Viernes, 19 de Junio de 2026

Que las instituciones funcionen

ChileEl Mercurio, Chile 19 de junio de 2026

Conviene resistir la tentación de hacer de cada error un escándalo.

La última encuesta del CEP sugiere que Chile podría estar viviendo una revalorización de sus instituciones. Durante gran parte del siglo XX, nos preciamos de ser un país institucional, algo que volvió a cobrar fuerza tras la transición democrática. Esa percepción se erosionó duramente a partir de la década pasada.
Los niveles de confianza en las instituciones en Chile eran ya modestos en los primeros estudios de opinión realizados por Eduardo Hamuy a comienzos de los años 70. Aun así, las encuestas del CEP muestran un abrupto desplome de la confianza durante la década de 2010, asociado a una seguidilla de escándalos que afectaron a la política, las instituciones uniformadas, las empresas y hasta la Iglesia: no quedó títere con cabeza. La evaluación del funcionamiento de nuestra democracia cayó también por ese entonces. En tanto, la identificación de la gente con los partidos cayó persistentemente desde principios de los 90, debilitando un sistema partidario que creímos robusto.
Estas tres dimensiones de la relación entre la ciudadanía y las instituciones -la confianza en ellas, la evaluación de cómo funciona la democracia y la identificación con los partidos- tocaron fondo para el estallido social, nuestro momento antiinstitucional por excelencia. Tras eso, rebotaron un poco, para luego estancarse en niveles muy inferiores a los previos a 2010.
Ahora podría estar empezando un nuevo ciclo en la visión ciudadana de las instituciones. En la última CEP, de las 20 instituciones medidas, 16 mostraron un alza significativa en su nivel de confianza en el último año. La evaluación de la democracia y la identificación con los partidos también aumentaron. A grandes rasgos, los tres indicadores han vuelto a niveles similares a los previos a 2010. Si la tendencia persiste, podríamos estar revalorizando el ideal del "Chile institucional".
Es posible que este giro refleje una evaluación negativa del ciclo de impugnación institucional. El Informe del PNUD de 2024 mostraba que el 59% de los chilenos creía que el país había empeorado durante el último lustro. Tal vez la experiencia haya mostrado que el cuestionamiento radical a las instituciones no fue especialmente fructífero.
Parte de la revalorización institucional podría deberse también al cambio a un gobierno con un discurso más explícitamente favorable a la institucionalidad. Pero, al mismo tiempo, la confianza en las instituciones del Estado es sustancialmente menor entre quienes no apoyan al Gobierno, con una brecha ideológica que parece haberse ampliado. Hay ahí un desafío para un gobierno que aspira a fortalecer la legitimidad institucional.
Como sea, las mayorías son frágiles, especialmente cuando la economía está débil. La legitimidad de las instituciones nunca está asegurada y, en esto, nadie sabe para quién trabaja. Conviene resistir la tentación de hacer de cada error un escándalo hasta que no quede títere con cabeza. Porque, como muestra esta historia, la confianza en las instituciones se construye lentamente, pero puede perderse de un plumazo.
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