Energía solar y uso de tierras
La contradicción entre el uso agrícola y la instalación de centrales puede ser atenuada.
Ha empezado a generarse en Chile una discusión que en otros países lleva ya tiempo, y que se refiere a los impactos que involucra la instalación de centrales de energía solar en tierras agrícolas. Cartas enviadas por lectores de "El Mercurio" han llamado la atención a este respecto. Una de ellas, por ejemplo, alude a una planta fotovoltaica de gran tamaño que se proyecta instalar en la zona de Rengo. La central, de 180 MW, y sus equipos asociados, incluyendo baterías y líneas, ocuparía un terreno de 278 hectáreas. Las cartas acusan la pérdida de tierras agrícolas y de los empleos asociados, el efecto sobre las tradiciones rurales y el impacto estético de estas instalaciones.
La oposición a proyectos fotoeléctricos es nueva en Chile, porque la mayor parte de ellos se desarrolla en el norte, donde hay escasa población y la que existe es lejana a estas instalaciones. Algo similar ocurre en la zona central, cuando estos proyectos se ubican en zonas de secano o en terrenos que no son de uso agrícola. En países europeos, por el contrario, el rechazo es usual, pues hay pocos terrenos yermos, salvo tal vez en España, lo que puede explicar la penetración fotovoltaica en ese país.
El caso del terreno en Rengo es interesante, porque si esas tierras son agrícolas, han de ser poco rentables. De otra forma no sería económicamente conveniente instalar paneles, considerando que hay, a poca distancia, cerros con poca cubierta vegetal y con una inclinación y orientación apropiadas. Lo mismo ocurre en Pirque, en que -según han lamentado otros lectores- se propondría arrancar 11 hectáreas de nogales para instalar una planta fotovoltaica. Con todo, la contradicción entre el uso agrícola de la tierra y la instalación de centrales solares no es tan radical como pareciera. En efecto, existen alternativas que resuelven parte de los problemas señalados por las cartas (aunque no los cuestionamientos estéticos). Se trata de las posibilidades que ofrece la tecnología agrivoltaica, que combina la explotación agrícola con la instalación de plantas fotovoltaicas. China es el país que más ha avanzado en esta materia: hace cuatro años ya poseía más de 1.500 proyectos agrivoltaicos de algún tipo, con una capacidad instalada de 134 GW (más de 10 veces la demanda máxima de Chile).
Hay distintas formas de combinar paneles solares con agricultura. Una posibilidad es espaciarlos y permitir el crecimiento de forraje. Así, los paneles proveen sombra que reduce la necesidad de riego. Los animales pastan entre las instalaciones y aprovechan también esa sombra en las horas de mayor intensidad solar. Otra opción es instalar los paneles a mayor altura y plantar bajo ellos, beneficiándose de su protección frente a las heladas.
Con todo, aun considerando las posibilidades que ofrece esta tecnología, es probable que la oposición a centrales fotovoltaicas en terrenos agrícolas aumente en el futuro, pese a no tener un impacto directo sobre el entorno, al no generar emisiones ni imponer a la comunidad más costos que los estéticos. Una posibilidad para reducir la conflictividad es establecer reglas de uso de suelo, haciéndolas más liberales cuando se trata de esquemas agrivoltaicos.