El deterioro de las percepciones económicas parece amplificar el desgaste del gobierno de Yamandú Orsi.
Los últimos registros de opinión pública dibujan un escenario desafiante para el gobierno encabezado por Yamandú Orsi. De acuerdo con el Monitor de Opinión Pública de Opción Consultores, en el segundo trimestre de 2026 solo uno de cada cinco uruguayos evalúa favorablemente la gestión del gobierno nacional, mientras que casi la mitad de la población la califica como mala o muy mala. El saldo resultante es claramente negativo y confirma que la administración atraviesa un momento de debilidad en su vínculo con la ciudadanía.
El dato aislado ya constituye una señal de alerta, pero la tendencia es todavía más relevante. La serie histórica muestra un deterioro progresivo: el apoyo al gobierno se reduce medición tras medición, al tiempo que la desaprobación crece a un ritmo más acelerado. En otras palabras, el problema no radica únicamente en que hoy haya más ciudadanos críticos que favorables, sino en que el movimiento de la opinión pública viene consolidándose en una dirección negativa. La comparación con gobiernos anteriores contextualiza la situación de aprobación del gobierno.
Al contrastar los niveles actuales de aprobación con los registrados por gobiernos anteriores en momentos similares del ciclo, la administración Orsi obtiene saldos de aprobación más negativos. En este caso la caída parece más temprana e intensa, especialmente si se considera que el actual gobierno no contó con una "luna de miel" especialmente robusta al inicio y, más bien, comenzó con niveles de aprobación "tibios", en los que llamaba la atención el peso de las opiniones neutras (ni aprueba ni desaprueba) en el posicionamiento de la opinión pública respecto al gobierno.
Urgencia de cambios
Los actuales niveles de aprobación representan una señal de alerta para el gobierno y obligan a revisar las causas del deterioro, así como a definir estrategias para revertir la tendencia. No se trata solo de un objetivo natural para cualquier administración: en la coyuntura actual, recuperar apoyo ciudadano aparece como una necesidad política. Si el proceso de erosión continúa, el gobierno podría ver reducida su capacidad de liderazgo, con menor capital político para impulsar reformas, más dificultades para ordenar a su coalición de apoyo y mayores incentivos para que la oposición marque la agenda pública.
Posibles causas de los problemas de imagen del gobierno
Los aspectos que los ciudadanos priorizan para evaluar la gestión del gobierno son múltiples y no responden a una única dimensión. En la lectura de distintos analistas políticos aparecen con fuerza los problemas de comunicación y conducción de agenda del presidente, las restricciones presupuestales en un contexto económico de escaso margen, y la falta de respuestas suficientemente visibles o rápidas frente a problemas crónicos como la seguridad pública, la situación de calle y el deterioro de la convivencia. A ello se suman dificultades de articulación política entre el Poder Ejecutivo, la fuerza política y el Parlamento, en un escenario donde el gobierno necesita ordenar expectativas internas y sostener respaldo en su base de apoyo para transformar prioridades programáticas en resultados concretos.
¿Cómo pueden estar impactando la evolución de otros indicadores?
Además de observar la aprobación general del gobierno, resulta útil analizar la evolución de otros saldos de evaluación que pueden ayudar a comprender mejor el actual deterioro de la imagen gubernamental.
Aprobación de Yamandú Orsi como presidente
Al relevar la aprobación de Yamandú Orsi en su rol de presidente, se observa que su evaluación personal presenta un saldo menos negativo que el registrado por el gobierno que encabeza: -17 frente a -28. Si bien su imagen también se ha deteriorado medición tras medición, continúa ubicándose por encima de la evaluación general del gobierno, posiblemente como resultado de mayores niveles de simpatía o valoración personal como líder político. Cabe destacar que los datos presentados no recogen eventuales efectos posteriores asociados a la crisis generada por la camioneta.
Evaluación de la situación económica del país
En segundo lugar, la evaluación de la situación económica del país aparece como una dimensión especialmente relevante. Su saldo registra el mayor deterioro entre el primer y segundo trimestre de 2026, pasando de -10 a -34. Este cambio sugiere que el clima económico percibido por la ciudadanía podría estar operando como uno de los principales factores de arrastre sobre la imagen general del gobierno. El dato resulta particularmente significativo porque parece expresar un desacople entre algunos indicadores de la economía real que muestran problemas de bajo crecimiento o estancamiento, pero no necesariamente una crisis abrupta y una percepción ciudadana mucho más negativa sobre el rumbo económico.
Evaluación de gestión económica de gobierno
Como suele suceder, esta dimensión evoluciona en estrecha relación con la aprobación general del gobierno. Al igual que esta última, registra una profundización de la tendencia negativa, pasando de un saldo de -12 a -27 entre el primer y el segundo trimestre del año. Esto sugiere que tanto la percepción sobre la situación económica general del país como la forma en que el gobierno conduce su gestión económica constituyen elementos prioritarios en las valoraciones ciudadanas sobre el desempeño general del gobierno.
Evaluación de gestión de gobierno en seguridad
Por último, la seguridad pública constituye el pasivo más severo del gobierno entre las dimensiones consideradas. El saldo de evaluación en esta área alcanza -57, ubicándose claramente por debajo del resto de los indicadores. No obstante, su deterioro reciente es menos pronunciado que el observado en economía o en la aprobación general del gobierno. Por tanto, la seguridad parece funcionar más como un problema estructural y persistente de la imagen gubernamental que como la principal explicación del último tramo de caída.
En síntesis, la evolución de los indicadores sugiere que el deterioro reciente de la aprobación gubernamental estaría más asociado al empeoramiento de las percepciones económicas tanto sobre la situación del país como sobre la gestión económica que a un cambio abrupto en la evaluación de la seguridad. La figura presidencial, aunque también afectada por la tendencia negativa, conserva todavía una imagen relativamente menos deteriorada que la del gobierno en su conjunto.
Los desafíos
Los indicadores de opinión pública exigen al gobierno realizar ajustes tanto en su gestión como en su comunicación. En términos de gestión, deberá generar evidencias concretas de que se transitan caminos de mejora en áreas sensibles como la economía, la seguridad pública y la convivencia ciudadana. En materia comunicacional, el desafío será lograr que esas políticas sean efectivamente percibidas por la ciudadanía y que, al mismo tiempo, se consolide una imagen de liderazgo capaz de conducirlas con claridad y decisión, sea por parte del presidente o sus equipos. Para ello, la coordinación y el alineamiento entre el gobierno, la fuerza política y sus principales actores parlamentarios posiblemente constituyan una condición necesaria para atravesar las dificultades que impone el contexto actual.
- El autor: sociólogo Agustín Bonino, director de Opción Consultores