Viernes, 03 de Julio de 2026

Espejismos seculares

ChileEl Mercurio, Chile 3 de julio de 2026

Las izquierdas democráticas no tienen por qué caer en ese círculo de desesperanza.

El ciclo de victorias electorales de las derechas duras en América Latina, su activa presencia europea y el liderazgo todavía poderoso del trumpismo proyectan el espejismo de un siglo XXI retrógrado y restaurador. Esto, cuando apenas hemos recorrido un cuarto de él.
Basta recordar lo imprevisible que fue el siglo pasado, considerado desde sus primeros 25 años. En ese entonces, se ponían en marcha la Gran Depresión, el nazismo y el fascismo, con aspiraciones de durar mil años, así como la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y el Gulag. Pronto se producirían también la caída de los imperios coloniales, la lenta marcha de China hacia un capitalismo de Estado, los Estados de bienestar nórdicos, el Vaticano II, la revolución latinoamericana y su posterior retroceso represivo, el colapso de la URSS, la expansión del consumo masivo y de la educación. Menos visiblemente empezaban a gestarse la sociedad digital y las economías del conocimiento.
Así se desarrolló la historia del siglo pasado, en direcciones tan disparatadas como contradictorias, mientras nacía el siglo XXI. Este trajo consigo la expansión y aceleración del capitalismo, la globalización de la racionalidad científico-técnica y la transición desde las tecnologías mecánicas a las de la inteligencia artificial.
La ola actual de derechas duras surge en parte como reacción a los cambios, fisuras y pánicos dejados por el siglo XX. Probablemente no continúe mucho tiempo.
Carece de una visión para gestionar la complejidad de los procesos actuales y reducir los daños de la "destrucción creativa" que el capitalismo actual intensifica más que nunca. Sin las energías espirituales e intelectuales que alguna vez sustentaron a las derechas liberal-conservadoras, las nuevas derechas ofrecen solo seguridad punitiva y represión.
Ya no existe un viejo orden tradicional-jerárquico que preservar ni esperanzas liberales que iluminen los tiempos oscuros. Los líderes e intelectuales de la nueva ola son profundamente pesimistas. Ven nada más que países cayendo a pedazos, culturas desintegradas, liberaciones desviadas y poderes corruptos. Solo les queda repetir, como Dante: " lasciate ogni speranza, voi ch'entrate ".
Las izquierdas democráticas no tienen por qué caer en ese círculo de desesperanza. Se hallan abiertas al cambio y por las posibilidades que laten en cada pliegue de la realidad.
Más allá de sus propios espejismos -llenos de errores, desviaciones, traiciones y desvaríos finiseculares-, hoy deben reclamar como propios un conjunto de ideas y valores que adquieren nuevos significados. La democracia liberal progresista, las libertades sociales positivas, la justicia basada en las oportunidades y el esfuerzo, la inviolabilidad de los derechos humanos, la inteligencia artificial al servicio de la humanidad y la protección efectiva de los más vulnerables.
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