Viernes, 19 de Junio de 2026

Pastelería La Ermita Estrictamente para adictos

ChileEl Mercurio, Chile 19 de junio de 2026

LOS INGLESES DICEN que los dulceros tienen un sweettooth, expresión que podría ser aplicada con mucho mayor razón a los habitantes de la "Patria Grande", porque el consumo de azúcar por estas latitudes ha sido siempre altísimo

LOS INGLESES DICEN que los dulceros tienen un sweettooth, expresión que podría ser aplicada con mucho mayor razón a los habitantes de la "Patria Grande", porque el consumo de azúcar por estas latitudes ha sido siempre altísimo. Dos de los más importantes ítems de importación chilenos fueron, durante la monarquía y las primeras décadas de la República, el mate y el azúcar. El consumo de esta llegó a ser tan dispendioso en Santiago, que el Cabildo tuvo que intervenir para tratar de imponer alguna moderación. En las grandes solemnidades, los gobiernos y los poderosos de esta región del mundo festejaban al pueblo no con asados ni anticuchos, sino con bandejas de confites y dulces que se arrojaban a la multitud desde las ventanas de los palacios.
En fin. Estos recuerdos nos han sobrevenido cuando, al llegar a la pastelería La Ermita, lo primero que oímos fue que, allí, todo llevaba manjar blanco. Ya hemos dicho muchas veces que esta preparación -de origen claramente chileno, como lo reconoce un autor tan impenitentemente argentino como Víctor Ego Ducrot- nos parece una deidad de doble faz, un Jano sonriente, por un lado, y aterrador, por otro; con todo, hicimos una cata cuyo resultado es el que sigue.
Partimos preguntando si había alguna excepción a la indicada regla. Había dos: un streussel de manzana y un kuchen de nuez. Rasgo común a ambos fue la caja de masa sorprendentemente dura y tiesa: podría haber sido una amable brisée, pero no: aunque de sabor mantequilloso, resultó solidísima. El relleno del streussel fue agradable, con manzana convenientemente agridulce y canelosa, sin excesiva cocción; el del kuchen, no obstante tener una razonable cantidad de nueces, el sabor de estas no logró vencer el imperio despiadado del azúcar.
Se ha impuesto allí la moda de los minipasteles, como en otras partes. Por lo que catamos uno de panqueque con chocolate y manjar, con duras y secas capas de chocolate y otras de manjar blanco; otro (como queriendo redimir al anterior) denominado "pastel húmedo de chocolate y manjar", mucho mejor que el primero precisamente por la humedad (esta ayuda a prolongar los sabores...); otro de panqueques de nuez y manjar, casi tan seco como el primero, y otro de "hojarasca de manjar", una versión de la tradicional torta chilena de hojarascas rellenas con manjar, que nos pareció más liviana y aromática que la precedente.
Probamos también una serie de cositas más chicas, como unos conos de barquillo rellenos con nutella (sin interés, salvo para los amantes de esa crema); un bollo de canela, bien estándar, bien caneloso; unos canelés demasiado chicos, de interior un poco seco; una muy buena brownie, y unas galletas de vainilla que, claramente, habían perecido hace tiempo en su sarcofaguito de celofán, ya sin aroma a vainilla y con un insólito olor a rancio. Para terminar, unos excelentísimos croissants, uno de ellos relleno con... manjar blanco, y un excelentísimo pain au chocolat.
Luis Pasteur 6340, Vitacura.
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