Domingo, 28 de Junio de 2026

El invento argentino que empezó a multiplicarse en Europa y ya es un gran negocio

ArgentinaLa Nación, Argentina 15 de mayo de 2026

Facundo y Ailín Pérez en El Kiosco Argento, en Barcelona A las cinco de la mañana, cuando Barcelona todavía está medio vacía y los primeros transeúntes empiezan a andar por la ciudad, Facundo Pérez levanta la persiana de un negocio que, hasta hace muy poco, parecía imposible de explicarles a los españoles

Facundo y Ailín Pérez en El Kiosco Argento, en Barcelona



A las cinco de la mañana, cuando Barcelona todavía está medio vacía y los primeros transeúntes empiezan a andar por la ciudad, Facundo Pérez levanta la persiana de un negocio que, hasta hace muy poco, parecía imposible de explicarles a los españoles. Sobre una peatonal elegante del Eixample catalán conviven diarios, revistas, yerba mate, alfajores, bombillas, escarapelas, figuritas del Mundial, stickers para termos . No es solamente un local comercial y tampoco una tienda de productos argentinos. Y ahí está precisamente el punto. " El kiosco va más allá de la nostalgia. Es un reconocimiento identitario ", dice Pérez, el dueño de El Kiosco Argentino.

En diálogo con LA NACION cuenta: "Nos identifica a todos". El formato es típicamente argentino y empezó tímidamente a crecer en distintas ciudades de Europa, Australia y América del Norte. Esa mezcla inclasificable de minimercado, barra improvisada de bar y punto de encuentro hace un tiempo comenzó a transformarse en un formato exportable . Detrás de ese fenómeno está también el motor del consumo nostálgico .

Es que un alfajor afuera no tiene el mismo valor en la Argentina que afuera, y una bolsa de caramelos con una marca con caritas es lo mismo cuando se la compra en Barcelona, Melbourne o Toronto que en Buenos Aires o Córdoba. En el exterior, todavía, funcionan como disparadores emocionales, una forma de conectar con la infancia, con el barrio, con la familia. " Cuando estás afuera se extrañan hasta nuestros problemas ", resume Leonel Brime , creador de Bondi al Mundo , una plataforma que distribuye al mundo productos argentinos.

Tanto él, como Sebastián Abolsky , cofundador de Pampa Direct, a dmiten que nacieron como un reemplazo del kiosco. Lo que comenzó como una pequeña plataforma de venta de alfajores y golosinas terminó convirtiéndose en un gigantesco supermercado online internacional de productos argentinos y uruguayos. "En un punto empezó siendo un reemplazo de los kioscos -dice-. Pero hoy tenemos más de 10.000 productos".

La empresa realiza más de 15.000 envíos mensuales a más de 80 países y crece al 40% anual. El catálogo incluye desde yerba y alfajores hasta camisetas de fútbol, vinilos, juegos de mesa, parrillas y tablas para asado. Incluso productos aparentemente imposibles de exportar. "Mandamos tapas de empanadas a Tokio", cuenta y precisa que ya la mitad de sus clientes son extranjeros. "Gente que visitó Argentina, tiene familia allá o se enamoró de nuestra cultura", agrega.

Menciona así otra dimensión del negocio, la "argentinidad" como producto cultural global . El fútbol, el mate, la gastronomía y ciertas formas de sociabilidad empezaron a ganar atractivo internacional. De hecho, el kiosco por décadas fue un fenómeno absolutamente local. En otros lugares del mundo existían tiendas de conveniencia, drugstores o pequeños locales abiertos hasta tarde, pero no eran lo mismo.

Faltaba el "kiosquero" que, históricamente, fue una figura barrial. Alguien que conocía rutinas, horarios, nombres y conversaciones. El kiosco no era solamente un lugar de compra rápida: funcionaba como extensión de la calle y de la vida cotidiana. "Vas desde que tenés uso de razón. Vas desde que sos tan chico que no podés acordarte de cuál fue la primera vez. Vas como quien va al patio de su casa, pero no. Porque ir allá es distinto. Es afuera", escribió Eduardo Sacheri para la muestra "Kioscos Argentinos" organizada por Arcor hace una década.

Primero en Madrid

La familia Capi, originaria de Buenos Aires, tuvo un papel pionero en la introducción de los "maxikioscos" argentinos en Madrid a mediados de la década de los 2000 . El primero nació de la mano de Oscar Capi en el barrio porteño de Once; Diego Mellino, yerno del fundador, fue el responsable de expandir el modelo. Inició con uno en Gran Vía 50.

Hace poco, según investigaciones publicadas por LA NACION , el padre de Mellino, Orlando Mellino, recibió transferencias en criptomonedas por más de US$1 millón provenientes de Hayden Mark Davis -uno de los impulsores de $LIBRA- poco antes del lanzamiento del token. La Justicia investiga esos movimientos y posibles vínculos con otras operatorias. Leonel Brime, dueño de Bondi al Mundo, con base en Australia.

Después de más de 20 años trabajando en publicidad y marketing en Barcelona, Pérez decidió cambiar de vida cuando cumplió 40: "Tenía ganas de hacer un refresh. Mi esposa me impulsó a emprender". Ella es catalana y wedding planner , Claudia Martín. Siempre había trabajado en relación de dependencia y quería hacer algo que lo "identificara. Tenía ganas de emprender con pasión".

La idea surgió cuando detectó que los tradicionales kioscos de prensa españoles estaban desapareciendo, muchos cerraban o se reconvertían en cafeterías. Ahí vio una oportunidad. "Hice una investigación de mercado bastante profunda y pensé ‘ ¿por qué no fusionar ese concepto con el argentino de kiosco ?", recuerda. Compró el lugar en agosto de 2024, pero las habilitaciones y trámites demoraron meses. Mientras tanto, aprendió el oficio tradicional de kiosquero de prensa. "Me levantaba a las cinco de la mañana todos los días, de lunes a lunes", menciona. El 7 de enero de 2026 abrió formalmente El Kiosco Argento.

El nombre no fue casual. En España, la palabra "kiosco" remite casi exclusivamente a los puestos de diarios y revistas. En Argentina, en cambio, significa otra cosa. "Nosotros cuando decimos kiosco pensamos automáticamente en golosinas, bebidas, figuritas, cigarrillos. Pero también le decimos kiosco al de prensa. Entonces terminé fusionando esas dos identidades", explica.

Empezó rápidamente a atraer argentinos, españoles y turistas curiosos. Mitad del local conserva la lógica catalana del kiosco tradicional y, la otra, la de una esquina porteña o rosarina. Tiene 35 variedades de yerba mate, alfajores, Palitos de la Selva, Flynn Paff. Titas, Rhodesias, escarapelas, revistas argentinas, termos, bombillas, libros y stickers futboleros. Pero el atractivo que lo impuso fue la sociabilidad.

"Es impresionante porque vienen desde empresarios hasta gente recién llegada que está trabajando informalmente. Todos terminan hablando entre ellos -dice Pérez-. El kiosco genera un encuentro muy natural ". En los últimos meses comenzaron a organizar intercambios de figuritas, torneos de ajedrez, actividades patrias y encuentros culturales. Los sábados, sobre la peatonal donde está ubicado, juegan partidas abiertas dos campeones argentinos de ajedrez radicados en Barcelona.

"Los españoles se integran muchísimo -agrega-. Preguntan por nuestra cultura, por los productos, hablan con argentinos. Se genera algo intercultural muy lindo".

En Australia , Brime detectó exactamente eso. Vive hace años en ese país y la idea de su emprendimiento apareció mientras entrenaba carreras de ultradistancia en montaña. "Uno pasa horas corriendo sin celular y empiezan a aparecer ideas -repasa-. Estaba viviendo en un pueblo donde no conseguía yerba y me cansé de comprarle a empresas que no entendían lo que significaba recibir productos argentinos". Ahí nació Bondi al Mundo.

"Sentía que nadie entendía lo que vive un migrante. Hacías un pedido y no había una persona atrás. Llegaban productos rotos, sin cuidado, sin cariño", apunta. Decidió construir el proyecto alrededor de la experiencia emocional del cliente. "Queríamos que la gente reciba algo más que una caja. Un sticker, un mensaje, un alfajor extra. Cosas que a mí me hubiese gustado recibir", añade.

El negocio funciona con una lógica casi artesanal, hay personas trabajando desde Australia, La Plata y Vicente López buscando productos específicos para emigrados argentinos repartidos por distintos países. " Somos el reemplazo del kiosco -plantea Brime-. La gente nos pide caramelos que no tienen el mismo sabor afuera. Nos cuentan que guardan las golosinas en un cajón especial para cuando están tristes o extrañan".

Las anécdotas se acumulan. Clientes que piden chocolates regionales imposibles de conseguir; yerbas específicas distribuidas sólo en el norte argentino o productos discontinuados que remiten a recuerdos infantiles. "Trabajamos con sentimientos, no sólo con productos", insiste.

Franquicias

El crecimiento de estos emprendimientos también muestra un cambio generacional dentro de la migración argentina, los últimos mantienen una hiperconexión digital con la Argentina y eso suele amplificar la necesidad de ciertos consumos identitarios. "Los argentinos nos llenamos mucho con la parte afectiva -sostiene Brime-. Nadie entiende cómo tres argentinos se juntan a tomar mate y son felices".

Ese modelo, desde lo comercial, es lo que busca desarrollar Draxo, fundada en Santa Fe por Pablo Coronel y Jorge Cantero. En siete años, la cadena alcanzó 28 sucursales entre Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires con un formato híbrido de kiosco, drugstore y bar. "Se encuentra de todo, snacks, bebidas, lácteos, productos de limpieza. Pero también un punto de reunión", sintetiza Coronel. Pablo Coronel ya recibe consultas desde España para franquiciar la marca.

Las sucursales tienen mesas en la vereda, televisores para partidos y horarios extendidos, muchas de ellas abiertas las 24 horas. "El formato genera mucho movimiento social. Los jóvenes se juntan a mirar partidos, a tomar algo, a quedarse", continúa. Ya tienen consultas desde España para desembarcar en ese país. "Tenemos inversores interesados. Queremos expandirnos al exterior, pero a pasos firmes", señala.

Es que el modelo argentino combina productos con cercanía humana. Pérez lo observa todos los días desde Barcelona: "Acá quizás cuesta más entrar en confianza. El kiosco rompe eso. Genera cercanía, vecindad. Tiene que ser permeable. Escuchar permanentemente qué quiere la gente".

La idea de franquiciar el concepto ya está sobre la mesa. El objetivo es abrir un segundo local en Barcelona y desembarcar en Madrid. "Queremos encapsular el modelo para poder replicarlo", plantea.
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