Domingo, 28 de Junio de 2026

Todo extremo es vicioso

ColombiaEl Tiempo, Colombia 28 de junio de 2026

Los cafeteros, bananeros, floricultores, ganaderos o cultivadores de aguacate del país forman parte de la lista de damnificados por esta situación

Los cafeteros, bananeros, floricultores, ganaderos o cultivadores de aguacate del país forman parte de la lista de damnificados por esta situación. Igualmente, sufren los productores locales que compiten con bienes importados.
ricardo ávila- especial para el tiempo @ravilapinto
analista sénior
A mediados de enero pasado una docena de gremios que representan a diferentes sectores de la economía hizo público un comunicado en el cual los firmantes expresaron su preocupación por el nivel de la tasa de cambio. En aquel entonces el dólar estaba en cercanías de los 3.650 pesos, un valor considerado lesivo para diferentes sectores, tanto de la industria, como del agro y los servicios. Según lo señalado en la ocasión, la coyuntura estaba "afectando directamente la competitividad de las empresas exportadoras, presionando márgenes, desincentivando inversiones y poniendo en riesgo el empleo formal". Los fabricantes locales señalaron a su vez que diferentes negocios se hacían inviables por cuenta de que el producto importado salía más barato que el nacional, en un escenario de mayores costos laborales tras el alza del salario mínimo. Buena parte de la responsabilidad en la situación se les atribuyó a las "operaciones de financiamiento y manejo de deuda del Gobierno Nacional" impulsadas por el Ministerio de Hacienda. Por eso cuando hace unas semanas quedó cancelado uno de los instrumentas que habría causado parte de las anomalías, alcanzó a aflorar un sentimiento de alivio entre los interesados al pensar que la etapa más dura había quedado atrás. Pero el respiro duró poco y las alarmas volvieron a encenderse. De hecho, comenzaron a sonar con más fuerza a partir del lunes 22, cuando el billete verde se ubicó en 3.385 pesos, un punto que no alcanzaba desde febrero de 2020. Si bien en los días siguientes parte de ese camino se revirtió, la divisa cerró el viernes por debajo de los 3.450 pesos, algo que parecía impensable poco tiempo atrás. Lo curioso es que semejante comportamiento ocurrió cuando en buena parte del planeta la moneda estadounidense se fortaleció frente a las demás. Factores como la reanudación del transporte de petróleo por el Golfo Pérsico, la relativa fortaleza económica estadounidense y la percepción de que el Banco de la Reserva Federal en Washington subirá su tasa de interés explican lo sucedido. En consecuencia, otras especies han perdido terreno. Por ejemplo, el euro cayó a su registro más bajo de los últimos doce meses en relación con el dólar y acumula un retroceso cercano al 2,5 por ciento en lo que va de junio. A su vez, en América Latina el peso argentino o el real brasileño, y en menor grado el peso chileno o el mexicano, también se replegaron. Caso excepcional ¿Por qué la moneda colombiana va en contravía de la mayoría? Para los expertos, la explicación principal recae en los resultados electorales que han hecho más atractivo el país para los capitales extranjeros. El área de Investigaciones Económicas de Corficolombiana habla en un reporte aparecido el jueves de "la presencia de factores idiosincráticos que estarían impulsando el apetito por activos locales más allá de la dinámica global". Dicho de manera descarnada, los inversionistas que a lo largo de meses registraron el primer lugar de Iván Cepeda en las encuestas empezaron a ver como más probable a mediados de mayo el triunfo de la oposición. Esa percepción se consolidó con los resultados de la primera vuelta, que sorprendieron a unos y a otros. Pero no fue hasta que se confirmó la victoria de Abelardo de la Espriella el 21 de junio que apareció un escenario distinto en el cual diferentes indicadores de riesgo se redujeron abruptamente, de manera sustancial. Y es que aparte del dólar también cayó para Colombia el índice de bonos de mercados emergentes del banco JP Morgan, conocido como Embi, por su sigla en inglés. Este mide la diferencia en rentabilidad exigida en los mercados entre los títulos emitidos por una nación determinada y los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados como el papel más seguro de todos. Aparte de lo anterior, también fue notoria en el caso colombiano la descolgada de los llamados Credit Default Swaps (cuya sigla usual es CDS), una especie de prima de seguros ante eventuales incumplimientos de un crédito. Después de estar muy por debajo de sus pares en América Latina, el país volvió a un nivel que no veía desde 2021 cuando sus bonos todavía recibían buenas notas por parte de las firmas calificadoras de riesgo. Detrás de tales movimientos, lo que aparece es la percepción de que Colombia acabará poniendo su casa en orden con la llegada de Abelardo de la Espriella al poder. Como es bien sabido, hay un desbarajuste fiscal significativo que se traduce no solo en un saldo en rojo en las cuentas públicas -el cual podría acercarse a los observados en la época de la pandemia- sino en una deuda estatal que seguiría en aumento, a menos que venga una cirugía de fondo. Dado que el Presidente electo prometió en campaña una agresiva política de recorte de gasto, se vuelve más factible que el desequilibrio actual empiece a corregirse de manera gradual. Así se alejaría el temor de un incumplimiento de las obligaciones estatales, lo cual se traduce en precios moderados ya sea para el dólar o los Títulos de Tesorería (TES), mientras las cotizaciones de las acciones que se transan en la bolsa colombiana tienden a subir. Tal comportamiento se ve acentuado por flujos de dinero de gran magnitud que aprovechan diferentes oportunidades, dependiendo de la geografía. Desde hace tiempo se ha dicho que Colombia es uno de los lugares preferidos por quienes se dedican a lo que se conoce como el carry trade, un término anglosajón que describe una estrategia de inversión financiera que consiste en tomar dinero barato en un sitio y llevarlo a otro donde la rentabilidad sea mucho mayor, embolsillándose la diferencia. Por ejemplo, conseguir recursos prestados en Japón a menos del 2 por ciento anual, para colocarlos en TES denominados en pesos que llegaron a negociarse con un rendimiento superior al 14 por ciento, suena como algo muy atractivo. Decenas de millones de dólares se mueven diariamente con esquemas similares, a sabiendas de que el peligro es un cambio súbito en la tasa de cambio. No obstante, si el sitio de destino de los fondos se vuelve más tentador porque la eventualidad de una devaluación de la moneda local frente a la estadounidense es baja, las utilidades serán todavía mayores. Eso es lo que ha pasado en Colombia, en donde muchos han ganado por punta y punta: de un lado por los intereses derivados de los bonos adquiridos y, del otro, porque reciben más dólares cuando convierten los pesos que cambiaron originalmente a una tasa superior. Aunque a la larga los márgenes de utilidad se acaban estrechando, ciertas condiciones apuntan a prolongarse. Todo sugiere que este martes el Banco de la República seguirá subiendo su tasa de interés con el fin de poner en cintura a la inflación que amenaza con sobrepasar la barrera del 6 por ciento anual, por lo cual los incentivos señalados continuarían. Otro escenario A la luz de lo que viene, las apuestas están a la orden del día frente a lo que seguiría. En un bando se encuentran quienes aseguran que el dólar continuará bajando de precio en los meses que vienen, porque el país vuelve a estar en el radar de sectores como el de hidrocarburos, ahora que se anuncia la reanudación de los contratos de exploración. Montos más elevados de inversión extranjera directa incrementarán la oferta de divisas. Queda por verse igualmente si los precios del petróleo -que sigue siendo el primer renglón de las exportaciones colombianas- se mantienen en niveles atractivos en la medida en que se hace necesario volver a acumular los inventarios que se gastaron por causa del cierre del estrecho de Ormuz. No obstante, el mayor motivo de especulación es que tras el cambio de inquilino en la Casa de Nariño la administración Trump le haga un préstamo directo a Colombia con el fin de darle espacio presupuestal a un gobierno que encontrará la olla de las finanzas públicas raspada. La idea se ha venido ventilando y, aunque todavía está lejos de concretarse, podría asemejarse al respaldo que recibió Argentina en octubre de 2025 cuando el tesoro estadounidense le abrió una línea por 20.000 millones de dólares, de los cuales se acabaría usando tan solo una fracción que Buenos Aires pagó en diciembre del mismo año. De ser así, el peso colombiano podría apreciarse todavía más, al menos durante un tiempo corto. Pero es mejor mantener la cautela. Aparte de que los especuladores tratarán de hacer su agosto, no está de más recordar que hay muchos elementos en la ecuación. Para comenzar, vale la pena tener en cuenta la geopolítica y las circunstancias económicas mundiales. Si el dólar continúa fortaleciéndose en comparación con otras divisas y sucede lo mismo en América Latina, será difícil que Colombia siga siendo un caso excepcional. Por otro lado, no hay que minimizar las dificultades que encontrará De la Espriella una vez asuma el poder. Recortar gastos y bajar el déficit fiscal es algo que no sucederá de la noche a la mañana debido a numerosas rigideces. Tampoco hay que ignorar la posibilidad de una mayor agitación social, alimentada por una oposición que ya dejó en claro su voluntad de tomarse las calles para protestar. Cuando se hacen las debidas sumas y restas, los expertos se inclinan por una posición intermedia. Corficolombiana subraya que si se consideran los factores fundamentales que determinan la tasa de cambio el dólar debería estabilizarse en torno de los 3.600 pesos en el corto plazo. Hacia adelante se presentan dos caminos muy distintos. Para la entidad, aparece la de "una consolidación fiscal creíble, recuperación sostenida de la inversión y del crecimiento potencial y reactivación del sector minero energético". Bajo este escenario, el precio de equilibrio del billete verde se acercaría a los 3.100 pesos. Sin embargo, no se puede desconocer un trayecto distinto marcado por la baja gobernabilidad y el lento avance de las condiciones económicas. En este caso nos asemejaríamos más a la realidad de Brasil y la tasa de cambio oscilaría alrededor de los 4.100 pesos. Que el rango sea tan amplio muestra que la incertidumbre ante lo que viene es elevada, aunque no se prevé nada del estilo de lo que pasó en 2022, cuando ante las dudas ocasionadas por la llega de Gustavo Petro a la Presidencia el dólar se disparó. Ahora, curiosamente, las inquietudes no están relacionada con el hecho de que la divisa se ubique muy arriba, sino muy abajo. El motivo es que cualquier extremo es malo. Un peso fuerte en exceso acaba debilitando el aparato productivo y se vuelve un lastre sobre el crecimiento, cuando la intención es conquistar mercados externos y ampliar el abanico de productos que se pueden vender afuera. "Estamos muy preocupados", señala Javier Díaz, presidente de Analdex, el gremio de los exportadores. "Mientras los costos en pesos están subiendo por cuenta de aumentos en salarios, energía, fletes o reducción de jornada laboral, los ingresos para muchos están cayendo, con lo cual comienzan a verse empresas muy afectadas financieramente", añade el dirigente. Cafeteros, bananeros, floricultores, ganaderos o cultivadores de aguacate forman parte de la lista de damnificados. Igualmente, los productores locales que compiten con bienes importados sufren, para no hablar de aquellos que son víctimas del azote del contrabando. Compañías dedicadas a los servicios, como los call centers, ven por estos días un horizonte más tormentoso. Otros ramos como el turismo también empiezan a acusar el golpe. Atraer visitantes foráneos se vuelve más difícil si Colombia empieza a ser visto como un destino oneroso en comparación con otras naciones latinoamericanas. De igual manera, el efecto de las remesas que envían los colombianos que viven en el exterior tiende a ser menor a la hora de estimular el consumo o asegurar el bienestar de cientos de miles de familias. Algo similar les pasa a quienes trabajan desde la distancia para plataformas en línea o empresas en otras latitudes. Las señales de alerta en este campo se convierten en un reto adicional para el equipo económico que comenzará a trabajar el próximo 7 de agosto. Tomar las decisiones adecuadas para que la tasa de cambio no resulte en un problema más es ahora un imperativo en una Colombia que durante tanto tiempo miró con temor el dólar caro y ahora puede recibir el coletazo de lo que significa un dólar barato.
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