Lunes, 06 de Julio de 2026

Haruki Murakami, el escritor que nunca sabe cómo terminará su próxima novela

UruguayEl País, Uruguay 6 de julio de 2026

El autor japonés aseguró que escribe guiado por la intuición y describió la ficción como una exploración de sí mismo. Además, recordó sus comienzos, las críticas que enfrentó y cómo volvió a escribir tras una enfermedad.

Cuando Haruki Murakami se pone a escribir, no tiene idea de qué va a pasar. La confesión resulta sorprendente en un novelista consagrado, y más aún en un ícono de la literatura contemporánea que ha publicado más de 40 libros y vendido decenas de millones de ejemplares en decenas de idiomas. Sin embargo, a casi medio siglo de haber iniciado su carrera, el proceso creativo de Murakami sigue siendo un misterio, incluso para él.

"No tengo plan. Solo escribo y, mientras escribo, empiezan a pasar cosas extrañas de una forma muy natural, muy automática", dijo Murakami durante una entrevista realizada en Nueva York, en diciembre. "Cada vez que escribo ficción entro en otro mundo; tal vez se lo pueda llamar el subconsciente. En ese mundo puede pasar cualquier cosa. Veo muchísimas cosas allí, después vuelvo al mundo real y las escribo."

No se considera un gran estilista de la prosa ni un narrador excepcional. Según él, su verdadero talento es otro: la capacidad de viajar entre esos dos mundos y regresar para contar lo que encontró.
"No creo ser exactamente un artista. Me considero una persona común", dijo. "No soy un genio ni especialmente inteligente, pero puedo hacer eso: bajar a ese otro mundo."

A Murakami no le gustan las apariciones públicas y tampoco parece disfrutar hablando de sí mismo o del significado de su obra. Evita ir a la televisión, aunque alguna vez fue filmado sin proponérselo. Sin embargo, en diciembre aceptó, no sin cierta reticencia, dar dos charlas en Nueva York ante auditorios repletos. "No soy bueno para socializar, así que no me gusta ir a fiestas ni dar discursos, pero a veces tengo que hacerlo", dijo. "El resto del año estoy en casa, trabajando. Soy bastante obsesionado con el trabajo."
Murakami es uno de esos pocos escritores que combinan un enorme prestigio literario con una popularidad extraordinaria entre lectores de todo el mundo. Cada nueva novela se celebra con lanzamientos a medianoche, en los que sus seguidores más fieles hacen fila en las librerías para comprar el libro apenas sale a la venta. Sus admiradores han creado listas de reproducción con la música que menciona en sus obras y hasta publicaron libros de cocina inspirados en los platos que aparecen en sus novelas. Incluso existe una cuenta en X dedicada exclusivamente a registrar cada vez que aparecen espaguetis en sus libros.

A los 77 años, Murakami sigue siendo notablemente prolífico. Esta semana se editó en Japón, La historia de Kaho, su primer libro con una protagonista mujer. El libro fue esperado por filas de decenas de personas frente a las librerías.
Escribió buena parte del libro el año pasado, después de recuperarse de una enfermedad grave -sobre la que prefirió no dar detalles- que lo mantuvo hospitalizado durante un mes y le hizo perder cerca de 18 kilos. Fue una experiencia desconcertante para Murakami, que normalmente corre una hora por día, pero que durante ese período llegó a tener dificultades incluso para caminar.

Mientras estuvo en la etapa más crítica, no sintió ningún deseo de escribir. Al recuperarse, le alivió ver que ese impulso seguía intacto. "Fue una especie de resurrección", dijo sobre la escritura de La historia de Kaho. "Volví."

La historia que empezó a tomar forma le pareció distinta de sus trabajos anteriores. Según contó, es una novela más optimista y, además, lo llevó por un territorio nuevo: es la primera que escribió principalmente desde la perspectiva de una mujer. Murakami, a quien algunos críticos cuestionan porque consideran que sus personajes femeninos son unidimensionales, secundarios y excesivamente sexualizados, dijo que escribir desde el punto de vista de una mujer joven fue una experiencia diferente, aunque sorprendentemente natural.
"Me convertí en ella", dijo.
Murakami nunca sintió que estuviera destinado a ser escritor. Creció en los suburbios de Kobe y Osaka. Era hijo único de dos docentes y, de joven, soñaba con ser músico, aunque nunca logró obligarse a practicar lo suficiente. Fue un estudiante mediocre y bastante indiferente, especialmente cuando se trataba de literatura japonesa.

"La verdad es que, cuando era adolescente, no leí literatura japonesa porque mis padres enseñaban literatura japonesa y la odiaba", recordó. En cambio, leía a Ernest Hemingway, Truman Capote y F. Scott Fitzgerald, además de clásicos rusos como Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoievski.

Atribuye a la música -tiene gustos eclécticos y una inmensa colección de discos de vinilo- una influencia aún mayor en su escritura que la de los libros que leyó.
"Aprendí muchísimas cosas de la buena música: el ritmo constante, la belleza de la melodía y la armonía, y la improvisación libre del jazz."

Cuando tenía poco más de 20 años abrió un club de jazz, el Peter Cat, en el oeste de Tokio. Ya llevaba varios años al frente del lugar cuando, un día, en un partido de béisbol, decidió escribir una novela.

Al sentarse frente a la página en blanco descubrió que le costaba escribir. Entonces probó hacerlo primero en inglés y después traducir el texto al japonés. Escribir las frases en inglés aquietó el torbellino de ideas que tenía en la cabeza y lo ayudó a encontrar ese estilo sobrio y despojado que más tarde se convertiría en una de sus marcas.
Envió la única copia mecanografiada de aquella novela, Escucha la canción del viento, a un concurso literario para escritores noveles. Ganó el premio y el libro se publicó en Japón en 1979, cuando tenía 30 años.
Su prestigio internacional creció a comienzos de la década de 1980, cuando La caza del carnero salvaje, novela surrealista sobre publicista de Tokio que sale en busca de una oveja mítica, fue traducida al inglés y recibió elogios en Estados Unidos.

En Japón, sin embargo, los comienzos fueron muy distintos. Aunque sus libros atraían cada vez a más lectores, al principio fue tratado como un paria literario. Los críticos lo cuestionaban por la fuerte influencia de la literatura occidental y descalificaban sus tramas fantásticas y su estilo sencillo por considerarlos juveniles. Aquellas críticas le dolieron y, durante varios años, decidió vivir en Europa y en Estados Unidos para escribir lejos de ese clima.

"Era una especie de oveja negra. Ellos creían que la literatura tenía un camino principal y que yo no estaba en él. Pensaban que lo mío era algo marginal." Con el tiempo, esa sensación de ser un extraño en su propio país desapareció. "Me hice viejo, y la gente respeta a los viejos", dijo.

En estos días, Murakami disfruta de su rutina de siempre. Se levanta temprano para escribir, hace las tareas de la casa -como lavar los platos o planchar- y sale a correr. "No sé cuántas novelas más podré escribir", dijo. "Pero siento que todavía me quedan unas cuantas. Escribir ficción es algo maravilloso. Es como explorarme a mí mismo. Incluso ahora que soy viejo, todavía quedan lugares por descubrir."
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