Domingo, 05 de Julio de 2026

Una muy fría economía

ChileEl Mercurio, Chile 5 de julio de 2026

Sin desconocer el impacto de los combustibles, la falta de dinamismo es previa.

La caída del Imacec de 0,9% en mayo respecto del mismo mes del año anterior, si bien anticipada por el mercado, cayó como un balde de agua fría sobre las expectativas. Aunque la contracción está dominada -al igual que en meses anteriores- por un fuerte retroceso en la minería, el resto de la economía, ligada al consumo de los hogares y a la inversión de las empresas, sigue mostrando un bajo dinamismo. Con este registro, además, el país acumula cinco meses de valores negativos, dando cuenta de un fenómeno sostenido.
Entender este escenario es difícil, toda vez que las condiciones globales no son particularmente negativas, mientras que la situación financiera de los hogares y las empresas en Chile, a juzgar por su nivel de endeudamiento, no se observa especialmente apretada. El Banco Central -que ha corregido significativamente a la baja su proyección de crecimiento para 2026- parece atribuir parte importante de esta desaceleración a fenómenos puntuales de oferta en el sector minero y en otros sectores de recursos naturales, como el agropecuario-silvícola y el pesquero, que a su vez han afectado a áreas de la industria alimenticia. De ser válida esta hipótesis, parte importante de estos efectos serían transitorios y se revertirían en la segunda parte del año.
Una segunda hipótesis, no opuesta a la anterior, dice relación con el golpe a las expectativas que el alza de los combustibles generó en la demanda. Sin duda, algo de eso hay. Sin embargo, la falta de dinamismo es anterior: las cifras de los tres primeros meses del año -antes del llamado "bencinazo" de fines de marzo- ya venían deterioradas, lo que lleva a buscar explicaciones más estructurales.
Y es que la ralentización de la economía es de larga data, y en la última administración se produjo un fuerte incremento en los costos laborales y regulatorios, junto con un deterioro fiscal significativo, que han condicionado las expectativas. Los hogares, por ejemplo, no solo tienen dificultades objetivas para acceder a viviendas que se han encarecido, sino que también experimentan incertidumbre respecto del futuro, habida cuenta del deterioro del empleo. Así, no es de extrañar que la inversión inmobiliaria esté tan caída y que el consumo de los hogares, en general, no muestre gran dinamismo. Ello repercute sobre las decisiones de inversión y contratación de las empresas.
Es por eso que resulta necesario un cambio de giro en las políticas públicas, en cuanto a incentivos a la inversión y eliminación de barreras regulatorias. En este sentido, la Ley de Reconstrucción apunta en la dirección correcta, pero quizá pueda terminar siendo insuficiente si las trabas estructurales para hacer negocios muestran ser aún mayores. Por lo mismo, impulsar una agenda potente en el ámbito laboral constituye una urgencia.
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