Estremecidos
Estamos todos estremecidos por el asesinato de un niño de doce años en San Bernardo
Estamos todos estremecidos por el asesinato de un niño de doce años en San Bernardo. No hay política ni palabras que compensen el corazón de un padre y de una madre devastados por el dolor. Son demasiadas víctimas en nuestro país, y una comunidad política sumamente negligente y burda en su reacción ante estos hechos que horrorizan la conciencia y conmueven tan dramáticamente. Hace rato el crimen superó la capacidad de respuesta del Estado de derecho. Hay allí una severa culpa de quienes, teniendo el poder y la facultad de legislar y de aplicar la ley, no tienen la voluntad de detener esto o no saben cómo resguardar a ciudadanos indefensos ante la impunidad y el brutal desparpajo con que actúan los criminales. Si hiciéramos un listado de personas muertas en los últimos años por hechos delictuales, la lista sería amargamente extensa.
Esta es, por ende, una crónica triste. Refleja un sentir colectivo de orfandad frente a la mera posibilidad de que a uno mismo o a un ser querido le suceda algo semejante. Hoy en día la inacción del Estado ante estos acontecimientos tan espantosos no es simplemente un fracaso, sino algo peor: una letanía anticipada de otros hechos similares que continuarán enlutando a tantos a causa de una desidia hipócrita, que casi cada día trae una nueva víctima fatal.