Viernes, 26 de Junio de 2026

Agro: Gestionar la incertidumbre

ChileEl Mercurio, Chile 26 de junio de 2026

La innovación, la apertura internacional, la visión y empuje de los productores llevaron al agro chileno a las mesas del mundo, transformaron a la fruta chilena en protagonista de los mercados internacionales y al país en un referente global

La innovación, la apertura internacional, la visión y empuje de los productores llevaron al agro chileno a las mesas del mundo, transformaron a la fruta chilena en protagonista de los mercados internacionales y al país en un referente global.
Sin embargo, desde hace un tiempo algo parece no funcionar. No solo porque surgieron nuevos competidores, sino porque cada vez con más frecuencia las expectativas de cientos de agricultores chocan con la realidad.
Las cerezas, la fruta estrella, en las dos últimas temporadas no lograron los resultados económicos esperados. El vino arrastra años de dificultades. El trigo y el maíz siguen enfrentando incertidumbre respecto de costos y precios. El último remezón fue el cierre del poder comprador de la remolacha, un cultivo donde Chile ostenta récords mundiales de productividad, pero hoy cerca de 300 productores buscan qué cultivar en esas 7 mil hectáreas.
No hay que olvidar que detrás de cada decisión productiva hay impactos sociales, financieros y territoriales que rara vez forman parte de la discusión pública. El agro sostiene empleo, cadenas productivas y comunidades. Es también identidad, estabilidad territorial y movilidad social. Gracias al desarrollo agrícola, muchas familias y localidades rurales han crecido y mejorado sus condiciones de vida. Eso es lo que el Estado no puede olvidar.
Las causas de lo que ocurre no son solo la geopolítica, el cambio climático o la economía global. Esos son factores externos, que los agricultores y los exportadores no pueden controlar. El problema es que hoy muchos de los riesgos son internos y provienen de decisiones que sí se pueden manejar, como, por ejemplo, no depender excesivamente de un mercado (como ha ocurrido con las cerezas); no apostar a tendencias atractivas, pero que se diluyen; o no quedarse con las señales de corto plazo, sin leer las que asoman en el horizonte.
Chile sigue teniendo enormes fortalezas, una agricultura reconocida internacionalmente y agroempresarios con empuje y visión. Sin embargo, mantener el liderazgo exige una conversación más estratégica sobre diversificación, innovación y gestión de riesgos, y entender que competitividad y sostenibilidad son conceptos inseparables.
Pero nada de eso es suficiente si no hay un Estado que reconozca el peso real del sector y desarrolle políticas públicas que anticipen los problemas en lugar de administrar sus consecuencias. Situaciones como las de la remolacha deberían estar resueltas antes de ocurrir. La pregunta no puede seguir siendo qué fruta, variedad o cultivo será el próximo éxito. La pregunta es cómo construimos una agricultura capaz de sobrevivir a la siguiente sorpresa. El agro siempre ha convivido con la incertidumbre. La diferencia es que hoy el desafío es aprender a gestionarla y eso no le corresponde solo a quienes producen.
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