Tenía 19 años, estudiaba de noche y quería ser profesora de Historia; su hermana habló con El País, desmintió que tuviera un vínculo con el agresor y convocó a una movilización para pedir justicia.
Avril era la menor de una familia de cuatro. Sus padres ya tenían una hija hoy de 29 años cuando, diez años después, nació ella. En la casa la recuerdan como una joven tranquila, inteligente, lectora desde muy chica y con una vida más cercana a los libros, los animales y el cine que a las salidas nocturnas.
"Parecés una viejita", le decían a veces en broma. No le gustaba salir a bailar. Su hermana le insistía para que fuera con ella, pero Avril prefería otros planes: mirar películas viejas, ir al cine, quedarse en su cuarto, pasar tiempo con su novio o visitar a su abuela los fines de semana.
También amaba los animales. Tenía dos gatos en su casa y una labradora llamada Kali, a la que cuidaba con una devoción especial. "No dejaba que nadie la rezongara", recuerda su hermana.
Desde chica llamaba la atención por su inteligencia. En segundo de escuela, las maestras llegaron a plantear la posibilidad de adelantarla un año porque se aburría en clase. Su madre prefirió que siguiera con su generación. Su regalo preferido eran los libros.
En los últimos meses estaba recursando una materia que le había quedado pendiente. Había hecho quinto Biológico, pero después decidió cambiar de orientación y terminó sexto de Derecho. Cursaba de noche, miércoles y jueves. Su aspiración era estudiar en el IPA para ser profesora de Historia.
En el corto plazo quería conseguir un trabajo de medio horario que le permitiera empezar a tener su propia plata y más independencia.
Cuando Avril salía tarde del liceo, a las 22:55, su madre iba a buscarla hasta la parada o hasta el centro de estudios en bicicleta. Cuando salía más temprano, a las 20:50, Avril solía decirle que no se preocupara porque se tomaba un ómnibus que la dejaba a una cuadra de su casa.
Según contó su hermana, en la noche del 3 de junio, la joven le escribió a su novio que estaba por bajar del ómnibus. Fue él quien alertó a la familia, preguntando minutos después si había llegado a su casa. Le dijeron que no e inmediatamente salieron a buscarla.
A pocos metros se encontraron con patrulleros y con una escena que todavía no podían entender. Había una joven tendida en la vía pública, pero la familia aún no sabía que era Avril. Durante esas primeras horas, el dolor estuvo mezclado con la incertidumbre. No sabían si había sido un accidente, si le había pasado otra cosa, si todavía quedaba alguna posibilidad de que no fuera ella. "En el fondo uno sabe, pero quiere tener una esperanza de que no sea", dice su hermana. Recién cerca de la medianoche les confirmaron que la joven asesinada era Avril.
El ataque ocurrió en la zona de Rivera y Treinta y Tres, en Ciudad del Plata. Según fuentes del caso, un testigo que circulaba por el lugar declaró que al principio creyó ver una pelea, pero al acercarse advirtió que un joven atacaba a una muchacha que estaba en el suelo. Intentó intervenir y luego siguió al agresor hasta el centro asistencial conocido en la zona como el "Hospitalito", donde el joven se presentó y fue detenido.
El imputado, de 21 años, fue formalizado por un delito de homicidio muy especialmente agravado en modalidad de femicidio, pero declarado inimputable. A su vez, se dispuso su internación en el Hospital Vilardebó por 180 días, con máximas medidas de seguridad, a partir de una pericia psiquiátrica que informó su alta peligrosidad.
La familia de Avril comenzó a conformar un equipo legal para seguir de cerca la causa. Según supo El País, llegó al abogado Joaquín Abal a través de los abogados Damián Burgueño e Ismael Pérez, quienes lo convocaron ante la posibilidad de que la causa llegue a juicio oral. Abal ya trabaja junto a Santiago Noguera y Martina Piaggio, en una investigación propia para analizar la información disponible y colaborar con el esclarecimiento de los hechos.
Desde el equipo legal transmitieron que la prioridad es "acompañar a la familia en un momento de profundo dolor, con respeto y prudencia". También señalaron que confían en el trabajo de Fiscalía y que su rol será "aportar elementos, colaborar con la investigación y procurar que la familia tenga voz durante todo el proceso".
Para la familia de Avril, además del dolor por el crimen, también hay una necesidad de aclarar versiones que circularon después del femicidio. Su hermana asegura que Avril no tenía ningún vínculo con el agresor y que no había advertido amenazas previas.
El joven vivía en la zona. Las familias se conocían de vista, pero eso no implicaba una relación cercana. También concurrían al mismo liceo nocturno, aunque no estaban en la misma clase (habían compartido antes durante un año). "Avril era una persona sumamente abierta, no se guardaba nada", sostiene su hermana. Por eso, dice, si alguien la hubiera amenazado, molestado o insinuado algo que la incomodara, lo habría contado enseguida.
En su entorno no habían registrado ninguna señal previa. Esa es una de las cosas que más inquieta ahora a su hermana: la posibilidad de que una persona acumulara odio o una obsesión sin que Avril lo supiera. "Qué miedo pensar que alguien te puede estar odiando y vos no sabés porque no lo registrás", dice.
También explica que el duelo aparece de a golpes. "Te podés distraer, pero de repente caés de nuevo y te das cuenta de que es real", cuenta. Lo describe como una pérdida repentina, difícil de dimensionar. "Nunca pensás que te va a pasar", concluyó. La familia y allegados convocaron a una movilización para el sábado 27, a las 17:00 horas, en las letras de Ciudad del Plata, en el kilómetro 26. La convocatoria será bajo tres ejes: memoria, acompañamiento y justicia. La familia pidió especialmente que el encuentro esté centrado en Avril.
No quieren banderas partidarias ni consignas ajenas a la convocatoria. Buscan que sea un espacio para recordarla, hablar de quién era y sostener el pedido de justicia.
Porque, para quienes la querían, Avril no era solo la joven asesinada al volver del liceo. Era la hija menor que su madre iba a buscar en bicicleta, la hermana que prefería libros antes que bailes, la estudiante que quería ser profesora de Historia, la joven que soñaba con trabajar para ser más independiente, la que amaba a su perra Kali y la que todavía tenía una vida entera por delante.