Sabe que reputacionalmente no hay nada que hacer, pero quiere que esto avance para reparar un poco el daño causado", subrayan amigos. Mientras, los clientes intentan coordinar una demanda colectiva ante el Sernac y recuperar algo de lo invertido. Un objetivo difícil para una empresa que no tiene locales propios, solo es dueña de las máquinas y buena parte está vía leasing o prenda. "Si se venden bien, se paga a los trabajadores y algo a los bancos, nada más".
Contactado Alex Wiesner, no se pudo obtener su testimonio.
Los gimnasios suman deudas por casi $14.926 millones, 465 trabajadores a diciembre y ventas que bordeaban los $1.900 millones mensuales.