Sábado, 27 de Junio de 2026

Deudas con el Caribe

ColombiaEl Tiempo, Colombia 26 de junio de 2026


Julián López Murcia, DPhil
Más allá del comportamiento electoral del Caribe en la segunda vuelta —desfavorable para el presidente electo—, la llegada de un presidente costeño debería convertirse en un punto de quiebre para la actual tendencia regional, que tiene al Caribe entre los mayores niveles de pobreza multidimensional del país


Julián López Murcia, DPhil
Más allá del comportamiento electoral del Caribe en la segunda vuelta —desfavorable para el presidente electo—, la llegada de un presidente costeño debería convertirse en un punto de quiebre para la actual tendencia regional, que tiene al Caribe entre los mayores niveles de pobreza multidimensional del país. Al final de un animado foro sobre reforma del SGP, Adolfo Meisel me compartió un libro de bolsillo titulado El liderazgo y el futuro del Caribe colombiano. Dos preguntas con autocrítica regional guían el libro: por qué el Caribe ha tenido tan limitada representación en el gobierno nacional, a pesar de su importante peso electoral y poblacional; y cómo solucionar esta crisis de liderazgo para superar el rezago económico y social de la región. En los inicios de la república (1821-1900), señala Meisel, a pesar de que la costa Caribe tenía el 19% de la población solo tuvo el 12% de los ministerios, mientras Bogotá tuvo el 30% de los gabinetes con el 14% de la población. Y ya en el siglo XX, mientras los departamentos de la costa Caribe alcanzaron, en total, el 13% de los ministerios con el 17% de la población, Antioquia, sola, obtuvo el 17% de los ministerios con el 13% de los habitantes. Como explicación, plantea el peso económico de las regiones. Mientras la bonanza cafetera benefició principalmente a Antioquia y los departamentos de su colonización —facilitando la industrialización de Medellín—, simultáneamente generó pérdidas de competitividad de las exportaciones del Caribe, que en la primera mitad del siglo XX decrecieron un 0,3% anual, en contraste con el crecimiento nacional de 4,9%. A lo que se suma: una estructura territorial fragmentada, debilidad de la tecnocracia del Caribe en cuanto a estudios en el exterior y redes profesionales, y falta de legitimidad de la dirigencia política costeña por estereotipos de corrupción. Para corregir el rumbo, Meisel tiene propuestas como una mayor integración con la economía mundial —teniendo en cuenta las ventajas de la región para las exportaciones—, mejorar la calidad educativa de la región, y apoyar la formación de tecnocracia costeña. Las deudas con el Caribe también exigen: priorizar la atención de sus necesidades energéticas a corto, mediano y largo plazo (financiación, ejecución, supervisión y regulación); apoyar a fondo la conformación de la Región Entidad Territorial (RET); reconocer la actual tecnocracia costeña en espacios clave como Hacienda y DNP; y ascender en las mediciones internacionales de transparencia e integridad para enfrentar con hechos los estereotipos. Saldar las deudas con el Caribe no será obra de un solo periodo, pero sí puede ser este el punto de quiebre que la región necesita.
Director de Nalanda Analytica.
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