Nacido en las aulas y convertido en fenómeno latinoamericano, Pim Pau llega a Montevideo con un show que apuesta al juego, la música y el encuentro familiar.
El trío Pim Pau nació en las aulas, pero hace tiempo que trascendió los salones. Lo que comenzó como una propuesta impulsada por tres docentes interesados en explorar el vínculo entre arte, juego y educación terminó convirtiéndose en uno de los proyectos familiares más exitosos de América Latina, con millones de seguidores en plataformas digitales y giras que recorren el continente.
Integrado por los argentinos Eva Harvez y Lucho Milocco (los primeros en la foto) junto al brasileño Cássio Carvalho, el grupo construyó una identidad propia en un terreno donde abundan las fórmulas repetidas. Su apuesta combina música, danza, teatro, literatura y movimiento corporal, siempre desde una premisa que atraviesa todo su trabajo: los niños no son espectadores pasivos, sino participantes activos de la experiencia.
En tiempos dominados por las pantallas y el consumo veloz de contenidos, Pim Pau propone algo que parece casi revolucionario: parar, escuchar, jugar y compartir. Sus espectáculos prescinden de grandes recursos tecnológicos (no hay pantallas gigantes) para privilegiar el encuentro entre artistas y público, una decisión que ha generado una conexión especial con familias de distintos países.
Este domingo, a las 15.00, regresan a Montevideo con Fiesta Tucumpá, para dar el espectáculo más convocante en el país, en el Auditorio Adela Reta. Quedan muy pocas entradas en Tickantel.
Uruguay es uno de los primeros países que abrazó el proyecto fuera de Argentina, y Harvez y Milocco hablaron con El País de su propuesta, la importancia del juego, los desafíos de crear contenidos para las infancias y las nuevas plataformas.
¿En qué momento entendieron que no querían hacer solamente canciones infantiles? Harvez: En realidad somos tres docentes y nacemos del contacto en el aula con la primera infancia. Desde el comienzo estuvo muy presente lo pedagógico y lo educativo. Por eso nunca nos definimos solamente como una banda, sino como un proyecto de arte y educación. Las canciones aparecen como una parte de algo mucho más amplio que incluye juegos, movimiento, literatura y propuestas para docentes y familias.
¿Cómo termina formándose un grupo integrado por dos argentinos y un brasileño que hoy gira por toda América Latina? Milocco: Fue un encuentro bastante casual, aunque en espacios muy vinculados con los cimientos del proyecto. Eva y Cássio se conocieron en clases de danza y nosotros compartíamos espacios de docencia. Desde el principio aparecieron juntos la música, la danza, la educación y el juego. Después llegó YouTube, que nos permitió trabajar con todos esos lenguajes al mismo tiempo y nos abrió una puerta enorme.
¿Qué papel tuvo YouTube en el crecimiento de Pim Pau? Harvez: Fue fundamental. El formato audiovisual nos permitía integrar música, movimiento y narración. Cuando el proyecto empezó a viralizarse en 2014, llegamos a muchos países antes de visitarlos físicamente. La gente ya conocía nuestras canciones y nuestros juegos cuando nosotros todavía no habíamos pisado esos lugares.
Y Uruguay tuvo un lugar especial en ese recorrido. Milocco: Sí, fue uno de los primeros países que visitamos y probablemente el que más conocemos fuera de Argentina. Tenemos una relación muy fuerte con el público uruguayo y la comunidad educativa.
Los niños suelen ser el público más sincero. ¿Cómo prueban una canción o un show nuevo? Milocco: La interacción con las infancias siempre es muy honesta. Inmediatamente uno percibe qué despierta interés y qué no. Pero no existe una fórmula única para crear. A veces una canción nace de un movimiento, otras de una imagen, de un sonido o de una historia. Lo importante es mantener una mirada curiosa y estar atentos a lo que sucede alrededor.
También están explorando nuevos formatos, además de los discos y videos. Harvez: Sí. Empezamos un camino nuevo con los podcasts para niños. La idea es desarrollar cuentos, relatos y leyendas. Nos interesa seguir explorando distintos formatos porque cada uno permite contar historias de una manera diferente.
https://youtu.be/lIiaRvamZQc ¿Cómo logran adaptarse a plataformas tan distintas sin perder la identidad de Pim Pau? Harvez: Intentamos que la premisa sea siempre la misma: generar contenidos de calidad que propongan algo diferente a una mirada mercantilizada de la infancia. Cambia el formato, cambia la plataforma, pero no cambia la esencia del proyecto.
Sus propuestas escapan de la infantilización que aparece en muchos espectáculos para niños. Milocco: Porque creemos que los niños y las niñas son sujetos de derechos, productores de cultura y de conocimiento. Les hablamos desde un lugar de respeto. Tampoco buscamos infantilizarnos nosotros como adultos. Lo que hacemos es estar disponibles para el juego.
Y eso atrae a los adultos. Harvez: Claro. Cuando un adulto ve a otros adultos jugando genuinamente, se siente invitado a participar. No tiene que fingir que se divierte. Por eso muchas veces los padres terminan tan involucrados como los niños.
https://www.youtube.com/watch?v=xPd3Arz0384 ¿Por qué sus espectáculos no tienen pantallas? Milocco: Es una decisión consciente. Queremos convocar la presencia. Buscamos que las personas participen corporalmente, que bailen, que jueguen, se vinculen entre sí. En un contexto donde estamos tan atravesados por las pantallas, creemos que eso tiene un valor especial.
¿Qué respuesta tienen de públicos que tal vez no los conocen? Harvez: Recuerdo un festival en México donde había sobre todo adultos. Al principio observaban con cierta distancia, pero cuando empezaron los juegos terminaron participando. Ahí uno entiende que el juego es un lenguaje universal.
Milocco: En México tuvimos de espectadoras a tres abuelas como de 90 años que fueron sin hijos ni nietos, a divertirse ellas.
¿Qué les interesa provocar cuando una familia asiste a un show de Pim Pau? Milocco: Que puedan encontrarse. Que durante un rato dejen de lado las distracciones y compartan una experiencia real, en tiempo y espacio, con otras personas. Parece algo simple, pero hoy tiene un valor enorme.