Galicia, un ejemplo
Galicia es la segunda comunidad más exportadora de España.
Existe una pregunta que la izquierda española elige no plantearse: si su modelo -tal como sostiene- es la única vía hacia el progreso verdadero, ¿cómo se explica Galicia?
Esta comunidad lleva más de 30 años con el Partido Popular al frente de gobiernos que han sido muy exitosos y a los que el electorado ha reconocido más de una vez, incluso con grandes mayorías. Alberto Núñez Feijóo administró Galicia con una paciencia, excelencia, y detalle inigualable, construyendo ladrillo sobre ladrillo una reputación de gestión seria, sin ruido ni épica. Muy al estilo gallego de hacer mucho y hablar poco. En el momento en este se dedicó a la política nacional, dejó a la comunidad en orden y esta se dio un sucesor a su altura, que viene demostrando con creces como se gobierna con seriedad. Alfonso Rueda no solo ejerce el cargo más importante para todos los gallegos, para los de Galicia, y para los que estamos fuera: sino que aplica un método de gobierno de excelencia. Y lo hace con la convicción tranquila, y sensata de quien no tiene necesidad de escenografía. Bajo su mandato, Galicia ha potenciado y acelerado el desarrollo que venía en marcha, adelantando a muchas otras autonomías que solían destacar. Ha sido de las pocas -sino la única- comunidad autónoma que aumentó su ritmo de crecimiento, con un PIB que estuvo por arriba de la media nacional. Las exportaciones han marcado un hito rompiendo récords históricos. El empleo sube. Y los indicadores sociales mejoran de manera sostenida, sin fanfarria, circo, ni decretos de urgencia.
Toda esta información no es menor, porque Galicia lo hace sola, en una España que sufre el peor gobierno nacional de la historia. Galicia tiene uno de los índices de desigualdad de renta más bajos de España. Es la comunidad autónoma con menor pobreza infantil del país. Tiene el récord en mayor reducción del riesgo de exclusión social de toda España. Y todo esto fue concretado sin un gobierno de coalición "progresista", sin imposiciones de choque redistributivo, y lo que es mejor, sin la fábula retórica que normalmente acompaña a quienes más se embanderan con la justicia social, pero que son los que menos la producen.
La economía va muy bien. Las exportaciones gallegas representan un altísimo porcentaje de su PIB, Galicia es la segunda comunidad más exportadora de España. El desempleo se sitúa muy por debajo de la media nacional. Una parte importantísima de su electricidad es renovable. Y monopoliza sin competencia la acuicultura española: el cerca del ochenta por ciento de toda la producción nacional sale de las rías gallegas.
Nada de todo esto encaja en el relato que pretende imponer el gobierno de Sánchez de que la izquierda cuida. El Partido Popular gallego da un ejemplo de lo que podría ser España si el PP la gobernara. Galicia es la prueba empírica de un gran éxito. Una sociedad cohesionada, una economía abierta, una transición energética verdadera y una pobreza infantil que pone verdes de envidia a comunidades gobernadas desde hace mucho por quienes creen tener el monopolio de la sensibilidad social.
No es un milagro. Es gestión. Y eso, precisamente, es lo que más incomoda. Porque Galicia hoy es un ejemplo de lo que puede volver a ser España.