"La municipalidad es una motivación diaria"
El edil en ejercicio de mayor edad en el país fue elegido por quinta vez en el año 2024, con 6.337 votos (44,7 % de las preferencias). Cuando termine su período, en diciembre de 2028, cuenta que es probable que se dedique a su negocio de muebles: "Quiero seguir sintiéndome útil".
E l alcalde más longevo de Chile, Luis Álvarez Valenzuela, de 93 años, dice que se acuesta y se levanta pensando en la municipalidad, y que eso lo mantiene activo y vigente.
Antes de dedicarse a la vida pública fue -por más de tres décadas- militar del Regimiento de Artillería N° 4 "Miraflores" de Traiguén, acogiéndose a retiro en 1987 con el grado de suboficial mayor.
A la política llegó a pedido de dos personas ligadas a Renovación Nacional que se presentaron en su tienda de muebles (hoy tiene dos locales en el centro de Traiguén). "No fue algo que buscara. Recién había salido del Ejército y tenía mi negocio de muebles. Me dijeron que querían que fuera candidato a concejal, pero la política nunca me había interesado especialmente", recuerda. Agrega que lo que a él le movía -y le sigue moviendo- es trabajar por la calidad de vida de los traigueninos.
Embarcado en el proyecto, ejerció como concejal entre septiembre de 1992 y diciembre de 1996. Fue su segundo intento, ya que en el primero perdió frente a Leonel Beltrán por 200 votos, algo que llamó la atención, ya que su oponente era un político experimentado.
Hijo del rigor
Nacido y criado en Traiguén, ciudad y comuna sureña en la provincia de Malleco, Luis dice que guarda malos y buenos recuerdos de su niñez en la Región de La Araucanía. Nació en 1932 en una familia muy humilde. "Éramos cinco hermanos, hoy quedamos dos, y vivíamos en una casa con piso de tierra".
Su madre, Rosita, es uno de los recuerdos más lindos que tiene. Su padre murió joven, a los 60 años. Era carretonero y Luis calcula que desde que tenía cinco años salía con él a recoger la mercadería que llegaba en el ferrocarril para repartirla en los negocios. También lo acompañaba hasta Victoria a buscar barras de hielo para que en Traiguén se pudieran hacer helados. "Los caminos eran infernales, recorríamos cerca de 30 kilómetros con el carretón. Era duro, muchas veces nos tocaba pasar la noche en el camino", dice.
"A esa edad uno era más grande que los niños de ahora. Íbamos a la escuela con pantalones cortos y desde muy chicos asumíamos responsabilidades", agrega.
De Traiguén atesora lindos recuerdos. Entre ellos, cuando llegaba el famoso circo Atayde. Como no podía pagar la entrada, muchas veces se colaba por debajo de la carpa. "Una vez nos pillaron, nos llevaron al centro del escenario y dijeron que habíamos entrado 'a la maleta'. Fuimos parte del espectáculo y todos se rieron", rememora.
Entonces Traiguén tenía menos de ocho mil habitantes -hoy suma cerca de 19.000-, y por sus calles de tierra circulaban carretas, ya que los autos prácticamente no existían. Luis recuerda que había lindos almacenes, negocios familiares y mucho movimiento ligado al ferrocarril: "Con el tiempo, todo eso fue desapareciendo".
A los 16 años, hizo el servicio militar en el Regimiento Miraflores durante ocho meses y medio. Como jugaba bien a la pelota, un teniente -Elio Bacigalupo Soracco, que después llegó a ser general-, se fijó en él y lo fue a buscar al local de urnas y ataúdes Jiménez, donde trabajaba ya cumplido su deber, para que volviera.
-El fútbol fue el gancho.
"Exacto. Quería que jugara por el equipo del regimiento, así que terminé reintegrándome".
Pese a que reconoce que al principio no le gustaba el Ejército -"su infraestructura era muy distinta a lo que uno ve hoy"- terminó quedándose 39 años y pasó de ganar de dos a 10 pesos semanales.
"¿Y le digo algo? Gracias al Ejército conseguí lo que tengo. Fui uno de los primeros militares de Traiguén que tuvo auto, una Citroneta, junto con el comandante del regimiento. La compré a través del estanco automotriz que existía en esa época. Uno pagaba por adelantado y después de un tiempo recibía el vehículo", dice orgulloso, recordando que también adquirió una Vespa italiana.
En esos años, relata, había mucha pobreza en Traiguén. No había infraestructura y no tenía los recursos actuales.
Durante el gobierno de Ricardo Lagos, en tanto, cuenta que se cerró la fábrica de muebles Traiguén, un hito en la ciudad, en la cual llegaron a trabajar cerca de 400 personas. "Incluso lo traje a la ciudad para intentar evitar el cierre. Lagos habló con los trabajadores, pero ya no había cómo salvarla. Los muebles se dejaron de vender y la empresa cerró", cuenta.
Entonces, contrario a lo que podría pensarse, se dedicó de lleno a ese rubro. Mientras era militar, a los 20 años, había comenzado con un pequeño taller propio, en el que trabajaba después de cumplir sus funciones en el regimiento. Partió solo. Hacía una cómoda o una marquesa y la vendía. Después contrató a una persona, luego a dos, a tres, y así llegó a tener 25 maestros. "Muchos de ellos terminaron jubilando conmigo. Esa es una de las mayores satisfacciones que tengo", comenta.
Más trabajo y menos discursos
Más creyente en el trabajo que en los discursos, y con el firme propósito de mejorar la vida de la gente, fue elegido alcalde de Traiguén por quinta vez en diciembre de 2024 -con 44,7% de las preferencias- hasta diciembre de 2028. Antes había encabezado el municipio por tres períodos consecutivos, entre 1996 y 2008 -partió como alcalde cuando tenía alrededor de 40 años-, y un cuarto período, entre 2012 y 2016. Pese a que en esa cuarta incursión salió segundo, asumió igual la alcaldía 12 días después, debido a la muerte del edil electo, Roberto Osses Ponce. "Fue un momento muy difícil. Lo hice con mucha responsabilidad, pero también con mucha pena", comparte.
-Esta es la quinta vez que lidera Traiguén desde la alcaldía. ¿Cómo resumiría su historia en este cargo?
"Me siento feliz. Gran parte de las obras de la ciudad se hicieron durante mis mandatos. En ellos se construyeron poblaciones, pavimentos, un estadio y el parque municipal de 3.800 m {+2} donde yo mismo planté árboles. Cuando asumí, estaba abandonado y hoy es uno de los lugares más lindos de la comuna", cuenta orgulloso sobre su proyecto más querido.
Y complementa: "Hoy tenemos nuevas obras en ejecución. Quiero dejar algo bonito para la comuna y para que la gente me recuerde con cariño".
-¿Ha sido difícil ser alcalde?
"Mucho, es una responsabilidad enorme. Uno se acuesta y se levanta pensando en el trabajo. La municipalidad es una motivación diaria".
-¿Piensa repostular?
"Sinceramente, creo que no. Hay muchas personas que me dicen que siga, pero la edad también pesa. Llegará el momento de dar un paso al costado".
Mientras eso no ocurra, seguirá ejerciendo su cargo que -se nota- le motiva. "Me gusta atender a la gente, escuchar sus problemas y tratar de ayudar". Un trabajo en el que cuenta con el apoyo de 12 profesionales de confianza. "Tengo un buen equipo", agradece.
Dice que lo más difícil de gobernar una comuna como Traiguén ha sido la falta de recursos y que eso es, por lejos, el problema más complicado que enfrentan las comunas pequeñas. "Sin recursos es muy difícil avanzar", se lamenta.
-¿Qué cosas le preocupan especialmente?
"La vivienda. Cuando fui alcalde, en otros períodos, se construyeron muchísimas casas. Hoy todavía tenemos una gran necesidad habitacional".
También le preocupa la falta de proyectos aprobados, ya que dice que sin proyectos no hay trabajo para la gente. Y sumado a esto, la escasez de recursos para la educación. Por lo mismo, antes de que Gabriel Boric terminara su mandato, el edil habló con él sobre el hecho de que los municipios reciban recursos según asistencia escolar y no de acuerdo a la matrícula. "Si un alumno falta, los ingresos disminuyen, pero los gastos siguen siendo los mismos y a los profesores hay que pagarles igual", argumenta.
Si bien no consiguió que se hicieran cambios, ya que son materias legales, sigue insistiendo: "La educación consume enormes presupuestos municipales y los recursos no alcanzan. No solo para Traiguén, sino que también para Lumaco, Los Sauces y Purén, con las que forma parte de las comunas más pobres de la provincia de Malleco. Por eso, siempre digo que sería bueno que el Gobierno mirara más hacia esta zona, la que también enfrenta desafíos de conectividad".
-¿Qué siente cuando ve cómo ha cambiado Traiguén?
"Emoción. Veo un pueblo más bonito, más desarrollado. Por supuesto que aún falta mucho por hacer, pero se siente satisfacción cuando uno mira hacia atrás".
Frente a la pregunta de cuál es la clave para mantenerse activo y trabajando a su edad, Luis no lo duda: "Siempre digo que hay que mantenerse ocupado. Nunca he dejado de trabajar y creo que nunca dejaré de hacerlo. Mientras tenga fuerzas voy a seguir".
Dice que lo hará por Traiguén, por su familia -tiene cuatro hijos, algunos ya jubilados, 15 nietos y 5 bisnietos; quedó viudo en 1962 y se volvió a casar- y por la gente que necesita ayuda.
Cuando termine su período, adelanta que es probable que se dedique a su negocio, la empresa Muebles Luis Álvarez: "Quiero seguir sintiéndome útil".
-¿Cree que en Chile se valora a las personas mayores?
"Creo que se les respeta, pero todavía falta mucho. Hay personas que valoran la experiencia, la historia y la sabiduría de los adultos mayores, y otras que, simplemente, las ignoran".
-¿Cómo ha logrado compatibilizar durante tantos años la vida pública, los negocios y la familia?
"Con mucho esfuerzo. Siempre trabajé pensando en que mis hijos tuvieran una vida mejor que la mía. Ese fue mi principal motor y siempre me apoyaron".
-¿Qué le dicen hoy cuando ven que sigue trabajando?
"Mis nietos siempre me dicen: 'Descansa, tata'. Pero también entienden que trabajar me hace feliz".
-¿Qué sueños le quedan por cumplir?
"Muchos, todavía tengo proyectos para Traiguén. Aún quiero ver más progreso, más viviendas y más oportunidades para la gente".