Viernes, 03 de Julio de 2026

Carta de navegación

ColombiaEl Tiempo, Colombia 2 de julio de 2026


Jesús Antonio Vargas Orozco
Las naciones que logran saltos sostenidos en desarrollo lo hacen cuando sus instituciones, sus fuerzas políticas y su tejido social encuentran un piso común sobre el cual construir


Jesús Antonio Vargas Orozco
Las naciones que logran saltos sostenidos en desarrollo lo hacen cuando sus instituciones, sus fuerzas políticas y su tejido social encuentran un piso común sobre el cual construir. Colombia está en un momento en que ese piso se necesita con urgencia —y aún está por construirse. Ahora estamos en un piso demasiado movedizo. El país reúne condiciones objetivas para avanzar: una economía diversificada, una institucionalidad que ha resistido presiones históricas, una clase empresarial con capacidad de inversión y una ciudadanía cada vez más exigente. Esas condiciones son necesarias, pero no suficientes. Lo que convierte el potencial en resultados es la gobernabilidad; y la gobernabilidad, en un sistema con equilibrio de poderes real, solo emerge del acuerdo. El déficit fiscal requiere una estrategia creíble, respaldada por el Congreso y señalada con claridad a los mercados internacionales. Los países que han reducido sus brechas fiscales de forma duradera —Chile en los noventa, Uruguay en los dos miles— lo hicieron con programas transversales que comprometieron a fuerzas políticas diversas. La credibilidad macroeconómica no se decreta; se construye con acuerdos y se sostiene con coherencia. Llevamos mucho tiempo requiriendo una reforma estructural a las finanzas del Estado. Misiones al respecto son muchas. El sistema de salud demanda reforma estructural. Millones de colombianos, especialmente en zonas rurales y periurbanas, enfrentan barreras de acceso que ningún indicador macroeconómico puede disimular. Resolver esto exige rediseño institucional, financiamiento sostenible y participación de todos los actores del sistema. Las reformas de salud que han funcionado en la región —en Costa Rica, en Brasil con el SUS— fueron procesos de construcción colectiva, no imposiciones unilaterales. La pobreza rural no cede sin política de Estado. Las brechas entre campo y ciudad en Colombia son de las más pronunciadas de América Latina. Cerrarlas exige inversión pública sostenida, seguridad jurídica sobre la tierra, conectividad y acceso a mercados. Nada de eso se legisla ni se ejecuta desde la polarización. La corrupción es el enemigo transversal. Dos siglos de captura institucional no se revierten con voluntad política aislada. Se requieren mecanismos independientes de control, transparencia presupuestal, digitalización del gasto público y una coalición amplia que no permita que ningún sector —de gobierno ni de oposición— instrumentalice las instituciones para su propio beneficio. Colombia necesita un programa de Estado concertado, con metas verificables. Esa concertación no es debilidad política; es la única ingeniería institucional que ha demostrado funcionar en democracias con polarización profunda. La carta de navegación existe. Los destinos son conocidos. Lo que falta es que todos los actores tomen el mismo timón.
Jesusvargas.orozco@gmail.com / Consultor empresarial.
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