Lunes, 06 de Julio de 2026

Hora de la madurez democrática

ColombiaEl Tiempo, Colombia 6 de julio de 2026


Padre Diego Marulanda Díaz
Más de 26 millones de colombianos acudieron a las urnas para elegir al nuevo presidente de la República


Padre Diego Marulanda Díaz
Más de 26 millones de colombianos acudieron a las urnas para elegir al nuevo presidente de la República. Dicha jornada electoral mostró una sociedad plural, participativa y comprometida con su futuro. Superada la contienda, corresponde iniciar una nueva etapa en la que las diferencias políticas dejen de entenderse como motivo de confrontación y sean asumidas como un componente inherente a toda democracia constitucional. La consolidación democrática no es una responsabilidad exclusiva del gobierno que inicia su mandato ni de quienes ejercerán la oposición. Es un compromiso de todos que exige ‘la amistad social’, respetar el Estado de derecho y asumir la obediencia civil como expresión de una ciudadanía responsable y madura. Una democracia madura exige que las fuerzas políticas y la sociedad orienten sus esfuerzos hacia la solución de los problemas como la generación de empleo, la seguridad, la calidad de la educación, reducción de desigualdades y la construcción de una paz sostenible en los territorios. Gobernar democráticamente implica reconocer que, por encima de las diferencias ideológicas, existen intereses comunes que requieren acuerdos estables y políticas públicas de largo plazo. La estabilidad institucional dependerá ahora de la capacidad de ejercer una ciudadanía crítica, informada y responsable. La vigilancia ciudadana sobre los gobernantes y representantes elegidos debe ser rigurosa, independiente y permanente, pero igualmente respetuosa y ajustada a los canales previstos por el ordenamiento jurídico. La educación desempeña aquí un papel decisivo. La madurez de una democracia guarda relación directa con la calidad de la formación cívica de sus ciudadanos. Educar para la democracia significa desarrollar pensamiento crítico, fortalecer la capacidad de argumentación y promover competencias para la participación responsable. Las palabras no son políticamente neutrales. El lenguaje configura imaginarios, fortalece la confianza o profundiza la fractura social. Cuando el debate público se sustituye por el insulto, se debilitan las condiciones que hacen posible la convivencia democrática. Por el contrario, cuando las ideas se confrontan mediante evidencia, argumentos y respeto mutuo, se fortalece la legitimidad de las instituciones y la confianza entre los ciudadanos. El nuevo ciclo político exige moderación en el discurso público, disposición para escuchar y capacidad para construir acuerdos sin renunciar a las convicciones. La verdadera madurez democrática no consiste en imponer una visión sobre las demás, sino en hacer posible la ‘amistad social’ entre quienes piensan diferente. Cobra especial relevancia la reflexión contenida en el número 25 de la encíclica Magnifica Humanitas: "La verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir". Esta afirmación resume el desafío que hoy enfrenta el país porque debemos desarmar la palabra para fortalecer la democracia.
Rector Universidad Pontificia Bolivariana.
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