Jueves, 02 de Julio de 2026

Juan Villoro: "El fútbol me angustia y emociona como cuando lo vi por primera vez"

ChileEl Mercurio, Chile 2 de julio de 2026

Pocos escritores han sabido convertir el fútbol en literatura con tanta inteligencia, humor y sensibilidad como el autor mexicano, del cual se reeditan "Dios es redondo" y "Balón dividido", además de sumar el nuevo "Los héroes numerados".

Mientras el Mundial de 2026 vuelve a detener oficinas, hogares, aeropuertos y conversaciones alrededor del planeta, Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) sigue haciéndose la misma pregunta que lo acompaña desde niño: ¿qué tiene el fútbol para provocar una emoción que no consiguen la política, la religión ni la cultura?
La pregunta no es menor viniendo de alguien que ha dedicado buena parte de su vida a explorar los mecanismos de la pasión humana. Novelista, cronista, ensayista, cuentista, periodista cultural, autor de literatura infantil y uno de los observadores más agudos de América Latina, Villoro ha encontrado en el fútbol una forma de leer el mundo. Pocos escritores contemporáneos se mueven con igual naturalidad entre la novela y la crónica, entre la reflexión filosófica y el comentario futbolístico.
Seix Barral, con motivo del Mundial, reunió en una sola trilogía "Dios es redondo", "Balón dividido" y "Los héroes numerados", tres libros fundamentales para entender cómo el fútbol puede convertirse en una forma de literatura, memoria y reflexión sobre la condición humana.
En los últimos meses, tras la dolorosa pérdida de su madre, Villoro había optado por guardar silencio y había rechazado numerosas solicitudes de entrevistas, mientras sus libros de fútbol seguían encontrando nuevos lectores. Por eso esta conversación tiene algo de excepcional.
Hay algo especialmente oportuno en esta coincidencia. México vuelve a ser anfitrión de una Copa del Mundo, clasificó en su grupo con una autoridad inédita para su selección, tres triunfos y el arco invicto, y uno de sus escritores más admirados regresa a las librerías.
-Han pasado casi veinte años desde la publicación de "Dios es redondo". Si tuviera que reescribir hoy ese libro, durante el Mundial de 2026, ¿qué cambiaría y qué dejaría intacto?
"El problema de las crónicas es que a veces se vuelven anacrónicas. Hace veinte años hablaba de Maradona en tiempo presente; era difícil concebir la muerte de un semidiós. Actualicé esa y otras muchas historias. También eliminé pasajes que el tiempo, implacable corrector de estilo, había vuelto superficiales".
-Usted escribió que el fútbol se juega dos veces: en la cancha y en la mente del público. ¿Cómo se juega hoy ese segundo partido en la era de TikTok, los algoritmos y las pantallas múltiples?
"Vivimos en la era de la dispersión mental. Incluso el Mundial tiene estructura de videojuego; no ocurre en un sitio; está diseminado en muy diversas sedes que integran una realidad alterna. A esto se agregan las aplicaciones en las que un meme se vuelve más importante que un gol. Hasta el momento, el jugador más importante de México es un pato, de nombre Merlín, que usa la camiseta verde y fue invitado por la Presidenta. Los países que no aspiramos a ganar el Mundial competimos en el trending topic ".
-¿Cree que las nuevas generaciones están viendo el mismo fútbol que vimos nosotros o las redes sociales han creado una forma distinta de vivirlo?
"Han cambiado muchas cosas. La más importante es el fútbol de mujeres, más limpio y honesto que el de hombres; a esto se agrega la saludable participación de las mujeres en el arbitraje, los comentarios y las narraciones. La cultura generada por las mujeres empieza a tener repercusiones importantes. Los futbolistas simulan tantas faltas que los criterios arbitrales para el Mundial de 2026 se endurecieron, esperando que jueguen con la limpieza de las mujeres. El problema es que, como los hombres han fingido tanto, ahora no les marcan ni las faltas auténticas. Otra enseñanza importante: en una época en que el umbral de atención se reduce, el fútbol representa una reserva de la paciencia. Durante 90 minutos vemos un juego que puede terminar 0-0. A los chicos les gusta por razones que, sin que ellos lo sepan, pueden ser teológicas: en mi infancia un partido se parecía a la vida; hoy se parece a la eternidad".
-Este Mundial se disputa en tres países y en medio de enormes tensiones sobre migración, identidad y fronteras. ¿Puede el fútbol seguir siendo un idioma común cuando el mundo parece cada vez más dividido?
"Este Mundial es un reflejo de una situación geopolítica imperial. Estados Unidos tiene 78 juegos y México y Canadá, 13 cada uno. No somos socios, sino comparsas, actores de reparto. A esta injusticia se agrega la descomposición planetaria. En la Grecia clásica, durante los Juegos Olímpicos había una 'tregua sagrada' para evitar conflictos. Nuestro mundo es mucho más imperfecto. La selección de Irán se tuvo que hospedar en Tijuana para jugar en Estados Unidos, donde es tratada como enemigo de guerra, y los hispanos, que desarrollaron la cultura futbolística en ese país, ahora son perseguidos por la patrulla migratoria. Pero la cancha representa el espacio utópico donde las cosas ocurren de otro modo, donde Cabo Verde puede empatar con España y el Congo con Portugal".
-Usted ha escrito que cambiar de equipo es casi como cambiar de infancia. ¿Qué parte de aquel niño que descubrió el fútbol sigue sentándose a ver los partidos con usted?
"El fútbol es la última reserva legítima de la intransigencia emocional. En la vida puedes cambiar de vocación, pareja, religión, partido político o hasta de sexo, pero cambiar de equipo significa cambiar de infancia. No puedo traicionar al niño que fui. A lo largo de la vida he tenido muchas pasiones (todos los deportes de pelota, el rock progresivo, el heavy metal , el cine de autor, series como 'Seinfeld' o 'Los Soprano'), pero solo el fútbol me angustia y emociona como cuando lo vi por primera vez a los cuatro años".
-Usted ha dicho que la gloria no puede ser frecuente. En una época donde todo ocurre de inmediato, ¿la espera sigue siendo una parte esencial de la felicidad futbolera?
"También el sentido de la paciencia es histórico. Cada equipo espera algo a la altura de sus posibilidades. En este Mundial, Haití anotó el gol (!dos¡) que no había podido anotar desde hacía 52 años. Los poderosos añoran otra clase de recompensas: Brasil aspira a recuperar el campeonato que no consigue desde hace 24 años. Cada país encuentra el modo de que el pasado sea titular en su equipo".
-Maradona parecía salido de una gran novela latinoamericana y Messi, de una historia de perseverancia y redención. ¿Qué tipo de personaje está produciendo el fútbol de 2026?
"Las figuras míticas actualizan misterios antiguos. Cuando era adolescente, un compañero que estudiaba filosofía fue fracturado en una cancha de barrio. Se llamaba Héctor y su verdugo, Aquiles; lo que pasó en ese campo sin pasto ya estaba en 'La Ilíada'. Cuando Lamine Yamal era un bebé fue bañado por Messi para un anuncio de la Unicef y posiblemente lo ungió con un poder especial. Esa historia ya se insinuaba en la Biblia. Los héroes nuevos reviven fantasmas viejos".
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