El regreso triunfal de "Andrea Chénier"
La recuperación de "Andrea Chénier", ausente de los escenarios chilenos desde 1985, constituye uno de los hitos de la actual temporada del Teatro Municipal de Santiago, dirigido por Carmen Gloria Larenas
La recuperación de "Andrea Chénier", ausente de los escenarios chilenos desde 1985, constituye uno de los hitos de la actual temporada del Teatro Municipal de Santiago, dirigido por Carmen Gloria Larenas. Más allá del esperado regreso de la ópera de Giordano, esta realización confirma la capacidad artística alcanzada por el coliseo capitalino para abordar un repertorio de altas exigencias vocales, musicales y escénicas.
La producción de Pier Francesco Maestrini propone una lectura escénica de notable riqueza plástica que sitúa la acción en el contexto histórico de la Revolución Francesa y convierte cada escena en un auténtico tableau vivant . La escenografía de Nicolás Boni dialoga con la tradición de la pintura histórica francesa, evocando composiciones que remiten a Jacques-Louis David y Eugène Delacroix. Un monumental marco dorado domina el espacio escénico y adquiere un profundo valor simbólico a lo largo de los cuatro actos: si al comienzo encuadra el universo de la aristocracia como emblema de un orden aparentemente inmutable, su progresiva transformación termina por convertirlo en el marco de una gran pintura histórica sobre la caída de un mundo. La propuesta visual se enriquece mediante un refinado uso de proyecciones que extienden el espacio escénico más allá de sus límites físicos, abriendo perspectivas arquitectónicas, paisajes y atmósferas que amplían la percepción del escenario y acompañan la evolución dramática. El vestuario de Stefania Scaraggi reconstruye con precisión el tránsito desde la fastuosidad del Antiguo Régimen hasta la violencia del Terror, mientras la iluminación de Ricardo Castro modela cada cuadro con una sensibilidad casi pictórica, acentuando los contrastes entre luz y sombra.
La dirección musical de Sergio Alapont reveló con claridad las múltiples dimensiones de la partitura, equilibrando el ímpetu dramático del verismo con una cuidada atención al canto y al refinamiento del tejido orquestal. Con pulso firme y flexible, condujo el discurso sinfónico con naturalidad, manteniendo la tensión con que la orquesta define el clima de una sociedad desgarrada por la Revolución. El color orquestal, la respiración junto a las voces y la construcción de los grandes clímax dieron como resultado una lectura intensa, cohesionada y de notable relieve dramático.
Las exigencias vocales de "Andrea Chénier" son extraordinarias y la función encontró su mayor fortaleza en la soprano coreana Gloria Jieun Choi (Maddalena), dueña de una voz amplia, bella y homogénea, capaz de desplegar un amplio abanico de matices sin perder nunca la calidad de la emisión. Su interpretación conjugó intensidad dramática y refinamiento musical, convirtiéndose en el punto más alto de la velada. También destacó el barítono Gihoon Kim, quien construyó un Gérard de gran potencia vocal y notable garra dramática. Solo una ocasional tendencia a abrir el sonido pareció innecesaria frente a una voz de tan generosas dimensiones. Antonio Gandía asumió el desafiante rol titular con profesionalismo y seguridad; sin embargo, la naturaleza más lírica de su instrumento le resta el peso vocal que demanda la escritura de Giordano, especialmente en la zona central y grave. Los agudos, aunque seguros, tienden a sonar fijos y con una paleta armónica restringida, lo que limita su expansión tímbrica. Escénicamente, su caracterización tampoco termina de proyectar la prestancia y el magnetismo inherentes a la figura del poeta.
Entre los comprimarios sobresalió el barítono Ramiro Maturana, excelente Roucher por la nobleza de su canto y su musicalidad. La mezzosoprano Evelyn Ramírez volvió a demostrar una extraordinaria capacidad dramática al encarnar tanto a la Condesa de Coigny como a Madelon, resultando especialmente conmovedora la imagen final del primer acto, cuando la Condesa permanece sola intentando bailar una imposible gavota mientras el mundo que representa comienza a derrumbarse. Muy bien también la Bersi de Paulina González. Completaron con solvencia el extenso elenco Sergio Gallardo, Matías Moncada, Gonzalo Araya y Pedro Alarcón, contribuyendo todos al alto nivel de una producción que confirma el exitoso regreso de "Andrea Chénier" a los escenarios chilenos.