Durante un año, Laura Wittner registró síntomas, lecturas, consultas médicas y dudas. El resultado es "Diario de menopausia", un libro que busca ponerle nombre a una transformación poco hablada.
Laura Wittner tenía 52 años cuando empezó a sentir que algo cambiaba en su cuerpo. El insomnio, los olvidos, los cambios de ánimo y una sensación de extrañeza difícil de describir empezaron a formar parte de sus días. Lo que más le sorprendió no fueron los síntomas, sino descubrir que nadie le había explicado que podían aparecer.
"Lo único que sabía de la menopausia eran los calores o que podías tener poca energía", comenta a El País.
Cuando la editorial argentina Bosque Energético la convocó para escribir un diario, primero dudó. No sabía sobre qué hacerlo. Hasta que advirtió que había un tema que atravesaba conversaciones con amigas, familiares e incluso desconocidas: la menopausia.
Durante un año de mayo de 2024 a mayo de 2025 la poeta y traductora argentina registró esa experiencia. Anotó consultas médicas, lecturas, investigaciones, síntomas, dudas y hallazgos.
El resultado es Diario de menopausia, que recientemente llegó a librerías uruguayas a través de Criatura Editora. "Es un intento de ponerle nombre a todas las cosas que me estaban pasando", cuenta. "Son difíciles de expresar y, para quienes no las están viviendo, también son difíciles de escuchar porque cambian constantemente, tanto en lo emocional como en lo físico. Escuchadas desde afuera pueden parecer una queja infinita".
Sin embargo, Diario de menopausia está lejos de convertirse en un catálogo de síntomas o una enumeración de malestares. En sus páginas hay lugar para canciones, viajes, lecturas, congresos y conversaciones con amigas. También para la natación, una práctica que atraviesa el diario y a la que Wittner regresa dos veces por semana, como una forma de sostener el equilibrio cuando todo parece reacomodarse.
Sobre eso, la escritora dialogó con El País.
Hay una idea que atraviesa Diario de menopausia: la de un movimiento constante. Hay síntomas, incertidumbres y momentos difíciles, pero mientras tanto la vida sigue. ¿Esa es, de alguna manera, la conclusión?
Sí. Como yo lo escribí de mayo a mayo, esa búsqueda siguió y sigue. Se traduce, más que nada, en una apertura a mirar qué tiene de interesante esta etapa de la vida que está llegando. Más allá de que algunas sensaciones puedan ser malas, hoy estoy en otro lugar gracias a lo que investigué y modifiqué. Ya no estoy en el centro del malestar. También hay algo de curiosidad.
¿En que sentido?
En el de que en mi mente aparece la imagen de una mutación: como si estuvieras cambiando día a día hasta que finalmente se establece una nueva forma. Es dejarse atravesar por esa transformación con la curiosidad suficiente como para ver en qué te convertís. Abrirse a esa incertidumbre. Eso es, un poco, lo que me está pasando ahora: preguntarme quién soy y tratar de encontrar algo interesante en esa nueva versión de mí misma.
El libro muestra lo poco que se habla sobre la menopausia.
Nadie te dice que en un momento de tu vida las hormonas con las que se maneja tu cerebro y se rige tu cuerpo las vas a dejar de producir. Entonces tu cuerpo va a sufrir cambios y tu cerebro va a tener que aprender a manejarse sin todo ese combustible. Cuando era chica nos explicaban qué era la menstruación. Cuando te embarazás, te explican qué significa estar embarazada. Pero esto no. Queda reducido a un borrón o a una especie de chiste social.Por eso me parece importante saber de antemano que tu cuerpo va a cambiar y que vas a tener que ayudarlo: haciendo actividad física, modificando la alimentación, tomando suplementos o recurriendo a un tratamiento de reemplazo hormonal, siempre en diálogo con tu médico.
Y, sin embargo, también da la impresión de que eso está empezando a cambiar.
Sí. Tengo la sensación de que en los últimos años el tema empezó a aparecer más. Investigando para Diario de menopausia encontré publicaciones anteriores en otros idiomas, pero ahora hay más conversación y más información circulando. Creo que tiene que ver con una cuestión generacional. Somos la generación que fue corriendo ciertos límites a medida que se los encontraba. Si generamos la posibilidad de hablar de nuestros cuerpos, de la sexualidad, de la vida reproductiva, del derecho al aborto o del dinero, era lógico que, llegadas a este punto, también termináramos hablando de esto. Hay una apertura mayor, aunque también hay rechazos. Algunas mujeres prefieren no saber nada del tema y muchos hombres reaccionan con fastidio, como si se hubiera hablado demasiado de algo que, en realidad, recién está empezando a discutirse. Celebro que esa conversación exista. Son movimientos necesarios.
¿Qué te gustaría que encontraran las lectoras en Diario de menopausia?
A mí me sirvió mucho descubrir que no estaba sola. Hablando con amigas, familiares o desconocidas, pero también leyendo comentarios de mujeres en redes sociales. Encontré experiencias muy específicas y sutiles que yo sentía únicas. Eso te hace sentir mejor. Me alegra cuando alguien me escribe después de leer el libro para contarme que está viviendo algo parecido. Para mí, la conversación es fundamental. Cuando un tema me interesa, también me interesa escuchar qué les pasa a otras personas. Si este libro sirve para que otras mujeres o los hombres que las acompañan entiendan mejor este proceso, siento que cumplió su misión.