Viernes, 19 de Junio de 2026

Milagro chino: entre admiración y cautela

ColombiaEl Tiempo, Colombia 19 de junio de 2026


Rafael Herz
Pocas transformaciones económicas y sociales en la historia moderna han sido tan profundas como la experimentada por China durante las primeras décadas del siglo XXI


Rafael Herz
Pocas transformaciones económicas y sociales en la historia moderna han sido tan profundas como la experimentada por China durante las primeras décadas del siglo XXI. Lo que hace apenas una generación era un país con amplias zonas rurales empobrecidas, se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo. Hoy es una potencia tecnológica, industrial y científica. Hablar del ‘milagro chino’ no es una exageración, sino el reconocimiento de una realidad que alteró el equilibrio económico global. Los logros son impresionantes. Centenares de millones de personas salieron de la pobreza en un período históricamente corto, un fenómeno sin precedentes por su escala. Las ciudades crecieron a un ritmo vertiginoso, acompañadas por redes de transporte de alta velocidad, puertos gigantescos y una infraestructura que en muchos casos supera a la de economías occidentales. China se convirtió en actor central en sectores de alta tecnología como las telecomunicaciones, la IA, energías renovables y vehículos eléctricos. La inversión sostenida en educación, investigación y desarrollo permitió formar una enorme masa de ingenieros, científicos y emprendedores. Empresas chinas compiten hoy en mercados globales con productos innovadores. Además, la planificación a largo plazo ha demostrado una capacidad de ejecución que muchas democracias occidentales observan con cierta envidia, especialmente cuando enfrentan dificultades para desarrollar grandes proyectos de infraestructura. Sin embargo, una evaluación del milagro chino exige reconocer sus contradicciones y limitaciones. El crecimiento económico acelerado ha estado acompañado por un modelo político caracterizado por un fuerte control estatal y restricciones significativas a las libertades civiles y políticas. La ausencia de pluralismo político plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de un sistema que prioriza la estabilidad y el desarrollo económico por encima de la participación democrática. El éxito económico ha generado desafíos internos considerables. La desigualdad entre regiones urbanas y rurales es relevante, el envejecimiento de la población amenaza el dinamismo futuro, y el elevado endeudamiento de algunos sectores despierta preocupación. Se suman problemas medioambientales derivados de décadas de industrialización intensiva, aunque hoy lideran inversiones en energías limpias. Otro aspecto crítico es la creciente rivalidad geopolítica con EE. UU. El ascenso chino ha generado tensiones comerciales, tecnológicas y estratégicas que podrían limitar parte de su crecimiento futuro. La interdependencia económica global no garantiza relaciones armoniosas. El milagro chino demuestra que la pobreza masiva no es un destino inevitable y que una estrategia de desarrollo coherente puede transformar una nación en pocas décadas. Pero recuerda que el progreso material no elimina automáticamente los desafíos políticos, sociales y ambientales. China ofrece al mundo una lección de ambición, disciplina y capacidad de ejecución, aunque su experiencia sigue abierta al debate sobre cuál es el verdadero significado del desarrollo y qué costos está dispuesto a asumir un país para alcanzarlo.
Analista Internacional.
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