Siguiendo a Smith
Resulta fascinante observar los principios económicos formulados en el siglo XVIII en las propuestas actuales.
A 250 años de la publicación de La riqueza de las naciones de Adam Smith, sus planteamientos mantienen plena vigencia y constituyen el fundamento teórico del crecimiento económico y de la creación de empleo. A pesar de que, a lo largo de este cuarto de milenio, se han implementado políticas contrarias a la lógica expuesta por el autor -muchas veces motivadas por expectativas poco viables-, la evidencia histórica respalda sus tesis.
Smith observó que los niveles de empleo más altos no se registran necesariamente en los países con mayor riqueza acumulada, sino en aquellos que experimentan una expansión económica más acelerada. En su época utilizó como ejemplo a Norteamérica, que con su ritmo de crecimiento generaba escasez de mano de obra, lo que se traducía en pleno empleo y salarios elevados. En contraste, advirtió que economías más ricas pero estancadas como Inglaterra no lograban dinamizar su mercado laboral.
Actualmente, Chile enfrenta años de bajo crecimiento del PIB, Imacec negativo en lo que va del 2026 y una tasa de desocupación del 9,1%, lo que significa que cerca de un millón de personas buscan un puesto de trabajo sin éxito. Asimismo, de los 9,5 millones de ocupados, menos de 6 millones registran cotizaciones previsionales. Es decir, presentamos un desempleo elevado y una baja calidad del empleo formal.
Con el objeto de cambiar este panorama, el Ejecutivo ha planteado soluciones regulatorias y modificaciones legales que siguen los principios de Smith. En primer lugar, propone mayor circulación laboral mediante la flexibilización y la adaptabilidad. En esta materia, el ministro del Trabajo, Tomás Rau, ha señalado lineamientos orientados a modificaciones al sistema de indemnización por años de servicio, el diseño de herramientas que permitan compatibilizar los turnos laborales con la variabilidad de la actividad económica y productiva, así como la materialización de la tan esperada sala cuna universal sin que signifique mayores costos para el empleador.
En segundo lugar, Smith postuló la importancia de fomentar el flujo de inversión y eliminar barreras para lograr una asignación eficiente del capital. Ambos pilares son abordados en el proyecto de ley para la Reconstrucción Nacional y el Desarrollo Económico y Social que se discute en el Senado.
Resulta fascinante observar los principios económicos formulados en el siglo XVIII en las propuestas actuales y es que, sin duda, parecen ser la mejor alternativa para promover el crecimiento sostenible y la eficiencia en el mercado laboral. Esperemos que la concreción de estas iniciativas logre alcanzar la mejor política social que un país puede tener: el pleno empleo.