Sin lugar para la euforia
Es preocupante el retroceso de la Construcción: que esta se contraiga no es un detalle menor.
Conviene tomar el último dato de actividad con calma. En el primer trimestre del año la economía creció 0,9% respecto al mismo período del año anterior, y 0,8% en la medición desestacionalizada frente al trimestre previo, en línea con lo que venía anticipando el IMAE. Es una buena noticia, sobre todo porque deja atrás la recesión técnica que arrastrábamos del segundo semestre de 2025. Pero conviene leerlo con cuidado: la tasa de crecimiento sale de su fase negativa, pero esto no implica en absoluto un cambio en las dificultades generales que Uruguay está teniendo en materia de crecimiento económico.
Algunos jerarcas reaccionaron al dato con cierta euforia que entiendo no tiene fundamentos. El número es modesto y, mirado por dentro, deja luces amarillas bastante nítidas. Desde la óptica de la producción, el empuje vino de Transporte y de Servicios Financieros, mientras que la actividad agropecuaria cayó 3,7% interanual por efecto de la sequía. Pero más preocupante es el retroceso de la Construcción: que esta se contraiga no es un detalle menor. Es sin duda un dato vinculado a la menor inversión en infraestructura, y es por sí mismo un sector tremendamente sensible en el empleo.
Y ahí aparece la preocupación más clara que dejan los datos conocidos. Por el lado de la demanda vemos una nueva caída de los niveles de inversión, que ya eran bajos. La baja de 3,1% interanual de la formación bruta de capital es exactamente lo que uno no quiere ver si piensa en el mediano plazo: sin inversión hoy no hay crecimiento mañana.
Es decir, la economía sigue empujada por el consumo, que fue la mayor contribución al crecimiento. Esto es lógico en el marco de un 2025 donde los salarios y el empleo habían seguido creciendo, pero es natural preocuparse por la sostenibilidad de un crecimiento donde crece el consumo y cae la inversión. Las exportaciones también crecieron 3,2%. Ese buen comportamiento de las ventas externas es de las mejores noticias del trimestre.
La lectura de estos comportamientos disímiles que componen la demanda es incómoda: la baja inversión, tarde o temprano, terminará también pegando en el consumo. Celebrar un crecimiento que se da mientras cae la inversión es de una enorme fragilidad.
Nada de esto invalida la buena noticia de haber dejado atrás la recesión. Es real y es bienvenido. Pero celebrar la salida de números rojos no cambia en absoluto la situación estructural que estamos atravesando y que el nuevo dato no refuta, sino que confirma. Seguimos teniendo una economía que crece poco, que se sostiene en salarios y empleo que crecen por ahora.
El primer trimestre trajo un alivio, no un cambio de panorama. Conviene celebrar lo justo pero mantener mucha ambición en la concreción de reformas. El MEF debe acelerar el paso en su agenda de la competitividad, pidiendo perdón antes que permiso. Afortunadamente, en materia de inserción internacional están teniendo lugar concreciones interesantes iniciadas en otros períodos, pero todo esto no deja de no alcanzar el orden de magnitud necesario. Ojalá el ministro tenga la fuerza de empujar con la mayor radicalidad posible su agenda, mientras neutraliza las locuras que casi todos los días algún compañero de partido y de gobierno se encarga de poner en agenda.