Se reabre el camino de fe y de esperanza
Mario Hernández
Desde el mismo momento que el registrador Hernán Penagos informó del proceso electoral, apenas entrada la noche del domingo con un mensaje de tranquilidad y éxito, la mayoría de los colombianos comenzamos a tener un sentimiento de fe y esperanza en el futuro de Colombia y, pese al estrecho margen entre los dos candidatos, la confianza estuvo presente por la credibilidad en las autoridades electorales y el amor y orgullo patrios
Mario Hernández
Desde el mismo momento que el registrador Hernán Penagos informó del proceso electoral, apenas entrada la noche del domingo con un mensaje de tranquilidad y éxito, la mayoría de los colombianos comenzamos a tener un sentimiento de fe y esperanza en el futuro de Colombia y, pese al estrecho margen entre los dos candidatos, la confianza estuvo presente por la credibilidad en las autoridades electorales y el amor y orgullo patrios. Luego, esa confianza y optimismo se fue haciendo más evidente con el virtual cierre del preconteo, instrumento certero usado aquí para informar a los colombianos de los resultados que, aunque no tenga la fuerza legal de los escrutinios sí dan el resultado concreto que se aproxima al máximo a la realidad. Abelardo De La Espriella es el presidente de Colombia 2026/2030. Pero faltaba algo muy importante: la reacción de las partes, los discursos de los contendores y las palabras del mandatario saliente, fundamentales hacia el futuro y la generación de tranquilidad a los ciudadanos. Gustavo Petro, con un gesto de poco respeto, elegancia y decencia no le habló al país, práctica histórica de los mandatarios salientes, independiente de que haya triunfado el candidato oficial o el de la oposición. Para rematar su estilo pendenciero, usó la red para enviar mensajes que desdicen del cargo: no reconocer el resultado de la voluntad de los colombianos. Triste y desconcertante. Luego los discursos de los candidatos. Cepeda no hizo referencia concreta alguna al ganador, Abelardo, y aunque planteó la necesidad de hacer un acuerdo nacional dialogante, sus exigencias imposibilitan cualquier pacto. Tardaron tres días en reconocer al vencedor. Luego el discurso del mandatario electo, teñido de graciosa originalidad caribe que desarmó muchos espíritus por su tono pausado pero enérgico, elocuente pero decente y triunfal, pero sin soberbia, muy distinto al pronunciado en la noche de la primera vuelta. Esto hizo que los colombianos levantáramos el ánimo y el futuro ganara fe y mucha esperanza. Su mensaje fue contundente: Colombia quiere seguridad, respeto por las instituciones, lucha frontal contra la corrupción y oportunidades para quienes trabajan, emprenden y generan riqueza. Democracia y libertad, nada de petulancia. Muy claro: va a gobernar con su programa de gobierno, dialogará con todos los sectores y dará garantías democráticas para que los perdedores ejerzan su derecho de hacer oposición, sin violencia ni maltrato de los derechos de los ciudadanos, unidad, carácter y visión de futuro. Su vice, José Manuel Restrepo, no será un repuesto sino un motor para la acción concreta y de soluciones a los problemas que no son pocos. Gran acierto. No era el momento para desgranar lo que será su gobierno, aunque dio puntadas en economía, empleo, protección del medio ambiente, ataque al narcotráfico y a economías ilegales. ...Y volver a creer en el gobierno, uno de los principales pasivos del inquilino que deja el palacio presidencial desde la tarde del 7 de agosto.
Empresario exportador.