Ahora lo difícil: gobernar
Tres semanas después de las elecciones, en Perú no saben quién será su presidente
Tres semanas después de las elecciones, en Perú no saben quién será su presidente. Aquí, una hora después, sí. La ventaja entre los candidatos aquí es seis veces mayor que allá. El daño institucional que pretendían las reiteradas declaraciones de Petro rechazando los resultados que no le gustan, no logró consolidarse. Afuera, todo tranquilo. El presidente electo, con menos tono de campaña, se ha dedicado a conocer en detalle los asuntos apremiantes y a compartirlos con José Manuel Restrepo y su todavía no publicado equipo de gobierno. La posesión es en cinco semanas y la coalición de congreso ya se cocina en bajo. La agenda es pesada. Fortalecer la fuerza pública no se logra automáticamente. Requiere un plan revisado con ojo crítico por quienes sepan y tengan experiencia. También, medidas fiscales que compitan con las urgentes y abultadas en salud, regiones, infraestructura y electricidad. Hay que presentar resultados rápido. Uribe lo logró desde el 8 de agosto de 2002 con las caravanas, montadas sobre las mejoras militares de Pastrana. Hoy no es el caso. En salud, hay que tratar el problema como cuentas por pagar en mora, para el acceso a remedios y citas. Y presentar los paquetes legislativos que reordenen el sector. Resultados rápidos y visibles. En las regiones, hay que desempolvar los giros engavetados por animadversión hacia mandatarios que resistieron, y visitar las capitales con urgencia para desactivar la mala relación con el estado central, agravada en varios sitios por el resultado electoral. En infraestructura, es urgente revisar las concesiones que se vencen y las que están propuestas, para atraer inversión privada descentralizada y masiva. En electricidad, roguemos que no sean tardías las medidas. Lo que signifique generar más y consumir menos, debe considerarse. Todo reposa sobre un fisco quebrado, por rescatar si queremos un futuro político en democracia y uno económico en prosperidad y libre iniciativa. Recortes impopulares y reperfilamiento de la deuda son impajaritables, anunciando en paralelo la nueva política de hidrocarburos y minería que dé tranquilidad energética, cambiaria y presupuestal, y confianza a las regiones productoras. En septiembre 15 debe estar listo el plan antidrogas, concertado con los EE. UU. para evitar que se profundicen más tarde las sanciones que, de milagro, pudimos sortear. Van de suyo la cooperación para el fortalecimiento de las FF. AA., incluida inteligencia, movilidad, colaboración judicial, y operaciones que muestren un cambio cualitativo en los resultados contra el crimen organizado al trabajar con los EE. UU. La comunicación de Washington con Bogotá la llevarán atropelladamente Bernie Moreno, su grupo y Marco Rubio, pero el beneplácito al nuevo embajador norteamericano no debe tardar, ni el nombramiento del nuestro para reconstruir antes de noviembre, algo del apoyo bipartidista que perdimos desde 2019 y mantener los canales formales ordenados. A Venezuela, no se le puede tratar con ideología. La calma que vivía colapsó con los sismos. Los intereses colombianos tienen que ver con la estabilidad de doña Delcy, y con la libertad de acción y colaboración que ella y Trump nos den para lograr éxitos contra el crimen organizado y participar activamente en la reconstrucción política y física. Si empezamos con florituras democratistas, insinuadas la noche del triunfo, se nos enreda la piola. Preparémonos para otra oleada de inmigrantes. En Ecuador, Noboa no rechazará ninguna iniciativa para debilitar a sus mafias siamesas de las nuestras, fortalecidas. Los intereses geopolíticos colombianos pasan por un Ecuador con quien cooperemos generosa y mutuamente. No es tiempo de celebrar ni agredir. Solo de gobernar para todos, sumando en el Congreso y demostrando que grandeza y humildad en el liderazgo hacen parte de las novedades que el flamante gobierno aplicará a un país irritado, del que recibe un breve y frágil estado de gracia.
Una agenda compleja
Luis Carlos Villegas