El gasoducto regional que se proyecta por el norte de Uruguay para conectar a Argentina y Brasil, con un millón de metros cúbicos diarios de gas disponible
También se avanza en integración eléctrica: esta semana se presenta el plan de integración eléctrica regional, anunció Guido Maiulini, de OLACDE
El norte de Uruguay es parte de un ambicioso plan de interconexión gasífera en la región, impulsada por Olacde (Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía) junto con los gobiernos locales. La iniciativa ya cumplió con las cinco etapas previstas para su implementación, y la información "está ahora en manos de cada gobierno", explicó Guido Maiulini, Jefe de Asesoría Estratégica de Olacde. El gasoducto proyectado en el norte uruguayo es parte de un trazado que comunica Argentina y Brasil, con un millón de metros cúbicos de gas disponible. En la misma línea, esta semana se presenta en Montevideo un plan de interconexión eléctrica regional, "para que se pueda acceder, además de seguridad energética, a tarifas más bajas", explicó Maiulini. A continuación, un resumen de la entrevista.
¿La región ha decidido que es momento de dar el salto en la integración energética?
Las decisiones que no se tomen desde la región, en medio de tanta tensión y volatilidad, pueden tener consecuencias gravísimas, que llegan hasta la boleta de luz, el surtidor, la vida diaria de todos los ciudadanos de nuestros países. En este sentido, la integración regional es una medida de prudencia en un mundo cada vez más más complejo. En nuestro caso, como organismo técnico organismo internacional especializado, lo que hacemos es cumplir con los mandatos, en este caso de los países del Mercosur y Chile, que están muy interesados en poner en marcha una agenda de integración gasífera. Hubo otros momentos en los que esto avanzó, pero ahora procuramos una agenda más contemporánea y a tono con los cambios de, por lo menos, la última década en la dotación de recursos en la región.
¿Qué implica esta etapa en cuanto a momento histórico?
Muchas de las agendas regionales, no solamente la energética, han tenido a nuestros países volcados más a los mercados internacionales que a los de la propia región. Eso ha hecho que nos falte no solo infraestructura, sino también comercio, que nos vincule más. En lo energético en particular, no hemos podido aprovechar los recursos que la región tenía disponibles y se han frustrado reiteradamente los esfuerzos de integrarnos. Cuando ha habido mercados internacionales más líquidos, mejor abastecidos y con precios más bajos, la agenda de la integración ha sido muy difícil de impulsar. Y cuando ha habido mercados más tensos, menos abastecidos, con precios mucho más altos, aparecen decisiones políticas muy fuertes respecto del avance de esta integración. Ese es el terreno en el que nos movemos hoy. En los `70, una oleada integradora permitió crear Olade, apareció Yaciretá, el tratado de Itaipú, Salto Grande. Grandes masas de capital invertidas por los estados. En los `90, ante un escenario complejo, el modelo fue totalmente distinto, ya con el ingreso del capital privado en la creación de mercados energéticos y el estado en una posición de regulador;en ese período se hicieron por lo menos, por ejemplo, siete gasoductos entre Argentina y Chile, por ejemplo. Ahora estamos ante una nueva etapa de impulso político.
¿Cuáles son las bases del actual proyecto de integración?
Es un proyecto que surge de los países del Mercosur y Chile, pensando en una integración gasífera principalmente con eje en la infraestructura. Y en ese sentido, se diseñó un proyecto con cinco etapas originarias que tenían que ver, primero, con hacer una caracterización de la infraestructura existente y de los estudios que se habían hecho en la región respecto a la integración. La segunda etapa fue un estudio de oferta y demanda en la región, teniendo en cuenta un cambio en la dotación de recursos entre las diferentes cuencas productoras de Argentina, el crecimiento y el surgimiento del Presal, así como el relativo declive de Bolivia como productor de gas. La tercera etapa fue el estudio a fondo de la situación regulatoria del gas natural en todos los países involucrados. La cuarta nos permitió desarrollar un primer modelo de transporte de gas, con una herramienta informática para poder caracterizar las mayores eficiencias con la red existente y las redes futuras en la región. La quinta etapa ha sido la entrega a los países de todos esos informes.
¿Qué conclusiones se sacaron hasta ahora de ese proceso?
Se pudo caracterizar las necesidades de infraestructura de acuerdo a la oferta y la demanda y también estudiar el plazo de repago y la tarifa necesaria para las diferentes rutas, en un marco de convergencia regulatoria. Hablamos de un mercado de comercio de gas intrarregional de 5.000 millones de dólares anuales y una cartera de proyectos de infraestructura de 25.000 millones de dólares. Todo eso, con un intercambio de hasta 70 millones de metros cúbicos por día de gas natural. Una cifra que parece disparatada hoy, pero que es posible de lograr con estos proyectos. Y hay múltiples ventajas de economicidad; por ejemplo, si Uruguay tuviera gas natural firme todo el año, la central térmica de Punta del Tigre que se usa solamente como respaldo, probablemente podría usarse más y el país exportar una energía mucho más barata tanto a Brasil como a Argentina. Y con la interconexión pasando por el norte del país, se podría pensar en dar un paso adelante en la descarbonización de la industria también. Industrias intensivas en el uso de energía, donde la electrificación no resulta eficiente, y hasta que la economía del hidrógeno alcance una escala importante, el gas natural puede ser un puente espectacular para cubrir esa demanda.
Las fuentes fundamentales son el desarrollo de Vaca Muerta y el Presal; en ese sentido, se necesita un fuerte liderazgo de Brasil y Argentina para concretar el acuerdo.
Efectivamente, el crecimiento de la producción de Vaca Muerta es muy fuerte, el Presal también está creciendo en producción de gas, no solamente asociado al petróleo, sino en producción dedicada específicamente en campos de gas. Hay un compromiso político, desde el punto de vista de la seguridad energética en avanzar en esta agenda. Cada mega que dejemos de generar con diésel y lo hagamos con gas o cada tonelada de acero que producimos con menos coque y usamos gas, cada tonelada de cemento o de papel, en la que podamos sustituir fuel por gas, no solo estaremos accediendo a combustible propio más barato en la región, sino que además, serán muchas toneladas menos de CO2 que mandamos a la atmósfera y en ese sentido acerca mucho a la región a los compromisos internacionales ya asumidos.
Según el trabajo, hay 11 rutas estudiadas entre Chile, Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, por donde pasa uno de los trazados.
La ruta estudiada para Uruguay tiene que ver con ir desde Argentina a Brasil pasando por el norte del país. Está ligado al desarrollo de infraestructuras que permitan mandar más gas desde el sistema Sur de Argentina hacia el Norte. Y esto necesariamente una mayor capacidad de abastecer al mercado uruguayo. El trazado que se sugiere es una variante que permitiría ir desde San Jerónimo en Argentina, que es un nodo muy importante donde se unen los sistemas sur y norte, a través del norte de Uruguay, ingresando por Paysandú y pasando a Brasil, camino a Porto Alegre. Sería un ducto de 24 o 30 pulgadas y demandaría una inversión de más de 2500 millones de dólares, pudiendo recibir un estimado de un millón de metros cúbicos diarios de gas. ¿De qué forma proyectan el impacto en Uruguay de este trazado?
Si bien el trazado del que hablábamos pasa por el norte del país y de allí puede derivar hacia donde sea necesario, el desarrollo de mayor infraestructura para la conexión de los sistemas norte-sur de Argentina, va a generar una ventaja de mayor provisión para Montevideo, en este caso pensando en el gasoducto Cruz del Sur. Un aspecto clave de la agenda es que no hablamos de integración punto a punto, vinculando una oferta con una demanda, sin pensar en sistemas y más interconexiones en su desarrollo. La integración en la región la tenemos que pensar desde tres pilares: atacar los cuellos de botella de infraestructura que tenemos, un diálogo regulatorio que vaya hacia la convergencia y una planificación en conjunto. Es muy difícil que lo que hagamos hoy tenga sentido si no tenemos una caracterización similar acerca de dónde vamos a estar en 20 años. Es clave.
En ese sentido, es importante pensar en otros usos del gas natural disponible.
Exacto. Por ejemplo, la producción de fertilizantes nitrogenados, un sector que ahora está presentando restricciones muy duras con la guerra en Oriente Medio. Lo otro, la posibilidad de utilizar gas natural vehicular en sustitución del diesel, por ejemplo. Eso implicaría ahorros muy grandes, además de eficiencias ambientales.
¿Cómo se definen las tarifas en el proyecto?
El trabajo elaborado caracteriza la tarifa necesaria para repagar las diversas opciones de infraestructura en un esquema de una tasa de descuento común y un costo de infraestructura promedio, digamos, calculado por kilómetro de ducto y por hp de presión. Con unos datos básicos, obtenemos la tarifa de transporte incremental para cada segmento de infraestructura. Básicamente lo que da el modelo de salida es con cuánto gas en cada nodo y a qué precio puede llegar. Un tema clave a tener en cuenta es que la infraestructura no se va a hacer sin contratos firmes. Y entonces, la regulación es clave para poner en marcha todo, de manera tal de que se puedan comprometer capitales a largo plazo.
¿Dónde piensan que puede estar la demanda incremental para Uruguay con el gas natural?
Como organismo internacional, no establecemos nosotros esas prioridades; sabemos que en la etapa actual de descarbonización, hay mucha expectativa en sectores como la industria, el transporte o el consumo doméstico. En ese sentido, seguimos con mucho interés la creación de una comisión en Uruguay para el análisis del rol del gas natural.
En paralelo esta semana, en Montevideo, van a avanzar en dirección a un acuerdo en materia eléctrica.
Con el apoyo de la Unión Europea venimos desarrollando un plan de interconexión eléctrica regional; en ese caso, con la misma impronta de buscar la creación de mercados regionales con una convergencia regulatoria fuerte, que nos permita pensar, por ejemplo, cuál sería el óptimo para poder usar el viento uruguayo, el sol del norte de Chile, etc. No solamente comerciar excedentes energéticos, como puede ocurrir hoy en algunos casos, sino pensar en una región optimizada, para que pueda permitir, además de seguridad energética, alcanzar tarifas más bajas, que es que es lo que necesitan nuestras familias y empresas. Hemos hecho un trabajo primero de caracterización en términos técnicos y en Montevideo vamos a cerrar el proceso de diálogo con los países, en el marco de una de una reunión ministerial de ministros de energía de Celac, con la coordinación de Olacde.